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“El cante es la clave. Si no te gusta, se nota al tocar”

El joven guitarrista Manuel Valencia publica su primer disco, 'Entre mis manos', una "autobiografía musical" donde sintetiza sus vivencias y su trayectoria, siempre guiada por su tío Fernando Terremoto y Gerardo Núñez.

El joven guitarrista Manuel Valencia publica su primer disco, ‘Entre mis manos’, una “autobiografía musical” donde sintetiza su trayectoria.

Manuel Valencia Medrano (Jerez, 1984) pudo ser informático pero la guitarra, a la que lleva abrazado desde que no tenía consciencia, ganó la partida. Recuerda cómo se quedaba embobado en su casa viendo tocar a su tío, Fernando Terremoto, y todavía revive cuando a los once años le regalaron su primera sonanta. Un día, antes de llegar al instituto, le llamaron por teléfono. Era Enrique el Zambo. “¿Te quieres venir a tocar a una fiesta que tenemos en Córdoba? Pero vamos a salir ya”. Nunca más volvió a las clases. “Siempre he querido ser guitarrista pero en ese momento ya tuve claro que me lo tenía que tomar en serio”. Pasó por la academia de Fernando Moreno, por la escuela de José Luis Balao, “con el que descubrí que era capaz de hacer muchas más cosas de las que creía”, y recibió el regalo de su vida al toparse con Gerardo Núñez, que no solo le dio trabajo con su compañía y le descubrió escenarios internacionales, sino que “me enseñó a ver las cosas de otra manera, a pensar en global, y a luchar, a encerrarme para estar preparado para cuando llegara la oportunidad”. Y llegó. 

Giraldillo al guitarrista revelación en la Bienal de 2014, este joven tocaor, que luce orgulloso en su muñeca una pulsera con los colores de la bandera gitana, acaba de resumir lo que acumula de trayectoria artística en Entre mis manos. Un primer disco concebido como “autobiografía musical” en el que, tras diez meses de producción, “me he vaciado, no me queda ahora ni una falseta”. Ocho cortes entre los que lo mismo dedica una minera-fandango (Velo de flor) a su tío, Terremoto hijo, que filtra falsetas del maestro Manuel Morao en el homenaje que le brinda con la seguiriya Patriarca. Autoproducido y distribuido por La Voz del Flamenco, sello del tocaor Pedro Sierra, también incluye una bulería, Báilame, en la que suenan los pies de Pastora Galván y la voz de Felipa del Moreno, su prima, así como la rondeña que dedica a su hijo y que da nombre al disco. “Cuando lo tuve en mis brazos fue la primera vez que lloré de alegría”.

¿Qué sensaciones tiene con este trabajo?

Tengo sensaciones muy positivas porque he conseguido plasmar lo que quería. Siempre se queda uno con alguna espinita clavada porque nunca me quedo conforme, pero más o menos he conseguido plasmar tal y como yo veo la guitarra y lo que quería hacer.

¿A qué suena?

Suena a mi tierra, que es Jerez, y aparte suena a las influencias que he tenido desde chiquitito. Este primer disco prácticamente es como una autobiografía musical, por así decirlo. Hay temas que compuse hace muchos años y otros nuevos. Se puede ver una cronología en la música que ahí se representa. Desde Neferet o Gandinga, que quizás sean los dos primeros, hasta Najando, que ha sido el último, o la rondeña. Hay una diferencia palpable en cuanto a evolución. Es un resumen de todo lo que llevo hecho hasta ahora. 

¿Cómo ha sido la experiencia de grabar este álbum de debú?

Estaba grabando y sabía más o menos el trabajo que tenía, a lo que me enfrentaba, pero hasta que no te metes de verdad no sabes la profundidad que implica. Nadie sabe lo que cuesta hacer una autoproducción salvo el que está metido en esto. No es solo grabarlo es que antes has tenido que encerrarte en tu casa. Le decía a mi mujer: me pongo en modo monje, y me encerraba a tocar doce horas solo en mi casa. Esto es toda una vida. Han sido diez meses de producción del disco pero esto es toda una vida de confundirte, de pegarte chocazos, de alegrías también… A veces no sabes cómo va a funcionar un tema pero luego te sorprenden cosas. Y sucede lo contrario también. 
Usted suena clásico con un toque contemporáneo. ¿Cómo lo hace para no inclinar la balanza? ¿Mide los riesgos?

