Fin de SigloNegro sobre blancoJerez

El mundo sigue igual

Otra Navidad en el furgón blindado de la memoria. Se acaba el sarao. Despedida y cierre. Operación rescate. Vuelta al calendario. Rebajas de enero. A renovar los votos. Tocata y fuga. 

El martes me felicita el año una amiga. Me comenta que quería dejar pasar unos días y estar tranquila sin tanto follón. Mantenemos una larga conversación telefónica. La charla corre correcta y afectuosa por dos ciudades demasiado separadas. Es extraño como sea crean algunas amistades en el tiempo. Me agradece que le recomendara leer a la poetisa Idea Vilariño. Que es todo un hallazgo. Que le transmite buena vibra. Que es increíble lo castrista que era. Que le parece fascinante cuánto sabía del Che. Que qué triste debió ser su vida en Montevideo. Que a ella también le hubiera gustado vivir aquellos años y tener que haber huido de una dictadura. Que sentía una profunda envidia por no ser capaz de amar como ama Idea Vilariño a Onetti. Que ella también hubiera querido dedicar los siguientes versos a un hombre: “Ya no será, / ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo/ no coseré tu ropa, no te tendré de noche/ no te besaré al irme, nunca sabrás quien fui/ por qué me amaron otros”.

Mi amiga me comenta que tiene muchos propósitos para el nuevo año. Todos loables y asequibles. Dice que el 2018 será el año de confirmación. El pasado, fue el mejor de su vida. Entra en detalles. Detalles que serían indecorosos por mi parte nombrar en estas líneas. Pierdo la cuenta de cuantas veces me ha repetido: “Mi vida es totalsensacional”. Así, “totalsensacional”. Me hace gracia. Es entrañable. Antes de despedirnos me cita para vernos el próximo sábado a la tarde.

El jueves a la noche me encuentro con don Emilio Ciprés y con don Óscar Carrera Sánchez. La reunión transcurre en la jerezanísima plaza Plateros. Disfrutamos de un momento importantísimo en la Cervecería Gorila. Emilio y servidor degustamos una insuperable Nice Chouffe. Por su parte, Óscar mantiene la idiosincrasia con un estupendísimo solera. Le aplaudimos su arrojo torero. No obstante, cuando acudes a una cervecería tan magnífica como Gorila te ves obligado a tomar una cerveza. Y si es belga, mejor.

Óscar nos agasaja con inconmensurables regalos de la casa Carrera Sánchez. Todos inmerecidísimos, por supuesto. No merecemos tanto. Le damos las gracias y brindamos por la salud y prosperidad de su estirpe. Don Ciprés y don Carrera Sánchez están chisposos y ocurrentes. Son dos conversadores excelentes en un espléndido momento de forma. Rigurosos cuando el tema requiere seriedad. Graciosos cuando aletea la oportunidad de la broma sobre el verbo. Sin caer en la frivolidad. Cerramos el encuentro tratando sobre un par de hechos en boga. Éstos son tan populares que ni se me ocurre nombrarlos. Para ello, para estar a la altura de los mismos, decidimos trasladarnos a un sitio similar a la pegajosidad de la turbulencia que transmiten. Tampoco osaría nombrarlo. No vayamos a gafarlo. En ciertas ocasiones, querido lector, uno no debe hablar de lo que pasa en la calle. Mejor, de lo que acontece en la rúa. Porque, de otro modo, esta columna acabaría aquí y ahora.

Zanjados todos los asuntos y satisfechos, despedimos al camarada Emilio como merece. Don Ciprés se pierde en la noche con decoro y majestuosidad. Prosigo con Carrera Sánchez hasta el sendero donde nuestros caminos se bifurcan. Me habla de lo divino y de lo humano. De sus quehaceres. De sus escritos. Carrera es una persona admirable. Nos despedimos, Houellebecq mediante,  confesándonos deudores de nuestros pares.

Sábado. Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente han llegado. Los Reyes siempre se portan bien. Alabados sean. Otra Navidad en el furgón blindado de la memoria. Se acaba el sarao. Despedida y cierre. Operación rescate. Vuelta al calendario. Rebajas de enero. A renovar los votos. Tocata y fuga. 

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