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El Portal: bueno para vivir, malo para sobrevivir

Los 700 habitantes de la que posiblemente sea la barriada más antigua de Jerez gozan de gran calidad de vida. Sin embargo, 21 familias están castigadas por la crisis y el paro, y se sostienen con el apoyo del resto del vecindario.

#BarrioaBarrio Los 700 habitantes de la que posiblemente sea la barriada más antigua de Jerez gozan de gran calidad de vida. Sin embargo, 21 familias están castigadas por la crisis y el paro, y se sostienen con el apoyo del resto del vecindario.

La carretera comarcal 201 Jerez-El Puerto divide en dos El Portal -la zona de viviendas de nueva construcción y las antiguas en el lado de los restos de la estación de tren y la azucarera-. Posiblemente sea el asentamiento más antiguo de Jerez. En el año 1264 fue fundada por Alfonso X El Sabio para apartarse de la ciudad y dedicarse a meditar y escribir. En ella había un gran embarcadero que servía para llevar los caldos de la tierra al resto de Europa primero, y a América después. En la actualidad cuenta con unos setecientos habitantes que pueden presumir de vivir en un lugar privilegiado, si no fuera porque salvo algunos bares y ventas que le dan más vida los fines de semana y algunos puestos de trabajo en el campo y la construcción, no ofrece apenas oportunidades laborales a sus vecinos.

El brillo de la barriada se esfumó con la crisis del ladrillo. Mucho antes albergaba las oficinas de la Azucarera y las viviendas de los trabajadores. Pero hoy ninguno de los portaleños, ni siquiera los de edad más avanzada conocieron esa etapa de esplendor que surgió entre 1948 al 1950 cuando se construyeron las primeras viviendas que aún hoy forman la barriada. Sus habitantes se dedicaban al trabajo en el campo, en los grandes latifundios que rodeaban a la barriada, un grupo vivía de la pesca zarampaña (con red rectangular) y algunos de la industria.

Charo, del 57 años, se quedó en estado con 16. Cuando se casó se fue a vivir con sus suegros dentro de la Azucarera que entonces eran las únicas casas edificadas. Para ella El Portal -afirma señalando el campo que hay frente a su casa- le da la vida. Y no es una mera expresión. “Hoy he subido a buscar espárragos a las diez de la mañana y he llegado a mi casa a las tres y así voy. Un día tagarninas, otros caracoles… lo que sea; a veces me lo encargan y vamos tirando con eso”. Mientras habla para lavozdelsur.es se para un coche del que se baja un muchacho y le entrega bolsas de carne congelada. Es uno de sus hijos. Todos están en paro. “Le echa una mano a un amigo suyo y como no tiene dinero para pagarle, le da carne, por lo menos es algo”.  A última hora de la tarde, antes de que refresque mucho en invierno, va al huerto. En realidad es una pequeña parcela que los vecinos delimitan de forma más o menos organizada y les da para comer, al menos. “Siembro chícharos, patatas, ajos… de todo, pero para mí, no para venderlo”.

El huerto no es sólo necesidad de los mayores, también es el pasatiempo de los jóvenes como Ana, de 22 años. Estudia y por las tardes va al huerto con varios amigos. En aquella zona quienes viven realmente de la agricultura “siembran remolacha, trigo, pipa…”, explica uno de estos jóvenes. La juventud no tiene muchas más opciones de ocio. Además de cultivar esas pequeñas parcelas también ocupan su tiempo libre en la Agrupación Parroquial Jesús el Cautivo, el único paso que sale en procesión el Sábado de Pasión. Todos los domingos asisten unos treinta o cuarenta vecinos a misa de diez a once, el único día a la semana que se celebra, ya que el párroco también atiende a varias iglesias rurales.

En El Portal echan de menos el centro de barrio, cuyo edificio derrumbaron para edificar nuevas viviendas. Gozan de una gran calidad de vida, tanto es así que Jesús, joven de 25 años, asegura que muchos vecinos que se fueron a trabajar fuera y que han tenido hijos quieren volver para criarlos aquí, “el problema es que no hay casas”. No obstante, se quejan de no tener una farmacia porque al parecer ningún empresario quiere abrir su negocio allí, “y para lo más mínimo o una emergencia hay que ir hasta Jerez”. Les gustaría contar con la consulta de un pediatra y que el transporte público tuviese más horas de salidas y llegadas. Otra cuestión es la limpieza: “No está más sucio porque nos ayudan los muchachos que prestan ayudas sociales; el Ayuntamiento de Jerez no nos da ni una zoleta; vienen a limpiar una hora a la semana y si no coincide con ningún festivo”, recrimina una de las vecinas.

Los jóvenes portaleños en edad de trabajar o estudiar fuera quieren continuar viviendo allí, sin duda alguna. Viven muy bien, muy tranquilos, todos se conocen y hay muy buen ambiente. María tiene 24 años y trabaja como dependienta en Jerez donde también sale a divertirse por las noches y los fines de semana porque tiene la suerte de desplazarse en el coche. Esta joven ahora está en el paro, ese es el gran azote de la ciudad.

El siguiente dato es cuando menos desolador: de sus setecientos vecinos, veintiuna familias reciben alimentos de Cáritas, organización que allí cuenta con un grupo de mujeres y tres de jóvenes. “Soy voluntaria y beneficiaria. La cosa está mucho peor, cuando yo empecé a colaborar ayudábamos a solo a seis familias”, cuenta una portaleña. Los pocos que trabajan lo hacen en el sector de la construcción o en barcos, dragando, por ejemplo. Pero la situación, a pesar de la solidaridad vecinal es realmente dramática para algunas familias. “Una mujer que tiene una paga de viudedad de 400 euros y son siete para sentarse en la mesa, ¿cómo va a vivir?”, apostilla la voluntaria.

El grupo de mujeres de esta organización distribuye los alimentos, pagan algunas facturas de la luz o incluso compran gafas u otros artículos de necesidad a quienes lo necesitan. “Los políticos se preocupan de tener sus bolsillos bien llenos nada más”, se queja. En cualquier caso, presumen de que no es lo mismo estar en una situación así en la ciudad que en un lugar como El Portal, donde todos se echan una mano. “Aquí tratamos bien hasta a los malos que vienen de fuera”, bromea un vecino.

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