Sociedad

El histórico sindicalista que dedica su jubilación a recoger y arreglar enseres para los más necesitados

Antonio Alba, uno de los fundadores de CCOO en la provincia de Cádiz y trabajador durante 42 años de la extinta fábrica de botellas, es hoy el 'hombre para todo' de varias ONG de Jerez: "A mí no me gustan los bares, me entretengo ayudando a los demás"

En una escondida calle de la barriada rural jerezana de El Portal, Antonio Alba (Jerez, 1949) revisa un frigorífico que acaba de arreglar. “Lo he pintado entero y lo he probado, funciona perfectamente”, comenta satisfecho. En la entrada, un montón de enseres amontonados esperan a ser utilizados por alguien que los necesite. Varios vecinos de El Portal, sentados alrededor de una mesa, echan una mano. Una furgoneta con un remolque es el medio utilizado para recoger aquello que sobre donde ya nadie lo quiere con objeto de darle una útil y necesaria segunda vida.

No fue un sindicalista y político al uso, y tampoco es el clásico jubilado. “Al Partido esto no le molesta”, sostiene, señalando el interior de la nave, que es propiedad del Partido Comunista de España, donde guardan materiales de campaña y de la organización que él mismo gestiona. A tan sólo unos metros de esta, se encuentra un centro de formación que lleva su nombre y que es utilizado tanto por el PCE como por Izquierda Unida para celebrar reuniones de carácter provincial. “Lo agradezco, el partido quiso rendirme homenaje”. El que fuera presidente y parte del comité de empresa de la extinta fábrica de botellas de Jerez empezó a trabajar como eventual en 1967, quedándose fijo un año después. “Luego fui a la mili y volví, empecé haciendo botellas en las máquinas y acabé en expediciones”, cuenta. Allí, en una de las últimas factorías que sobrevivió del polo industrial del sector vitivinícola creado en torno al jerez, Antonio se llevó 42 años y se inició en la actividad sindical y política.

Antonio Alba señala algunos de los enseres que arregla a lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

“Dentro de la fábrica conocí al hermano de Juan Pérez, que venía de Algar, y movió lo poquito que había en la clandestinidad del Partido Comunista”, narra a lavozdelsur.es apoyado en una lavadora vieja. “Empezaron a recoger dinero para los que estaban en la cárcel, como Manuel Romero o Antonio Palacios Rivero, que era un dirigente importante de la viña; a través del trabajo conocí a gente que me hablaba del Partido”, añade. En un momento en el que todavía no había sindicato que no fuera el Sindicato Vertical, el único permitido por el régimen franquista, Antonio no dudó en intentar luchar por los derechos laborales y por una ciudad y un mundo más igualitario y justo desde el primer momento.

Eran principios de los años 70 y el espíritu socialista de proyectos como la Unidad Popular de Chile llenaba los encuentros de los trabajadores. “Estábamos muy ilusionados con eso de que se podía llegar al socialismo por la vía democrática, recuerdo lo que nos impactó lo que sucedió aquel día (11 de septiembre de 1973)”, rememora sobre el golpe de Estado de Pinochet. Reunidos habitualmente en la casa de otro histórico de la izquierda en la ciudad, Manuel Romero, un Jerez obrero luchaba en la clandestinidad contra un régimen que agonizaba.

“Me presenté a las últimas elecciones que hizo el Sindicato Vertical, pero no salí porque hicieron una campaña contra mí, sobre que yo andaba con papeles raros”, relata sobre sus inicios en el sindicalismo. Sin embargo, y pese a no haber conseguido ganarlas, por su insistencia y tesón le dejaron ir a todas las reuniones del comité de empresa con permiso de la dirección. “Yo partía peras, era el único que me atrevía a hablar”, comenta mientras recuerda el miedo mezclado con la ilusión por un cambio que se vivía en aquel momento. Sobre aquellos años recuerda algún episodio crítico, como la vez que le pararon a él y a Juan Pérez antes de asistir a una reunión en Cádiz. “Íbamos a repartir bonos para toda la provincia y el secreta iba con un comisario; nos pararon porque nos estaban vigilando, nos registraron, miraron todos los asientos pero no encontraron nada, porque llevábamos escondidos los bonos en el motor”.

