Opinión

El esperpento

Uno se sorprende al comprobar que aún puede la clase política española ejecutar un “más difícil todavía” aumentando la vergüenza y la indignación del país.

Conforme pasan las fechas, uno se sorprende al comprobar que, si creíamos haber tocado fondo, aún puede la clase política española ejecutar un “más difícil todavía” aumentando la vergüenza y la indignación de un país que, lejos de curarse de espanto, empeora por horas. Y no quisiera dejar títere con cabeza de esta pantomima, porque todos, los de un lado y los del otro, tienen una irritante cuota de responsabilidad en la crisis catalana.

Los independentistas por no medir las consecuencias de un pulso al Estado usando para ello a la población como arma arrojadiza, escudo humano y rehén. El presidente de la nación, por demostrar de nuevo que esto le viene grande… por seguir escondiéndose tras Soraya cuando pintan bastos y no dar un paso al frente con valentía.

El PP por enrocarse en un inmovilismo absurdo, glorificando una constitución con casi 40 años y que no ha sabido adaptarse a los cambios de la sociedad española. El PSOE por estar en desacuerdo con todo sin tener claro nada… por jugar a un rol de mediador sin la credibilidad necesaria. Ciudadanos por echar gasolina al fuego, limón a las heridas y lejía a la ropa tendida. No quisiera ser gobernado por quienes solucionan todo pinchando las ruedas del diálogo o apoderando el nacionalismo más casposo y rancio desde la transición. Unidos Podemos por mirarse el ombligo y pensar en el rédito electoral según el movimiento de cada cual… por pensar en las Generales y en los personalismos antes que en la propia Cataluña. Por hacer de esta crisis una partida de ajedrez.

Al resto de partidos políticos por ponerse de perfil y demostrar un nulo sentido de Estado, y pensar en tender puentes solo cuando la opinión pública europea e internacional se hizo eco del problema catalán. A los empresarios catalanes por haber esperado a que fuese demasiado tarde. Si sus últimas decisiones se hubiesen anunciado con suficiente antelación, el sentimiento independentista seguramente estaría a estas alturas desinflado o incluso desactivado. A la Unión Europea por haberse llevado años echando balones fuera con la cantinela de “es un problema interno de España”, sin valorar el peligro de los movimientos independentistas, y extremistas que están resurgiendo por todo el territorio europeo.

El vodevil continúa. Y poco a poco se suman nuevos actores que convierten la escena política en el más vergonzante esperpento que se recuerda en años. Necesitamos nuevas caras y aire fresco que renueven el crispado ambiente viciado… en definitiva, políticos de los de verdad: con cintura, recursos, ideas, dinamismo, propuestas, y sin complejos. Gente valiente y comprometida con una sociedad cansada de estos espectáculos lamentables.

Feliz día de la Hispanidad a los que lo celebren y a los que no.

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