Sociedad

El efecto ‘boomerang’ de ser voluntario: ayudar a cambio de felicidad

Uno de cada once españoles declara hacer tareas de voluntariado con alguna ONG en España, aunque cuatro de cada diez colabora al menos económicamente. El porcentaje de voluntarios es mayor entre los jóvenes y las mujeres, si bien se ha incrementado durante los últimos años entre la ciudadanía en general

Desde 1985, a propuesta de la Asamblea General de Naciones Unidas, que lo decretó el 17 de diciembre de dicho año a través de la Resolución 40/212, se celebra en todo el mundo cada 5 de diciembre el Día Internacional del Voluntariado.  En la resolución la ONU expresa que los voluntarios “pueden proporcionar asistencia técnica y completar las capacidades en todas las áreas de metas temáticas. Proporcionan servicios básicos, ayudan a transferir capacidades y a fomentar intercambios de buenas prácticas, y añaden una valiosa experiencia internacional y local”. Y en esa línea habla del efecto dominó, ya que según las Naciones unidas “Inspira a otras personas e impulsa las transformaciones requeridas para que los alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre ellos el número 16 decidado a promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas, y que estos arraiguen en las comunidades”.

Ceain celebra una tarde de “ceremonia del té” con la comunidad árabe y con la ayuda de sus voluntarias. FOTO: MANU GARCÍA.

No habla, sin embargo, del efecto boomerang, como podríamos denominar lo que sienten los voluntarios al ejercer sus tareas de voluntariado. Todo lo que se lanza, se envía, se da… vuelve. Y vuelve como se lanza, si es arrojado de forma altruista, generosa, solidaria, recíproca, regresa de igual forma. “Es lo que te devuelven”, reconoce Marta, voluntaria en Ceain Jerez desde hace un mes. “Ayudar a personas con problemas y que se acuerden de ti crea satisfacción”, reconoce. Esta joven estudiante de Trabajo Social que antes fue voluntaria en un centro de alzhéimer para personas mayores, le gustan los temas de migraciones y anima a que vengan nuevos voluntarios, “más con el año que hemos tenido”.

Hind, que también ha estudiado Trabajo Social, es marroquí y lleva desde los 3 años en España. “Mi padre vino aquí y con los años hizo reagrupación familiar”, comenta. La joven, de 24 años, se traslada cada día desde Chiclana a Jerez, donde trabaja para esta asociación de convivencia ciudadana e inclusión social, tras haber estado de prácticas y ser voluntaria, colaborando en todo tipo de actividades y en traducciones del árabe.  “Una persona se siente más realizada al ayudar a una persona; cuando ayudas a alguien, te transmite la felicidad y te hace sentir bien”, se sincera. “Ahora es más conocido el tema de hacer voluntariado y la gente se implica más”, cree.

Hind, voluntaria de Ceain. FOTO: MANU GARCÍA.

Lo cierto es que tanto Marta como Hind cumplen el perfil más habitual del voluntariado. Mujer, joven y con estudios superiores. Solo un 38,1% de la población española colabora de alguna forma con una ONG según el Observatorio del Voluntariado y la Plataforma del Voluntariado de España en su informe del año 2016. El porcentaje es mucho más reducido si excluimos la colaboración estrictamente económica. Un 9,3% de la población colabora como voluntaria además de económicamente y solo un 5,5% lo hace exclusivamente como voluntaria. Los porcentajes sin embargo van creciendo año tras año, y la cifra del voluntariado es dos puntos mayor que el año que precede a este estudio.

El caso de Hanna es distinto aunque a las tres les mueve lo mismo: ayudar de forma altruista. “Empecé de voluntaria porque a mí me gusta mucho ayudar, en cualquier cosa estoy metida”, comenta alegre. Esta marroquí llegó en 1997 a España, aquí se casó y tuvo hijos. Hace cinco años, conoció a otra mujer que necesitaba ayuda, y con la que gracias a su conocimiento de árabe pudo arreglarle el papeleo. “Empecé con una señora que estaba aquí, le ayudé con sus trámites de los papeles, porque hay gente que viene aquí y no tiene nadie quien le ayude”, dice.

Pero Hanna no solo traduce árabe o arregla el papeleo de otras personas migrantes que lo necesiten, sino que acompaña a personas mayores y colabora en la Casa de la Mujer, y en las prisiones de Puerto 1, Puerto 2 y Puerto 3, entre otras. “Siempre hace falta voluntarios, de todo”, se sincera.

Hanna, voluntaria de Ceain, sirve el té. FOTO: MANU GARCÍA.

Hanna es precisamente la principal artífice de la ceremonia del te que ha organizado este martes Ceain. Un encuentro multicultural con el que pretenden entablar relaciones entre las personas migrantes presentes, los voluntarios y todos aquellos que se presten. “A las mujeres marroquíes les cuesta relacionarse con hombres. Hemos hecho la ceremonia para que se relacionen y para que los españoles también vengan, para dar a conocer nuestra cultura”, comenta.

Entre vaso de té verde con hierbabuena —el clásico de Marruecos—, un dulce… y los hay de todo tipo. “Yo he hecho todos los dulces”, recuerda mientras regresa a la pequeña cocina que Ceain alberga. Ella y las mujeres de la asociación en la que participa, llamada Bismillah, literalmente, en el nombre de Dios. Una expresión que se utiliza en el mundo árabe antes de hacer una acción casi a modo de bendición. Otro colectivo más donde colabora y ayuda sin pedir nada a cambio. Del efecto dominó al efecto boomerang. Crecer ayudando, la vía del voluntariado.

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