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El perfume de aquel mayo

-I-
Cuando se cumplen estos días de mayo los 50 años de los acontecimientos que han quedado para la historia agrupados bajo el nombre “Mayo-68”, un poderoso perfume aún inunda nuestros sueños de redención. Pero, como sucede en todos los perfumes de calidad, el producto final es complejo y está compuesto por un gran número de notas aromáticas, que se van disolviendo gradualmente con el paso del tiempo. Mayo del 68 contiene también numerosas notas aromáticas, algunas de las cuales aún persiste con fuerza, pero otras muchas hace tiempo que se agotaron, y el olfato ya no las reconoce. Hace 50 años confluyeron muchas circunstancias, influencias y elementos que pueden explicar los acontecimientos de mayo del 68 en París y, más ampliamente, explican también los diversos movimientos que justamente en aquel año sacudieron el planeta, en Francia, Alemania, USA, Italia, Japón, México, Checoslovaquia, España, etc.

Entre esos elementos podemos ver, en primer lugar, las influencias de las protestas estudiantiles estadounidenses contra la guerra de Vietnam, que comenzaran en 1963 y fueron creciendo en importancia, alcanzando un importante eco europeo en 1965, difundiendo el pacifismo en general y a la vez el conjunto de elementos que constituyó la contracultura californiana. Surgía, pues, una nueva cultura juvenil, como contó de forma pionera el libro de Theodore Roszak, El nacimiento de una contracultura, justamente publicado en 1968. Y en la contracultura confluían una nueva música pop, el auge del rock —que venía de mucho más atrás—, las diversas influencias orientales que conformaron una primera ola de New Age, con la aparición en el corazón de las culturas occidentales de los legados de las tradiciones taoístas, budistas, índicas, etc.

Apareció en esa década, en occidente, un énfasis en la experiencia interior del individuo, posibilitado bien por las vías de la meditación o bien por las vías de ingesta de sustancias enteogénicas —LSD especialmente— que se alzó como sustancia en parte generatriz de esa nueva cultura, y aparecen también las experiencias de alternativas de liberación sexual, de amor libre, las experiencias de las comunas, y la lucha por el respeto y la igualdad de condiciones de homosexuales, lesbianas, transexuales. También aparecen otras luchas por los derechos civiles, especialmente en relación al racismo, que aún imperaba en la sociedad norteamericana, y el rechazo a ciertas formas del trabajo industrial, el nuevo auge de las artesanías, las experiencias de vida en contacto con la madre naturaleza, el ejercicio de la libertad de indumentaria, donde los jóvenes abandonan las convenciones de trajes, cortes de pelo, etc. etc.

Todos estos elementos, que se agrupan a veces bajo el nombre identificativo de “movimiento hippie” , tuvieron igualmente influencias diversas en las democracias europeas, donde los jóvenes iban recibiendo las nuevas músicas gracias a la extensión en los años 60 de la televisión y a la popularización de los tocadiscos, lo que permitió un gran comercio discográfico atlántico, etc. La música transmitía toda una nueva cultura.

Añádanse también otros acontecimientos históricos que provocaron un enorme impacto, y propiciaron la radicalización de muchos jóvenes: la muerte del Ché Guevara, ejecutado el 9 de octubre de 1967 , y el asesinato de Martín Luther King , el 4 de abril de 1968. El Ché se convirtió en icono universal de las luchas de liberación del “Tercer Mundo”, ese concepto de creciente importancia en la época (apareciendo incluso entonces un desarrollo teórico del pensamiento marxista sobre tercer mundo y pensamiento postcolonial), y Luther King se convirtió a su vez en un icono universal de la defensa de los derechos civiles, especialmente en relación al racismo. Y aún hubo otros acontecimientos que marcaron el zeitgeist de la época en occidente, como especialmente el verano de amor de 1967, en San Francisco, cuya influencia cultural ha sido planetaria.

-II-

Los jóvenes franceses de 1968 habían nacido tras la Segunda Guerra Mundial, y en dos décadas de crecimiento, se produjo un éxodo importante del campo a la ciudad, aquellos niños vieron mejorar las condiciones de vida de sus padres, la clase media creció, se extendió la educación secundaria, y en consecuencia creció de forma notable la educación universitaria, creándose numerosas facultades nuevas, Un nuevo fantasma recorrió Europa, y no era —como señalara Marx en 1848— el del comunismo, sino el imaginario del hedonismo, con la reivindicación del propio cuerpo, y sus libertades afectivo-sexuales, frente a las convenciones sociales tradicionales, donde el Estado opresor vigilaba el orden público pero también el orden personal, y aún íntimo.

