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El Prado en el Arenal

Hay veces en que el cronista –éste, cualquiera— sabe que se va a meter en problemas pero, ciego, decide seguir su camino (Arcadi dixit). Ahora se trata de la exposición de obras del Museo del Prado que se ha instalado en la plaza del Arenal coincidiendo con el segundo centenario de la pinacoteca nacional. El problema es que, usando la riqueza del castellano, no se trata de una exposición de obras del Museo del Prado, sino una exposición sobre obras del Museo del Prado. Y se ha puesto en la mismísima plaza del Arenal. Y ha ido a inaugurarla la alcaldesa.

Me voy a explicar: se trata de una exposición que estaría bien ubicada en —no diré nombres para que no se me enfade nadie— vamos a decir… la plazoleta principal de alguna barriada o en cualquiera de las múltiples plazas Artesanía que hay en las pedanías. El Prado es la leche, por supuesto, y la exposición lo sería si el Ayuntamiento hubiera conseguido traerse, no sé, ocho o diez cuadros originales de los fondos de la pinacoteca, aunque fueran de esos que dormitan plácidamente en sus sótanos, ya ven que tampoco pido nada especial. Eso sí sería una exposición, en recinto cerrado y custodiado, claro está, al menos los originales.

Lo que han traído es una exposición uniforme en su formato, en su mayoría centrándose en detalles de las obras originales, que cabe suponer habrá decenas dando vueltas por España. Claro, está Velázquez y Goya y el Greco y Ribera y Rembrandt y Durero y El Bosco… que a ver, que no se trata de criticar la idea del Prado por su doble centenario, no es el tema -y además es algo positivo, sin duda-, el tema es el protagonismo que el Ayuntamiento ha dado a la muestra, mirando de reojo el erial que habitualmente es la oferta de la ciudad en esta materia. En definitiva, vamos a decirlo ya, este cronista opina que lo que han puesto en la plaza del Arenal es técnicamente lo que podríamos llamar una ‘exposición de pueblo’, impropia de figurar en la plaza principal de la quinta ciudad de Andalucía (y veintitantos de España). Otra cosa es lo que piensen al respecto los dirigentes políticos. En realidad da igual lo que piensen desde el mismo momento en que la alcaldesa fue a su inauguración. Por supuesto, el político ‘tipo’ largara si se le inquiere al respecto que se trata de acercar la cultura al pueblo: pues nada, gracias por el detalle, pero primero, tal vez tú… si no es mucho molestar.

Y cuidado que el cronista entiende que el Arenal es un sitio estupendo para este tipo de exposiciones al aire libre: sensacional la de hace unos meses del fotógrafo Sebastiao Salgado, hay que decirlo. El problema, ya digo, es que no vale todo. En los últimos diez, quince años, se han ido perdiendo citas que llegaban puntualmente a Jerez, caso sin ir más lejos de la World Press Photo, que traía la Caja. Ahora nos encontramos con el protagonismo de unas ‘laminas’… pues muy bien.

En realidad, estos temas denotan mucho más de la gestión municipal de lo que puede parecer en un primer vistazo. Si el pasado sábado bromeábamos en este espacio con que en los segundos mandatos es cuando los dirigentes suelen dejar su impronta en los territorios sobre los que gobiernan, nos encontramos con el gobierno socialista, pese a su victoria electoral, sigue encontrándose cómodo en un perfil bajo o tal vez –y no queremos ni pensarlo- sencillamente resulta que no da más de sí a la hora de valorar las cosas y tomar decisiones, bien por impericia, bien por molicie…

Mientras, afortunadamente, después de un trabajo empírico, dada la cercanía a su casa y a los bares que frecuenta, este cronista debe decir que más o menos la mitad de los visitantes de la exposición son guiris de visita en la ciudad. Tal vez la intención última y secreta de la exposición era esa, acercar a los guiris ‘amantes de Andalucía’ los secretos del Prado, secretos que, huelga decir y a la vista está, ya conocían casi todos los jerezanos…

CODA: A las dos de la tarde de ayer viernes, un pequeño grupo de lo que parecen ser alumnos de instituto con un profesor al frente comenzó a echar un vistazo a la exposición. El que se presupone profesor alerta irónicamente a la muchachada de que “no toque los cuadros”. Risotada general.

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