El esperpento

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El esperpento

12-10-2017 / 09:57 h.

Conforme pasan las fechas, uno se sorprende al comprobar que, si creíamos haber tocado fondo, aún puede la clase política española ejecutar un “más difícil todavía” aumentando la vergüenza y la indignación de un país que, lejos de curarse de espanto, empeora por horas. Y no quisiera dejar títere con cabeza de esta pantomima, porque todos, los de un lado y los del otro, tienen una irritante cuota de responsabilidad en la crisis catalana.

Los independentistas por no medir las consecuencias de un pulso al Estado usando para ello a la población como arma arrojadiza, escudo humano y rehén. El presidente de la nación, por demostrar de nuevo que esto le viene grande… por seguir escondiéndose tras Soraya cuando pintan bastos y no dar un paso al frente con valentía.

El PP por enrocarse en un inmovilismo absurdo, glorificando una constitución con casi 40 años y que no ha sabido adaptarse a los cambios de la sociedad española. El PSOE por estar en desacuerdo con todo sin tener claro nada… por jugar a un rol de mediador sin la credibilidad necesaria. Ciudadanos por echar gasolina al fuego, limón a las heridas y lejía a la ropa tendida. No quisiera ser gobernado por quienes solucionan todo pinchando las ruedas del diálogo o apoderando el nacionalismo más casposo y rancio desde la transición. Unidos Podemos por mirarse el ombligo y pensar en el rédito electoral según el movimiento de cada cual… por pensar en las Generales y en los personalismos antes que en la propia Cataluña. Por hacer de esta crisis una partida de ajedrez.

Al resto de partidos políticos por ponerse de perfil y demostrar un nulo sentido de Estado, y pensar en tender puentes solo cuando la opinión pública europea e internacional se hizo eco del problema catalán. A los empresarios catalanes por haber esperado a que fuese demasiado tarde. Si sus últimas decisiones se hubiesen anunciado con suficiente antelación, el sentimiento independentista seguramente estaría a estas alturas desinflado o incluso desactivado. A la Unión Europea por haberse llevado años echando balones fuera con la cantinela de “es un problema interno de España”, sin valorar el peligro de los movimientos independentistas, y extremistas que están resurgiendo por todo el territorio europeo.

El vodevil continúa. Y poco a poco se suman nuevos actores que convierten la escena política en el más vergonzante esperpento que se recuerda en años. Necesitamos nuevas caras y aire fresco que renueven el crispado ambiente viciado… en definitiva, políticos de los de verdad: con cintura, recursos, ideas, dinamismo, propuestas, y sin complejos. Gente valiente y comprometida con una sociedad cansada de estos espectáculos lamentables.

Feliz día de la Hispanidad a los que lo celebren y a los que no.

 
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