Esa ola de liberación, que finalmente será una mutación en una fase nueva del capitalismo, encontrará además sus gurús en figuras como Krishnamurti y su mensaje californiano, “tú eres tu propio maestro”, en filósofos como el viejo Marcuse y su mensaje sobre el eros como dimensión profunda y social del ser humano, e igualmente su crítica a la civilización unidimensional, con la gran fama alcanzada por su libro El hombre unidimensional de 1963, donde hace un análisis que renueva y amplía el concepto de fetichismo de la mercancía de Marx; en autores como Guy Debord y su análisis de la Sociedad del espectáculo (1967) que posteriormente retomará Jean Baudrillard con su concepto de simulacro en la cultura; en autores como Raoul Vaneigem con su Tratado del saber vivir para uso de las nuevas generaciones, libro cuyo primer título fue curiosamente La revolución de todos los días, también publicado en 1967, o en autores como Michel Foucault, cuyos primeros estudios sobre la clínica (1963) y La arqueología del saber (1966) apuntaban a una revisión crítica de la historia del pensamiento y eran un nuevo análisis de las formas del poder. O, finalmente, autores como Pierre Bourdieu, una de cuyas primeras obras trata justamente sobre Los estudiantes y la cultura (1964).

No le faltaban, pues a esta nueva clase estudiantil inspiraciones intelectuales nuevas y diversas, y frente a ello, se alzaba todavía el viejo pensamiento monolítico del PCF, Partido Comunista Francés, que seguía viendo con desconfianza a los estudiantes, en la tradición de que —como dijo Lenin— eran hijos de papá y no podían ser sujetos revolucionarios. Por contra, entre los estudiantes franceses de 68, van a arraigar más las tendencias anarquistas, trotskistas y maoístas, con grupúsculos —no mayoritarios— de estudiantes que también quisieron aprovechar los acontecimientos para lanzar una ofensiva más general y más violenta contra el Estado.

Fueron los dos grupúsculos maoístas, compuestos por jóvenes deslumbrados por la radicalidad de la Revolución Cultural china, que se inició en 1966, y que servía para destrozar los restos de la “vieja cultura” —y con ella, especialmente, a cuanto intelectual sospechoso se encontró por el camino—. Muchos intelectuales franceses, entre ellos el cineasta Jean-Luc Godard, alzaban con orgullo el Libro Rojo de Mao, y recitaban sus palabras de 1957: “Dejad que florezcan cien flores; dejad que cien escuelas del pensamiento compitan entre sí”, palabras desmentidas con rotundidad por la propia Revolución Cultural, que a pesar de su nombre era un intento de usar a los estudiantes como salvaguardia de la ortodoxia y del líder.

-III-
Cuando uno mira, pues, los acontecimientos que se sucedieron desde marzo hasta junio de 1968 en París, encuentra —como en un perfume caro— numerosas notas aromáticas: están por una parte los estudiantes que buscaban sencillamente una relajación de las tradiciones represivas en cuanto a libertades sexuales, y cuyo primer desencadenante revolucionario fue el 21 de marzo una entrada —prohibida entonces— de los chicos en los pabellones de las chicas , para según anunciaban “intercambiar nuestros fluidos corporales”. Por otra parte, están los estudiantes antiimperialistas, una minoría muy ideologizada, que desde febrero vienen celebrando manifestaciones en apoyo de Vietnam y contra la intervención nortamericana.

El día 20 de marzo se produce un asalto estudiantil contra la sede parisina de American Express. Hay detenidos, y surge el día siguiente el Movimiento del 22 de marzo, pidiendo la liberación de los detenidos, ocupando edificios de la universidad, etc. A todo esto se responde con una fuerte intervención policial en el recinto de la universidad, y unos días después se cierra la propia Universidad de Nanterre. Esa respuesta represiva y la provocación subsiguiente de grupúsculos de extrema derecha provocó la rabia estudiantil, y se pasó a acciones mayores, manifestaciones, etc. De nuevo la respuesta represiva del viejo general De Gaulle y las provocaciones planeadas por la extrema derecha exacerbaron aún más los acontecimientos.

