Opinión

El palacio de Pemartín, joya patrimonial del arte flamenco

Mariano Ruiz Carretero, miembro de la Cátedra de Flamencología de Jerez

Asisto con gran preocupación a los anuncios de traslado del Centro Andaluz de Flamenco, reiterados en declaraciones recientes, tanto por parte de la Junta de Andalucía como del Ayuntamiento de nuestra ciudad. Participé en la creación del Centro de Documentación del Flamenco, desde el primer momento y, como subdirector general de la Caja de Ahorros de Jerez, pertenecí al Consejo Rector de la Fundación Andaluza de Flamenco que fue creada para la gestión del mismo, desde el año 1986. Uno de los recuerdos más gratos que conservo de mi vida profesional ha sido el de la gestación del citado centro, dado el elevado grado de ilusión y profesionalidad puesto en el desarrollo del proyecto, tanto por parte de los intelectuales, estudiosos y artistas que conformaron el Consejo Asesor del mismo, por su labor inestimable de asesoramiento y sapiencia, como el de todos los miembros del Consejo Rector que fueron nombrados por las diversas administraciones y entidades fundadoras: Ayuntamiento de Jerez, Diputación Provincial de Cádiz, Junta de Andalucía y Caja de Ahorros de Jerez, en su labor de financiación y administración del centro.

Los citados patronos aportaron, en una primera fase, cuantiosos medios económicos, materiales y humanos, tanto para rehabilitar el entonces ruinoso Palacio de Pemartin, como para configurar una plantilla cualificada, aunque mínima, en base a las necesidades de funcionamiento que este tipo de centro requería. A continuación, se dotó al centro por parte de dichos patronos, de unos presupuestos anuales dignos para empezar el desarrollo de las múltiples funciones de estudio y promoción del flamenco, que constituían su objeto fundacional.

Posteriormente a su creación, el centro vivió unos años de espléndida y fructífera actividad, donde todos recordamos de forma muy especial la conferencia internacional Dos siglos de Flamenco, que abrió una nueva época en los estudios flamencos, así como la edición de los anuarios flamencos, la grabación de discos, los premios, los cursos de baile y guitarra impartidos por grandes figuras y una larga serie de actividades que permitieron al centro y por ende al arte flamenco, obtener una importante repercusión nacional e internacional del mismo.

“Plantear el abandono de esta sede emblemática, icono mundial como centro de documentación y estudio de dicho arte, es un verdadero contrasentido, un derroche de la propia carga simbólica e identitaria con lo mejor del flamenco que este edificio ha obtenido a lo largo de 30 años”

Finalmente, tras unos años de incumplimientos y tardanzas de pagos por parte de algunos patronos, la estabilidad futura del centro se puso en cuestión, planteándose como solución de viabilidad futura del mismo, que fue naturalmente admitida por todos los patronos, que la Junta de Andalucía, quien ya ostentaba por aquel entonces la presidencia del Consejo Rector, asumiera el proyecto como propio y constituyese, a partir de los bienes de la Fundación, un centro público de carácter andaluz, a semejanza de otros centros culturales de la comunidad andaluza que se  establecieron en edificios históricos emblemáticos, merced a una política muy acertada por parte de la Junta de albergar en este tipo de edificios rehabilitados dichas actividades, como ejemplos se tienen, entre otros muchos, el Centro de Documentación Musical de Andalucía en Granada, la Filmoteca de Andalucía en Córdoba, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo en Sevilla, el Centro Andaluz de las Letras en Málaga, el Centro Andaluz de la Fotografía en Almería, y un largo etcétera.

La Junta de Andalucía aceptó la propuesta del resto de los patronos, haciéndose cargo del palacio Pemartin —edificio histórico emblemático— y de todos los tesoros documentales que poseía la Fundación en el mismo, constituyéndose el actual Centro Andaluz de Documentación del Flamenco, aceptándose por parte de la misma las dos condiciones impuestas en el documento de cesión recogido el BOJA: la permanencia del mismo, tanto en la ciudad de Jerez, como en el Palacio de Pemartín.

“La suma de las colecciones documentales que ofrecen el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco y la Cátedra de Flamencología ofrece un tesoro inigualable para el estudio del arte flamenco añadiéndole a todo ello la existencia de un servicio documental de excelencia”

De este modo, el citado palacio vino a sumarse, desde el año 1988, al patrimonio del arte flamenco como la sede de mayor categoría que jamás haya conseguido en su historia el mismo. Arte, que nacido muchas veces en el borde o directamente en la miseria, despreciado y a veces perseguido, ha alcanzado con el palacio de Pemartin, en Jerez, desde el año 1988, un nuevo estatus simbólico que viene a reconocer, mediante esta arquitectura señorial y palaciega, la grandeza de este arte único, el cual ha seguido en el tiempo creciendo y engrandeciéndose, habiéndosele reconocido hoy como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, si bien ya lo era desde hace más de 200 años.

Actualmente, el Palacio Pemartin acoge en su seno dos instituciones flamencas, por un lado, el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco, y por otro, la Cátedra de Flamencología de Jerez, que fue pionera en España en los estudios flamencos desde 1958 y actualmente se encuentra en proceso de renovación. La suma de ambas colecciones documentales ofrece un tesoro inigualable para el estudio del arte flamenco añadiéndole a todo ello la existencia de un servicio documental de excelencia, atendiendo con eficacia y agilidad cualquier demanda documental sobre el arte flamenco, tanto in situ como desde cualquier lugar del mundo, de lo cual puedo dar fe personal, así como de los cientos de estudiosos y expertos que han demandado sus servicios.

Por todas estas razones, legales, simbólicas y de racionalidad y eficacia, el palacio de Pemartín pertenece, y debe seguir siéndolo, al memorable patrimonio cultural que ya posee el arte flamenco. Plantear, por tanto, el abandono de esta sede emblemática, icono mundial como centro de documentación y estudio de dicho arte, es un verdadero contrasentido, un derroche de la propia carga simbólica e identitaria con lo mejor del flamenco que este edificio ha obtenido a lo largo de 30 años, y es también una verdadera usurpación a ese patrimonio cultural flamenco. Espero que tanto la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía como el Ayuntamiento de Jerez, reconsideren y sopesen la decisión a tomar sobre dicho traslado, lo que no invalida la ejecución del resto de un excelente proyecto sobre otros aspectos del flamenco, que se proyecta por la Junta de Andalucía y Ayuntamiento de Jerez para la plaza Belén, y espero que defiendan el palacio de Pemartin como sede perpetua de este arte de gloria y majestad.

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