Opinión

El ‘bullying’ son los padres

¿Es lógico aleccionar al hijo o a la hija para que no se acerque a otro niño concreto porque no nos gusta su familia o el trabajo de sus padres?

Sé que puedo meterme en un barrizal si afirmo que eso de tener hijos no debería ser para cualquiera. Voy a explicarme mejor: ser fértiles no es lo mismo que ser aptos para traer individuos indefensos a un mundo cada vez más complicado. Tenemos el derecho (no sé si el deber) de reproducirnos y dar uso a los órganos sanos dispuestos para crear vida. Por supuesto que sí. Con alegría y libertad. Pero una persona no es una adquisición material más. Dirán ustedes que eso es de pura lógica. Vale. Y a las pruebas me remito. Creo, vehementemente, que muchos de los problemas que nuestros hijos tienen hoy día tienen su origen en una mala gestión de nuestra maternidad (y paternidad).

Nadie nos enseña a educar, ni los bebés aprenden como Superman, en una cápsula kryptoniana, en tiempo record, todo lo que deben saber acerca de valores, comportamiento social y buena conducta. No tenemos ni idea, es la verdad. Y pagamos las consecuencias. Pero no todos los papás y mamás reconocen con humildad que no saben hacerlo y muestran su buena disposición a aprender. He ahí la cuestión. Unos padres materialistas, individualistas, acomplejados, frustrados, rencorosos, etc., inocularán a sus retoños todas estas emociones venenosas sin remedio. Y eso después tiene consecuencias en el colegio, en el parque, en la playa, y en todos los lugares donde haya niños interactuando entre sí.

Mala leche ha habido siempre en las escuelas. Niños crueles y mal guiados. Acosadores. Niños matones que han inspirado novelas, películas, series. Claro. Eso del bullying no es nuevo. Sin embargo antes no se hablaba tanto, no se diagnosticaba ni se etiquetaba tanto. Y por eso mismo asombra la paradoja de que en estos tiempos en que la información es máxima, el acoso entre nuestros niños llegue a límites tan extremos como el suicidio.

Pero miren ustedes, solo hay que echar un vistazo a veces a los grupos de Whatsapp de mamás y papás del cole, donde hay enemistades latentes, competitividad, puyitas sin ton ni son. Y los cumpleaños. Ay los cumpleaños. ¿Consideran un comportamiento ético invitar a una clase al completo, excepto a dos, porque sus mamás nos han caído gordas o criticar a las que nunca participan en nada porque quizás están hasta las cejas de trabajo? ¿Es lógico aleccionar al hijo o a la hija para que no se acerque a otro niño concreto porque no nos gusta su familia o el trabajo de sus padres? Lo he vivido.

Y no es nada descabellado: son comportamientos, vicios, adultos. Como lo son no actuar cuando vemos a las claras que excluyen a un niño en nuestras narices, o es nuestro hijo el que excluye a un semejante. Y esos padres con pachorra eterna, a los que tanto admiro (entiéndase el tono sarcástico), que no se inmutan a no ser que un tsunami se los lleve por delante. Pero eso sí, luego exigen responsabilidad al colegio, a la tutoría, a la inspección y al Papa si es necesario. Escurrir el bulto es una habilidad que no se aprende.

En fin. Para ser padres, primero hay que tomar conciencia de qué significa, ser honestos, y prepararnos a fondo, autoexigirnos formación, reciclaje, sentido común y aportar al cosmos una serie de requisitos baremables que garanticen que sí que lo haremos bien, dentro de las lógicas e inofensivas imperfecciones que son intrínsecas al amor, con unos límites. Me atrevo a afirmar que el origen de todas las etiquetas y de todos los problemas está en nosotros, al menos en un alto porcentaje, y que podemos evitar a nuestros críos mucho sufrimiento innecesario si antes recapacitamos y nos curamos la insensatez.

