Opinión

El falócrata con suerte

A los que no hemos hecho de la política una forma de vida casi que nos dará igual. Sí, el casi es importante. Ya lo sé.

Había sido una semana muy dura. Lxs compañerxs me habían descubierto como “agente falócrata al servicio del heteropatriarcado machista y opresor” porque, entre otras cosas, me negaba a usar la “x” como nuevo género y esa debía ser la clave para “deconstruir los roles masculinos castradores que excluyen a las personas que no son ni diádicas ni binomiales” y esta deconstrucción, es evidente para todos, debe ser la prioridad fundamental para la verdadera izquierda.

Aguanté, debatí y argumenté. Hasta me mantuve serio cuando a mis citas de Piaget, Kelly, Money o Lakoff me respondían con citas escogidas de Jordi Évole porque, decían, la ciencia solo es válida si está al servicio del anticapitalismo.

Mantenían que tanto el 11M como el 11S habían sido un ataque de falsa bandera auspiciado por la CIA, la misma que había creado el virus del Sida, asesinado a Chávez y boicoteado la homeopatía, así que cuando me mandaron al Gulag (veasé Universidad Anticapitalista) decidí, en aras de mi propia cordura, retirarme sin demasiado estruendo.

Y, en eso estaba, en mis cosas, cuando pasó lo de las listas.

No voy a contar nada de cómo han roto las listas cremallera para dar cabida a la gente de IU (no debe haber mujeres comunistas). Ni cómo ahora los cuneros son bendecidos (pero solo si vienen de IU o del SAT). Ni tampoco como las primarias son sustituidas por “votaciones delegadas en secretarios municipales”. Ni siquiera de cómo gente que ganó en primarias es dimitida por iconos anticapitalistas o, incluso mejor, por “jornaleros”, pero de esos que siempre están a punto de dejar la política para volver al tajo…

Para qué contarlo. Ni siquiera es importante. Y es verdad. Lo importante, lo único importante es el sorpasso. El fin, que diría Maquiavelo. Hablar de los medios es propio de la vieja política. De falócratas al servicio del revisionismo socialdemócrata y Errejonista.

Yo sigo desorientado. Buscando signos, señales, indicios que me permitan olvidar mis miedos ahora que mi voto, útil o inútil, está secuestrado. La única pataleta que me queda ya es abstenerme.

Por desgracia (o por suerte) no vivo en Córdoba o Jaén, ya que entonces lo tendría mas fácil, me abstendría y punto. Por suerte (o por desgracia) voto en Cádiz y podré hacer ambas cosas (votar y abstenerme).

Y esa es la carambola, podré votar al Congreso, al tiempo que podré abstenerme para el Senado. Esta votación-abstención simultánea y esquizoide me permitirá votar sin sentirme demasiado traidor hacia mí mismo, porque puedo vivir sin Podemos, pero no puedo vivir sin mí mismo.

Luego llegará un 27 de Junio. Y ya veremos. O no. Tampoco será importante. O no tan importante como algunos creen. Habrá que pactar. Sí o sí. Unos u otros. A los que no hemos hecho de la política una forma de vida casi que nos dará igual. Sí, el casi es importante. Ya lo sé.

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