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El expolio silencioso

La picaresca de los amigos de lo ajeno, en algún caso, y la desidia del Ayuntamiento, en otros muchos, provoca en los últimos años la desaparición de piezas de importante valor histórico y patrimonial de Jerez: aquí un pequeño listado de algunas de ellas.

La picaresca de los amigos de lo ajeno, en algún caso, y la desidia del Ayuntamiento, en otros muchos, provoca en los últimos años la desaparición de piezas de importante valor histórico y patrimonial de Jerez. Repasamos algunas de esas piezas que, o bien han desaparecido para siempre o bien todavía siguen descansando en algún almacén a la espera de que alguien se acuerde de ellas.

No descubrimos nada nuevo si decimos que Jerez cuenta con un patrimonio histórico y artístico rico, aunque no todo lo cuidado que merece. Ahí están los ejemplos de barrios como San Mateo o San Lucas, que siguen cayéndose a pedazos a la espera de que el dinero de Europa caiga como agua de mayo para empezar a levantarlos del estado de abandono que presentan.

¿A quién se puede culpar de esto? Desde luego, a las administraciones, tanto locales como autonómicas, que no han sabido dar soluciones a una situación que viene arrastrándose desde hace muchos años. Pero a esto hay que añadirle otro problema que quizás no está tan a la luz pública, pero que afecta gravemente al patrimonio jerezano. Hablamos de ese expolio silencioso provocado a medias por los amigos de lo ajeno y el Ayuntamiento, cuya falta de interés, a veces, y su torpeza, en otras, han servido para que Jerez haya perdido piezas de gran valor histórico y artístico.

Desde lavozdelsur.es hacemos un repaso a algunas de esas piezas que, o bien han desaparecido para siempre o bien todavía siguen descansando en algún almacén a la espera de que alguien se acuerde de ellas.

1. El Pendón

Desde luego, la pieza que mejor representa la desidia, la falta de interés y, por qué no decirlo, la incultura de la que hablábamos anteriormente.

Lo que era la principal insignia de Jerez se desconoce si está en la basura o en casa de algún coleccionista de arte. Ganado a las tropas musulmanas en la batalla del Salado en 1341, fue primero custodiado por el cabildo colegial, que solamente lo cedía al Ayuntamiento en dos fechas concretas: el día de San Dionisio, tal y como se sigue haciendo hoy día con su réplica; y cuando se proclamaba un nuevo Rey –la última vez que se hizo fue con Carlos IV-.

Según relata Antonio Mariscal Trujillo, escritor y especialista en la historia de Jerez, el 9 de octubre de 1264, fecha de la reconquista de la ciudad por Alfonso X, éste otorgó a la ciudad un pendón con las olas del mar, castillos y leones para simbolizar la constancia, la fortaleza y la bravura, respectivamente, de los jerezanos. El mismo se utilizó hasta 1341, fecha de la anteriormente citada batalla del Salado. Por entonces reinaba en Castilla Alfonso XI y en ese capítulo de la Reconquista participaron tropas jerezanas, al mando de Aparicio de Gaytán, y otras llegadas de Lorca, comandadas por Juan de Guevara. Tras conseguir la victoria en la batalla, soldados jerezanos y lorquinos se hicieron con el llamativo pendón del emir Alí Abul-Hassán.

Según cuenta la historia, los murcianos agarraron el emblema por el asta, mientras que los jerezanos lo hicieron por el pendón, y discutiendo quiénes se la llevarían a sus respectivas ciudades, el rey Alfonso XI, de manera salomónica, resolvió el pleito entregando a Jerez el lienzo y a Lorca el asta.

Esto hizo que durante mucho tiempo existiera un hermanamiento entre ambas ciudades, hasta el punto de que los concejales de Jerez tenían voz y voto en el Ayuntamiento de Lorca, y viceversa.

La cuestión es que siglos después, mientras que en Lorca conservan su parte de ese botín conseguido a las tropas musulmanas, Jerez no sabe qué es de la suya. Lo último que se conoce es que hasta 1991, fecha en que se confeccionó el nuevo, se estuvo utilizando el histórico pendón cada día de San Dionisio, y que el por entonces deán de la Catedral, José Luis Repetto Bettes, lo entregó en bandeja de plata al alcalde, Pedro Pacheco, para que se conservara en el Ayuntamiento.

¿Qué pasó con él? Nadie sabe nada. Lo único que parece claro es que si Alfonso XI levantara la cabeza seguro que hubiera hecho el reparto de una forma bien diferente.

2. El Alambique de calle Ponce

Una de las mejores piezas del patrimonio bodeguero jerezano desapareció de la noche a la mañana de las antiguas bodegas Valdespino, de titularidad municipal. Corría el año 2010 y por entonces, el lugar que actualmente acoge la nueva Escuela Oficial de Idiomas en calle Ponce, se había proyectado para que albergase el llamado Museo de la Ciudad.