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Comentarios

  1. Hacía bastante tiempo que no leía una burrada de ese calibre. Efectivamente se ha metido en un buen lodazal hasta el cuello. Empezar con la afirmación tajante de que “eso de tener hijos no debería ser para cualquiera” es verdaderamente inquietante por la evidente carga totalitaria que conlleva sin pudor alguno. Negar el derecho de cualquier persona fértil a la paternidad está directísimamente alineado con las leyes eugenésicas nazis, entre otras, y con las leyes maoístas del hijo único; y, por supuesto, con las ideologías promovidas por diversas agencias y lobbies de la ONU para reducir la natalidad en Occidente, que están llevando a Europa al suicidio demográfico, con España a la cabeza.
    Además, en la hipótesis de esa terrible, absurda e inconstitucional limitación y regulación del derecho a la paternidad auspiciada por la autora, ¿quién otorgaría el carnet para poder ser padre? ¿Bajo qué criterios y programa de “reeducación”? Mejor no me responda a estas preguntas porque cualquier respuesta sería abundar en el disparate.
    Otra cosa diferente, que ya tiene muchas décadas y que muchos que somos padres hicimos en su momento es leer libros especializados sobre el buen desempeño de los padres (que varía según el hijo va cumpliendo años) y acudir a cursos y conferencias para padres; ahí sí que hay una labor promotora de los poderes públicos, pero jamás interferir lo más mínimo en el intocable derecho a la paternidad, salvo para protegerlo e incentivarlo, que falta hace.

    1. A ver, explíquenos, por favor, dónde está la ironía en su afirmación inicial, que es el soporte del resto de su artículo: “Sé que puedo meterme en un barrizal si afirmo que eso de tener hijos no debería ser para cualquiera. Voy a explicarme mejor: ser fértiles no es lo mismo que ser aptos para traer individuos indefensos a un mundo cada vez más complicado”. Le aseguro que tengo una excelente comprensión lectora y que su artículo es muy fácil de entender (no es un ensayo sobre ecuaciones diofánticas, precisamente), de forma que la ridícula treta de tratar de hacernos creer que no quiso decir lo que dijo, que es una “ironía” tan aguda que no soy capaz de entenderla, no cuela; por cierto, el otro único comentarista a su artículo tampoco lo ha entendido así, aunque se haya alineado con su disparatada tesis. Y, por cierto también, ni este mundo es más complicado (todo lo contrario) que el de épocas históricas anteriores para criar a los hijos ni nadie está nunca suficientemente preparado para ser padre, como bien sabemos quienes sí lo somos; ¿es usted madre o escribe de oídas y por ciencia infusa?
      Al margen de lo anterior, usted no levanta ampollas, qué más quisiera; simplemente escribe de forma impulsiva, sin documentarse, sin reflexionar y abducida por determinadas ideologías dominantes, lo que necesariamente le conduce a redactar verdaderos disparates que, eso sí, no deben quedar sin respuesta contundente. Usted podría quizá levantar ampollas si triturara con rigor pseudo-tesis e ideologías extendidas y asumidas acríticamente, vamos, si tuviera un pensamiento verdaderamente propio, original y crítico, al modo que preconizaba Platón; pero, hoy por hoy, se encuentra muy lejos de eso. Tan lejos que, en lugar de aceptar o rechazar con fundamento mi comentario muy crítico pero en absoluto insultante, se limita a calificarme como burro, nazi y totalitario, cuando yo no le he atribuido esos adjetivos a usted, que considero que es una mera víctima ingenua de su falta de rigor, de su temeridad, sino a su tesis delirante. Porque, ¿sabe usted?, solo se respeta a las personas, pero las ideas están para ser trituradas sin misericordia siempre que se pueda y sepa hacerlo, en eso se ha basado el progreso de Occidente. Eso es lo que debe estar dispuesto a afrontar quien escribe una columna de opinión en un medio de comunicación; usted ha demostrado no estar aún preparada para ello, le falta humildad y trabajo metódico. No está acostumbrada a la crítica dura, que, sin embargo, es la que paradójicamente la puede llevar a mejorar; pero conmigo ha pinchado en hueso porque yo no voy a cejar de rebatir sus tesis (o las de cualquier otro) siempre que lo considere oportuno.
      No doy mis apellidos no por falta de valentía como usted dice, sino porque deseo mantener mi derecho constitucional fundamental a la privacidad, ¿sabe lo que es eso?, especialmente frente a personas de su sectarismo; usted está también en su perfecto derecho de firmar sus columnas con un seudónimo si le place, como hicieron y hacen bastantes escritores y periodistas (algunos tan brillantes como Azorín), cosa entendible y que a mí me resulta indiferente. Quiénes seamos usted o yo carece aquí de importancia; lo único aquí relevante es lo que digamos cada uno. Y no se obsesione; tampoco soy su “hater” (¡qué nefasta manía de usar palabras inglesas con lo rico y preciso que es el idioma español!), no la odio, eso es lo que usted quisiera para tratar de desacreditar mi crítica que aún no ha rebatido; odiar es agotador y usted no me ha hecho nada que merezca semejante esfuerzo, tan solo se merece, por el momento, el menor de mis desprecios intelectuales. Esfuércese de verdad, redacte columnas con verdadero rigor, ceñidas a la realidad material, alejadas de cualquier dogmática, cuaje una línea propia, original, fundamentada y coherente de pensamiento, con verdadera profesionalidad, y estaré encantado de felicitarla. ¿Lo conseguirá?