Yo no mido los riesgos, me dejo llevar por lo que siento. En el momento en el que uno hace lo que le sale de dentro, está bien hecho, aunque puede que no te entiendan. Si alguien dice que está mal, pues lo siento, es lo que me sale del corazón. El equilibrio entre lo nuevo y lo tradicional es difícil de mantener porque es fácil dejarse llevar por las modas. No soy persona de dejarse llevar por las modas, no ya solo como guitarrista. Me considero muy clásico porque es lo que nunca pasa de moda. Soy muy comedido en todo, no soy de pasarme de la raya y creo en el punto medio, que es una virtud. Ahí caben tanto los registros tradicionales al acompañar el cante como soltarse la melena cuando eres concertista. 

¿Recuerda cuándo tuvo su primer contacto con una guitarra?

No me acuerdo, solo recuerdo que mi juguete de pequeño siempre fue una guitarra, he tenido guitarra siempre, sin tener prácticamente uso de razón. Como mi tío Fernando Terremoto siempre estaba en mi casa, me quedaba embobado viéndolo desde pequeño. Con once años ya me compraron una guitarra para que aprendiese y él fue el que me dio mis primeras nociones. Después ya me he ido buscando las papas. He aprendido de unos y de otros, los guitarristas al fin y al cabo somos unos mangantes de unos y de otros. 

¿Escuchaba otra música?

Solo he escuchado flamenco. En mi casa era lo que se escuchaba. Mis tíos quizás ponían algo más modernillo pero no he crecido con otra cosa.

“Mi maestro fue, es y será siempre mi tío Fernando Terremoto. Siempre me guiaba”

¿Y cuándo tuvo claro que quería dedicarse profesionalmente a la guitarra?

Yo veía claro que quería ser guitarrista, pero lo de ser profesional es algo que nunca me lo planteé. Quería estudiar, no se me daban mal los estudios, pero cuando llego la hora de hacer Selectividad no sabía qué estudiar, lo que quería era tocar la guitarra. No hice Selectividad y me metí en un grado superior de Informática. Allí, en los primeros días de clases, me llamó Enrique el Zambo para ir a una fiesta en Córdoba. Antes de entrar en el instituto, me dijo que me tenía que ir ya. Cuando llegué de la fiesta al día siguiente le dije a mi madre que no iba más. A partir de ahí fue cuando dije: ahora ya me tengo que volcar con esto, vamos a hacerlo por derecho y vamos a tomárnoslo en serio. 

Su primer maestro, como ha dicho, lo tenía en casa. ¿Cuál fue su gran lección?

Mi maestro fue, es y será siempre mi tío Fernando Terremoto. Guitarrísticamente ya no me pudo enseñar nada más, pero siempre me guiaba. Me decía por aquí sí y por aquí no, me fue enseñando el camino, y solo he tenido que seguirlo. Me inculcó la raíz, el trabajo, la seriedad… Es más importante que te digan cómo no tienes que hacer las cosas a cómo hay que hacerlas. Hazlas de la manera que quieras pero hazlas bien. Parafraseando al poema de Constantino Kavafis, Gerardo Núñez firma el libreto a modo de presentación del disco. “Alumbrado por un ángel, Manuel Valencia nos trae Entre mis manos; una medina de emociones, Ítaca de juventud. Yo le deseo que su camino sea largo, rico en aventuras, lleno de experiencias, y que nunca apresure su viaje”. 

¿Hasta qué punto ha influido Gerardo en su carrera?

Muchísimo. Hay un antes y un después de conocer a Gerardo, de trabajar con él a cuando ya he pillado mi camino por otros derroteros. Todos los que hemos pasado por allí, todo el que se ha rozado con Gerardo, ve las cosas de otra manera. Él es un guitarrista internacional, al que nadie le ha regalado nada, que se ha hecho a sí mismo. Quiera que no te hace ver las cosas de otra manera y se implica en hacerte ver que el mundo no es solo Jerez, no es solo Andalucía o España, sino que hay que mirar esto de una forma más global, más internacional. Eso te lo inculca. Hay enseñanzas que en el momento me chocaban, no las llega a comprender, pequeños detalles, que luego ves que son verdad.

“Todos los que hemos pasado por allí, todo el que se ha rozado con Gerardo, ve las cosas de otra manera”

¿Por ejemplo?

Todavía no trabajaba ni con él, y me preguntó si estaba trabajando. En aquel momento estaba desanimado, no trabajaba mucho. Y me dijo: tú no te preocupes ahora mismo por trabajar que lo que tienes que hacer es estudiar. Enciérrate en el cuarto y estudia que la oportunidad te llega, pero tienes que estar preparado. Eso se me quedó grabado. Y eso fue lo que hice. Han ido llegando las oportunidades y más o menos las he ido aprovechando bien. Tocar la guitarra de concierto es una cosa y acompañar es otra. Él me insistía mucho en que dejara sonar la guitarra, que sonara todo limpito, y si me tenía que decir “esto no vale nada”, te lo decía en la cara. Aunque te dejara planchado. Si tienes a alguien al lado que es así de claro al final tienes que tener ese punto de humildad de echarle cuenta a los que saben. 

