El ‘Hotel Alcázar’ o cómo se salvó el Alcázar

Fue un proyecto de carácter privado con la intención de convertirlo en una especie de complejo hotelero, una atrocidad que acabó siendo paralizada tanto por el Ayuntamiento de Jerez como la Dirección General de Bellas Artes.

Hubo un tiempo en el que el Alcázar albergó un inmenso armatoste que amenazaba con hacerse dueño y señor de nuestra fortaleza almohade, el más singular de los monumentos que forman parte del patrimonio de Jerez. El Alcázar, que se mantenía en lamentables condiciones desde hacía décadas, era de propiedad privada, y no fue hasta el primer gobierno democrático de Jerez, con Pedro Pacheco como alcalde, cuando nuestro Alcázar cambió no solo de propietario, sino de uso y de sentido.

Cambiar de sentido o acabar con un sinsentido, mejor dicho. El ‘Hotel Alcázar’ fue un proyecto de carácter privado con la intención de convertir el Alcázar en una especie de complejo hotelero, una atrocidad que acabó siendo paralizada tanto por el Ayuntamiento de Jerez como la Dirección General de Bellas Artes, una vez ya realizado el cuerpo del edificio. La demolición controlada tuvo lugar en 1981 y fue uno de los grandes hitos sobre los que se sustentó el gobierno del PSA de aquel entonces, primer gobierno democrático en Jerez desde la II República, en coalición con las otras fuerzas políticas de izquierdas. 

Sin embargo, esa hecatombe urbanística, que afortunadamente fue solventada en pos de la recuperación del Alcázar para el disfrute de todos, no es la única que padeció (y padece) el pueblo de Jerez. Esta, al menos, podemos recordarla como una anécdota y rememorarla en postales, en el propio vídeo de su demolición e incluso en una película cuyo protagonista fue el incombustible actor escocés Sean Connery. ‘Cuba’, de Richard Lester, estrenada en 1979, utilizó el fallido ‘Hotel Alcázar’ como escenario. 

No podemos decir lo mismo de otras barbaridades que padecemos hoy y que, lamentablemente, ni para escenarios sirven. Eran otros tiempos dirán algunos pero ¿son estos tiempos nuestros tan nuevos como creemos? Basta con un paseo por la Alameda Vieja para avistar en el horizonte el entorno de la Ermita de Guía; en el paisaje se nos cuela un pasado más reciente que es casi presente. El paisaje de la (des)memoria, como quien dice.

 

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