De una manera sorprendente teniendo en cuenta sus dimensiones –nada menos que cinco metros de alto– se entiende que tuvo que ser desmontado por varias personas tras acceder al interior de las bodegas para introducirlo, como mínimo, en un camión. Parece evidente que eso no se haría en un rato. La cuestión es que nadie en la zona vio ni oyó nada sospechoso y que el Ayuntamiento tampoco hizo mucho en su día por salvaguardar tal preciado tesoro.

El alambique, de principios del siglo XX, contaba con una ornamentación preciosista de carácter vegetal y era una pieza única no sólo en la ciudad, sino en toda la provincia. Hoy podría estar montada, de nuevo, en la finca de algún coleccionista sin escrúpulos.

3. Las farolas de la plaza del Banco

Febrero de 2011. El polémico gobierno de Pilar Sánchez da sus últimos coletazos, pero aún tendría que tomar una decisión controvertida: sustituir las clásicas farolas de forja de la plaza del Banco, de un siglo de historia, y sustituirlas por otras modernas que, desde luego, no encajaban con el entorno. El por entonces delegado de Infraestructuras, Antonio Fernández Ortega, tranquiliza a aquellos que critican el cambio argumentando que las farolas se someterían a un proceso de restauración para regresar posteriormente a la plaza.

Sin embargo, y por esas cosas difíciles de entender, esta decisión se toma en una época en la que el Ayuntamiento estaba bajo mínimos. Sin dinero siquiera para pagar las nóminas de la plantilla municipal parecía absurdo querer invertir 18.000 euros en arreglar siete farolas que, a decir verdad, tampoco es que presentasen tan mal estado de conservación.

Efectivamente, y como se veía venir, el taller de cerrajería encargado de realizar los trabajos no vio un euro y exigió al Ayuntamiento que se las llevara, acabando todas en un rincón de los almacenes de Infraestructuras.

Pasaron los años y poco más se supo de las farolas. Desde el gobierno de María José García-Pelayo parece que tampoco se hizo mucho por solventar el tema, aunque, lo que son las cosas, una de esas farolas acabó instalándose en la zona exterior del Centro de Formación El Zagal, en la zona Sur.

¿De quién fue la idea? No se sabe, pero lo cierto es que la farola no pega ni con cola en su actual ubicación, y además tampoco es que parezca que se haya restaurado. El único consuelo que nos queda es saber que, al menos, una de esas farolas sobrevive hoy día.

4. Los rótulos de las calles

Todavía son visibles en algunos puntos del centro y seguro que se habrán fijado. Hablamos de los pequeños rótulos cerámicos con los nombres de calles fechados en el siglo XVIII. Según explican los hermanos José y Agustín García Lázaro en su blog En torno a Jerez, estas piezas, aunque no tienen gran valor artístico, están registrados en el Catálogo de Bienes de Carácter Singular de la Carta Arqueológica publicada en 2008.

Muchos se conservan en buen estado, aunque otros tantos ya presentan picaduras, lucen rotos o directamente han desaparecido. Junto a éstos se encuentran los clásicos rótulos de fondo blanco y letras negras, realizados en un combinado de metal y pasta. Si bien mayoritariamente perduran, algunos, como los de la calle Vid o Juan Capitán han sido arrancados, mientras que otros se mantienen en muy mal estado, caso del que anuncia el legendario Rincón Malillo.

5. Las piedras litográficas de Jerez Industrial

El último caso de expolio nos lleva hasta la calle Taxdirt, donde sobrevive el esqueleto de la empresa Jerez Industrial. Desde hace varios años se venía denunciando el mal estado de conservación y posible robo de las piedras litográficas que adornaban la fachada de este edificio en la calle Marqués de Cádiz. Del siglo XIX y catalogadas como bien de Carácter Singular incluido en la Carta Arqueológica, fueron arrancadas de su lugar recientemente durante el proceso de limpieza de la nave.

Según ha sabido este medio, el propietario de las instalaciones dio permiso a la persona que realizaba estos trabajos de limpieza para que se llevara una de estas placas, si bien acabó llevándoselas todas utilizando como excusa que una vez quitada una se cayeron todas.

lavozdelsur.es se puso en contacto con Antonio S., la persona que se hizo con todas las placas, que afirmó que las había tirado “porque no tienen ningún valor. No entiendo que ahora todo el mundo esté tan pendiente de las placas cuando nunca nadie les ha hecho caso”, dice.

Sin embargo, según pudo saber este medio, este tipo habría intentado chantajear al Ayuntamiento pidiendo 5.000 euros por las piedras. Tras anunciar el teniente de alcaldesa de Cultura, Francisco Camas, en el pleno del pasado 30 de julio que se había denunciado la desaparición en comisaría, días más tarde la Policía Nacional detenía a Antonio S. y recuperaba las piedras, que a día de hoy se encuentran a buen recaudo en el Museo Arqueológico.

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