El trote de la culebra

El diablo en la Judería de Jerez

Como tantos lugares mágicos, el barrio judío de Jerez de la Frontera tiene su propia leyenda. Muchas personas que han paseado por el barrio judío, sobre todo de noche, aseguran que han podido escuchar los lamentos de una mujer sollozando, cantando una triste canción. Sonidos que se acercan y se alejan, no sabiendo bien de qué lugar exacto provienen. Es el fantasma de una mujer que vaga sin descanso por el antiguo barrio judío de Jerez.

Algunos consideran que en este mundo, en el que aún nos falta mucho por descubrir, podría ser posible que fantasmas, almas o seres sobrenaturales se encuentren entre nosotros y los ruidos que se escuchan por las noches o las voces que creemos percibir, pueden ser más reales de lo que todo el mundo quiere aceptar.

En el número veinte de la calle Álvar López, parece ser, según la leyenda, existió una casa de un judío importante y rico. En esta calle hubo un gran palacete, pocos años antes de que los Reyes Católicos expulsaran al pueblo Judío de sus territorios. Era un edificio inmenso y rico, con grandes escalinatas y caras columnas de mármol.

Los jerezanos cristianos otorgaron al enclave fama de sitio infernal, dando al dueño del lugar como tratante con espíritus y con el maligno, pues solo este sería capaz de dar a tal persona las suficientes riquezas para construir semejante vivienda. Muchos sabían que el propietario era un viejo judío, que allí vivía con su hija, de espectacular belleza, y a los que rara vez se veía en público.

A esta oscura fama se añadía los comentarios de los vecinos más próximos a la casa afirmar que durante las oscuras noches se oían a través de las paredes extraños rumores, fuertes gemidos de la bella hija del judío y en ocasiones el chirriar de raros instrumentos… Mientras esto sucedía, unas inmensas columnas de humo asomaban por las chimeneas de la casa.

Un día, se escuchó un prolongado rumor, similar al que precede a un terremoto, al tiempo que una intensa llamarada iluminó la noche de Jerez seguida de una terrible explosión que hizo desaparecer la casa del judío envolviéndola toda en llamas.

Numerosos vecinos se aproximaron a ayudar en las tareas de extinción, para evitar que las llamas arrasaran la judería, y con las primeras luces del día, las autoridades de la ciudad se acercaron hasta los rescoldos humeantes de la vivienda, recuperando de entre las ruinas los cuerpos de sus dos habitantes, prácticamente carbonizados. Todos interpretaron sus muertes como una intervención del diablo.

La leyenda sobrevive y se convierte en parte del imaginario colectivo. Recorred sin prisas en la judería jerezana, sus calles y callejones, descubriendo todos sus secretos y dejaos llevar por su silencio. Probablemente en algún rincón os sorprenda de un momento a otro el fantasma del judío rico que tuvo tratos con el demonio.

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