Después de 42 años en la Fábrica de Botellas, Antonio Alba se dedica, en compañía de otros vecinos, a recoger y arreglar de forma altruista enseres y electrodomésticos para quienes lo necesitan. FOTO: MANU GARCÍA.

 

Fue en aquel entonces cuando surgió el germen de las Comisiones Obreras, siendo uno de los cofundadores de esta central en la provincia de Cádiz. El jerezano fue uno de los cinco sindicalistas que acudieron a la asamblea de Barcelona que dio origen al sindicato, centrado en aquella ocasión en luchar contra el Proceso 1001, en el que Marcelino Camacho y otros emblemáticos sindicalistas fueron encausados. “Claro que había miedo, mucho miedo, a Marcelino lo juzgaron el día que mataron a Carrero Blanco y le echaron 20 años de cárcel”, sostiene.

De los primeros de Mayo y de asambleas escondidas en medio de pinares de La Algaida a la Transición. Con ella vino el desarrollo sindical y político del comprometido activista. Más de tres décadas formando parte del comité de empresa de la extinta fábrica de botellas, ocho años de secretario provincial del Partido Comunista, ocho años más de secretario local, responsable de organización provincial de IU y concejal en Jerez entre 1995 y 1999. Antonio Alba no fue a la celebración de los 40 años de ayuntamientos democráticos. Seguía haciendo política ese día. A su manera. El 26 de noviembre de 2009 se fabricó la última botella de Vicasa, y el 1 de enero de 2010 la fábrica dejó de funcionar. El pasado industrial de la ciudad moría de forma simbólica, con 125 trabajadores de los 800 que llegó a tener. Poco después del cierre, que daba a Antonio Alba la jubilación anticipada, el de El Portal cambió las botellas por las lavadoras, los televisores y los termos eléctricos.

Antonio Alba enseña la última botella de la Fábrica de Botellas de Jerez, en funcionamiento durante más de un siglo. FOTO: MANU GARCÍA.

“Si no tienes inquietudes, no te sale”, dice en referencia a su actividad como voluntario. “A mí no me gustan los bares, prefiero entretenerme ayudando a hacer cosas, por eso casi todos los días venimos aquí”. Con su característica humildad, habla siempre en colectivo, incluyendo a los vecinos que le ayudan. “Este amigo, que no cobra nada, así puede hacer algo y reciclar”. A Manuel Muñoz, el Loco, tal y como le dicen en El Portal, Antonio también le está arreglando los papeles sobre la pensión no contributiva, algo que también suele hacer con las personas de la barriada que no entienden “eso del papeleo”, o con asociaciones de la zona Sur de Jerez, como la de Federico Mayo, donde presta asesoramiento jurídico.  

“Es nativo de Jerez pero fue repescado, se casó con una nativa (de El Portal)”, bromea sobre el compañero, en un ambiente casi familiar. En el día a día, además de él y otros vecinos, otros dos jubilados de la fábrica de botellas, Nicolás Gago y José Luis Sánchez Castellano colaboran altruistamente, poniendo el dinero que haga falta y contribuyendo para solucionar averías. Antonio trabaja de esa forma con varias ONG de Jerez, como Proyecto Hombre, Accem, Todos con Casa o Voluntarios de Otro Mundo. “Cada vez tengo más cosas pendientes, esta semana he puesto un termo automático en el Agrimensor y ahora vamos a recoger un lavavajillas”, replica algo agobiado, pero con una sonrisa en la cara.

Lo llaman para pintar, poner una bombona, arreglar un termo, instalar tubos y lo que haga falta. “No pongas eso, ¿eh?”, dice cuando confiesa que esto les cuesta parte de la pensión. El jubilado para todo no quiere presumir de nada y lo único que desea es que cada vez sean más jerezanos los que lo llamen para dejar enseres que no necesiten. El “boca a boca” es su modus operandi; el “darlo todo”, su vida de pensionista.

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