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El arquitecto jerezano que se convirtió en luthier

El joven Javier Mejías es un artesano de la guitarra incansable y apasionado del flamenco: "No me gusta tener en cuenta el tiempo porque lo importante es que lo que haya hecho tenga calidad".

El joven Javier Mejías es un artesano de la guitarra incansable y apasionado del flamenco: “No me gusta tener en cuenta el tiempo; lo importante es la calidad”.

Su taller es el fiel reflejo de su pasión: la música. Artesano de profesión y devoto del sonido de la guitarra, Javier Mejías Gómez (Jerez, 1981) despierta cada mañana con la melodía de las cuerdas flamencas en su cabeza. Los versos de Machado en la voz de Fernando de la Morena hacen de guía en su día a día a la hora de trabajar con la guitarra: Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa más que el hacerlas, cantaba el cantaor recordando al poeta. “Todo lo hago a mano incluso el barnizado. Busco siempre hacer la mejor guitarra posible sin pensar en el tiempo. Me gusta buscar la calidad del sonido y del instrumento, lo demás viene solo”.

Estudió Arquitectura en Madrid, una profesión que pone en práctica a la hora de diseñar la guitarra sin olvidar los valores del artesano que aprendió de la mano de Rafael López, su primer maestro de artesanía en Cádiz. “Desde siempre he sido aficionado a la guitarra. En un principio no pensé en dedicarme a esto, pero cuando estaba con el proyecto de la carrera volví a retomar mis estudios de guitarra con El Carbonero. Busqué información de cara a la artesanía del instrumento y me fui a Cádiz a aprender con Rafael, allí aprendí e hice mi primera guitarra”.

A raíz de aquello, el bueno de Javier Mejías comenzó a tomarse en serio su pasión como artesano, estudiando la manera de construir el mueble, pero sin dejar de lado el instrumento. “Hay que saber cómo se comporta la madera. Es un ser vivo y tienes que saber tratarlo. Mi formación de arquitecto me ha servido porque cuando diseñas el instrumento tienes que saber de física o geometría”.

Decidió dar un paso en serio después de construir su segunda guitarra en Málaga, donde aprendió con el maestro José Ángel Chacón. Se lió la manta a la cabeza y montó su propio taller con el nombre de Guitarras Mejías. “Me busco la vida para buscar las maderas, aunque proceden de los cinco continentes. No sirve cualquier tipo de madera, tiene que ser de calidad. Me apoyo en los conocimientos que he ido teniendo de mis maestros, pero tengo que buscarme las papas. En Jerez no puedes hacer cualquier guitarra, esta ciudad es de tradición flamenca y hay que hacer siempre un instrumento de calidad”.

El tiempo pasa, pero a Javier no le gusta marcarse plazos, lo importante es que tanto el mueble como el instrumento construido estén bien cohesionados. “Me puedo tirar tres o cuatro meses para hacer dos guitarras, pero yo me marco mis propias pautas de trabajo. No me gusta tener en cuenta el tiempo porque lo importante es que lo que haya hecho tenga calidad. Uno va buscando un sonido que tiene en su cabeza, y ese sonido tiene que tener una riqueza”.

Cada guitarra terminada de Javier tiene su propia personalidad, al igual que cada guitarrista cuando coge su instrumento aporta su sentimiento a las cuerdas. “La guitarra es la herramienta del guitarrista, ellos son los genios y el instrumento les tiene que inspirar o facilitar lo que quieren transmitir. Un buen artesano puede ponerse a currar y llegar a ser un maestro, pero los artistas son ellos y eso siempre son palabras mayores. Me apasiona que cuando hago una guitarra después la pueda ver en la mano de algunos de ellos”.

Cada herramienta del taller de Javier está ordenada con sumo cuidado. El olor a madera se mezcla con el sonido de la pasión flamenca que pone en sus trabajos, una labor totalmente diferente a la de fábrica. “Nunca hay dos guitarras iguales, algunos parámetros se pueden ajustar según las manos que vayan a tocar el instrumento, sobre todo atendiendo a su pulsación y si se trata de una guitarra solista o para el acompañamiento. Este instrumento es como una mujer, a cada uno le gusta la suya. No hay una guitarra perfecta, aunque todos aspiramos a hacer una buena, que se pueda adaptar al que la toque. En la labor del artesano destaca principalmente todo el trabajo que hay que hacer”.

Los dibujos técnicos de sus paneles denotan la gran labor de este jerezano, mezclados con la luz que desprende la pequeña bombilla del flexo que alumbra el panel en el que se apoya para cortar. “Antonio Torres dejó una plantilla hecha, pero a partir de ahí hay que evolucionar y buscar tu propia plantilla. Buscas lo que quieres hacer teniendo en cuenta el sonido que quieres buscar. Al final se trata de que tenga algo de tu personalidad y puedas identificar el sonido”.

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