Le ha llegado la oportunidad, de alguna manera, en el peor momento de crisis que se recuerda. 

Estos años de crisis han sido precisamente los años en los que hemos despegado. Con Jesús [Méndez, cantaor al que acompaña habitualmente] lo he hablado mucho, en muchas horas de conversación de coche: ay que ver que en estos años de tantas dificultades nosotros hemos tenido la suerte de subirnos a la ola y despegar. El que haya salido del mundo hace cuatro o cinco años y vea como está ahora, no lo entiende. Cuando el mundo iba para abajo, nosotros íbamos para arriba, hemos tenido esa suerte.Ahora que habla de Jesús, supongo que se entienden en el escenario sin mirarse.

(Risas) Hombre la verdad que me entiendo muy bien con los cantaores porque soy aficionado al cante. Me entiendo muy bien con Jesús Méndez, somos un matrimonio; también tengo mucho feeling con mi compadre David Carpio, y eso se consigue no solo en el escenario, sino fuera. Son muchas horas de viajes, de conversaciones, me cuentan sus problemas, yo los míos, y hay amistad, aparte de la relación profesional. 

¿Influye que a un guitarrista le guste el cante?

Que te guste el cante se nota a la hora de tocar. Si no te gusta el cante, si solo te gusta la guitarra, vas a tocar de otra manera. Eso es matemático. Eso se nota. A lo mejor no es que no te guste el cante pero no eres aficionado, no te has interesado nunca por escuchar cante. Pero es la piedra fundamental, la clave, que hace que todo encaje. A partir de ahí en el flamenco todo va sumado y es lo que hace que se mantenga el arco. Si el cante no se tiene en cuenta no se tiene en cuenta nada. 

¿Qué es lo que menos le gusta del mundo del flamenco?

Es un mundo que con sus defectos y sus virtudes me gusta. Tiene muchos defectos pero te da una recompensa que a nosotros nos hace disfrutar. La balanza está en ese punto, al menos para mí. Me gusta tanto mi trabajo, mi oficio, que a veces te da coraje ciertas cosas pero te compensa. Cuesta trabajo entrar en los escenarios, y más a la guitarra flamenca, pero hay que luchar. Si estamos todo el día quejándonos al final no luchamos. Gerardo nos ha enseñado a no quejarnos tanto de que no nos llamen y sí a trabajar y luchar más. Si te llaman y luego no estás preparado… Es cierto que la guitarra flamenca en España tiene un campo muy corto, donde casi no se programa, y luego por ahí ves teatros de 2.000 o 3.000 personas abarrotados para escuchar guitarra. ¿Eso cómo se lo come uno? Eso da coraje, que no valoren aquí lo que tenemos y que fuera sí te den el sitio que crees que mereces. 

“Da coraje que no valoren aquí lo que tenemos y que fuera sí te den el sitio que crees que mereces”

¿Cómo ve la cultura en este país, cada vez cuesta más llenar un teatro?

La gente no tiene costumbre de ir al teatro, y menos de pagar por una entrada. Si conoce al artista quiere que se la regale. Si tiene que pagar 20 o 25 euros por ir a un concierto se echa las manos a la cabeza. Es una cuestión de mentalidad porque después se gasta ese dinero en lo que sea. Si a mí me gusta un artista pago para verlo, pero claro, ya es cuestión de cuáles son las prioridades de cada uno. Eso es lo que tenemos y tenemos lo que nos merecemos.

¿Cuál es su visión sobre el contexto político en el que vivimos?

La política la veo más negra que tiznada. Me da mucho coraje. Nos están robando, nos están saqueando, y a la gente parece que le da igual, se conforma, o nos conformamos, con quejarnos en las redes sociales, pero luego llega la hora de la verdad y no nos movilizamos. La sociedad está anquilosada, a verlas venir. Si uno quiere cambiar la sociedad creo que tiene que hacer algo más que poner un mensaje de queja en las redes sociales. 

Los jóvenes sufren especialmente las consecuencias de la crisis: precariedad, emigración…

Estamos volviendo 30 años hacia atrás en las condiciones laborales. Como autónomo que soy me da mucho coraje pagar lo que pago salgan los bolos que salgan. Vas a un concierto y todo son gastos, te amargan y a veces no te sale a cuenta trabajar. Te llaman para un bolo, que no está muy bien pagado pero al que tienes que ir, y no te sale a cuenta. Es para pagar todo. Aun así, me doy con un canto en los dientes de cómo me van las cosas.

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