      1. Acaba usted de retratarse perfectamente. ¿Leen esto sus alumnos y su(-s) hijo(-s)? Vaya ejemplito de “talante”, y luego pretende ir impartiendo jactanciosamente lecciones de cómo ser madre.
        Verá; esto es muy sencillo. Como le dije mis calificativos (que no son insultos) se refieren claramente a su tesis no a usted, otra cosa es que usted los somatice. Usted escribe, desde luego no profesionalmente (eso salta a la vista), lo que le parece oportuno en este medio público que, como todo medio democrático, nos permite a los lectores comentar los artículos que publica; así que, le guste o no, leeré sus columnas siempre que me parezca oportuno y haré los comentarios que también considere oportunos, porque aquí y hasta ahora la única que ha perdido los papeles vergonzosamente es usted con sus exabruptos soeces. ¿Lo entiende ahora?

    2. Según nuestra experiencia como padres te voy a dar la razón en la primera parte, Nuestro hijo ha vivido esas situaciones de ser excluido por padres.
      Los que le dieron la oportunidad de jugar con sus hijos y llegaron a conocerle, ahora le aprecian muchisimo .
      Pero también te voy a decir que los que más daño le han hecho son los docentes, dirección, educacion.
      Un patrón muy común de bullying no es a los niños tímidos y calladitos como se cree. Sino a los niños vitales, movidos, juguetones, esos niñosos que no están lo suficientemente quietos como desearía la docente, aunque esos niños sean nobles y no se metan con nadie. Los demás críos detectan que pueden echarle las culpas de todo a él , pues está acostumbrado a recibir broncas, castigos. Los padres al principio nos unimos a los docentes en lo de corregirle, más castigos y riñas en casa, hasta que un día vas al patio a verle y te das cuenta que no es esa la verdad. Entonces intentas darle la vuelta, pero el daño ya está hecho, ya está etiquetado, y los demás niños haciéndole vacío, burlas y nadie que le ayudará.
      Ahora está en otro colegio y es feliz, tiene amigos, hasta unos padres se lo han llevado de vacaciones y dicen que es muy educado.
      En nuestro caso el bullying se inició en el colegio, y esta experiencia tan dolorosa e injusta no se la deseo a nadie.

  2. A ver si entendemos el mensaje, lo que se cuestiona aquí es ese sectarismo generado por los padres que al final terminan excluyendo a alguien, esa competitividad absurda como si algún padre le importe que el hijo de otra se mejor en esto que en lo otro, se trata de fomentar la humildad, cualidad que al ser humano le cuesta adquirir, a mi me importa una m….. que el hijo de me vecina sea ingeniero de la NASA, me importa que mijo crezca con mínimo de valores. En fin que me parece una buena critica sin quitarle peso al gran problema de Bullying generado por aquellos hijos de p… que nunca debieron nacer.

    1. A ver, eso de negarle a quien sea el derecho a nacer está completamente fuera de lugar; ¿ no le parece?
      Centrándonos en el tema del acoso escolar (llamarle bullying es un papanatismo), los principales responsables son, en primer lugar, los niños acosadores por acción (que suelen presentar alguna psicopatología que puede y suele tener causa en su entorno familiar) y, en segundo lugar, los maestros por incuria, omisión, cuando no consentimiento, causados por una deficiente formación y por falta de autoridad y de vocación. Los padres suelen ser los últimos en enterarse tanto cuando su hijo es el acosado como cuando es el acosador. Si algunos padres desarrollan conductas inapropiadas incentivadoras de una situación de acoso escolar, es responsabilidad del colegio hacérselo notar con el énfasis necesario.

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