Y por otra parte, en paralelo, existían reivindicaciones de los obreros franceses que eran claramente de otra índole, y tenían que ver con la mejora de salarios y beneficios sociales, que encontraron una respuesta igualmente represiva. Todo ello desembocó en la convocatoria de una huelga general el 13 de mayo ,con una manifestación gigante de obreros y estudiantes, que paralizó el país, y supuso un cénit en estos acontecimientos de mayo 68. Curiosamente el Partido Comunista Francés apoyaba la huelga general de los obreros, pero no las revueltas estudiantiles.

Mientras, otros grupúsculos estudiantiles, anarquistas, maoístas y trotskistas aprovechaban para continuar con sus reivindicaciones `particulares, como el muy activo comité de apoyo a Vietnam, y pretendían involucrar en sus acciones a la mayoría de estudiantes de la UNEF (Unión Nacional de Estudiantes de Francia), que no estaban tan claramente ideologizados. Comenzaron a volar los adoquines y apareció a la vez un poderoso movimiento de eslóganes y afiches que llenaba las paredes de las diversas facultades y de todo París (en otra página de este dossier puede verse una amplia antología de aquellas estimulantes frases).

Tras días de huelga y desabastecimiento progresivo, y tras la larga noche de las barricadas del 24 de mayo, con 800 detenidos y cientos de heridos, se abrió  una negociación, y en la noche del 26 al 27 de mayo se firman con los sindicatos los Acuerdos de Grenelle: 10% de aumento de sueldo para todos; aumento de un  25% en el salario mínimo; ligera reducción de la jornada de trabajo; retirada de los recortes en Seguridad Social del año anterior; y reconocimiento de la actividad sindical dentro de las empresas. Estos acuerdos son rechazados el día 27 de mayo por las asambleas obreras.

El día 30 de mayo, De Gaulle reaparece dando un discurso: “Me quedo”. Disuelve la Asamblea Nacional y convoca elecciones para el 23 y 30 de Junio. Finalmente, ese mismo día una gran contramanifestación  de gaullistas apoya fuertemente el Gobierno. En los días posteriores, algunas reivindicaciones obreras menores de los Acuerdos de Grenelle fueron atendidas por la patronal, y comenzó así la paulatina vuelta al trabajo en las grandes fábricas, apagándose así las reivindicaciones obreras, y también se fueron apagaron las propias revueltas estudiantiles, con la ocupación policial de la Sorbona el 16 de junio y coincidiendo además con las inminentes vacaciones. Los sindicatos (con la CGT a la cabeza) y los partidos de izquierda encabezados por el PCF llamaron continuamente a la vuelta al trabajo “para que las elecciones tengan lugar y se complete la victoria de la clase obrera”. Finamente, los días 23 y 30 de junio, se produjo la primera y segunda vuelta de las elecciones legislativas, en las que los partidos próximos a De Gaulle (UDR, Unión para la Defensa de la República, y RI, Republicanos  Independientes), consiguieron 362 escaños de los 485 en juego.

Para muchos, aquella batalla de mayo 68 la ganó en un sentido cultural la izquierda, pues muchas de las reivindicaciones de libertad personal, sexual, indumentaria, de participación, fueron incorporadas paulatinamente por la sociedad de consumo capitalista en su progresiva expansión europea,  y algunas demandas como el respeto a las minorías, los derechos civiles,  o el incipiente eco que empezaban a tener el feminismo, el ecologismo, etc. encontraron cauce y desarrollo en la sociedad occidental  posterior al 68. Pero la batalla económica la ganó la derecha, pues nada sustancial cambió en relación al modo de producción. Algunos estudiosos apuntan incluso a que el propio capitalismo tenía ya en los años 60 esta necesidad de una mutación cultural de este tipo para avanzar en el desarrollo de la sociedad de consumo. El tiempo parece haberles dado la razón, pues la mayoría de aquellos elementos de reivindicación cultural han sido integrados y adocenados en el nuevo marco del hiperconsumo, y la libertad personal que disponemos tiene nuevos límites, con controles más sutiles que alcanzan el neuromarketing y la manipulación psicológica.

Por todo ello, aquel perfume —complejo y concentrado— de mayo del 68 se va convirtiendo con los años en un agua de colonia, ya bastante diluida, y donde muchas de sus notas aromáticas desaparecieron para siempre. Queda la idea genérica de rebelión, aunque ya no sepamos muy bien contra quién ni sobre todo cómo , o con qué tipo de adoquín; y queda también -al menos en el recuerdo anual- un magnífico ramillete de frases que, aún, nos convocan a la acción y nos invitan a la esperanza.

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