JerezEconomía

El apeadero fantasma

La pobre coordinación en los horarios y paradas, y la mala racha que arrastra La Parra infrautilizan la estación de tren del Aeropuerto de Jerez, que costó 11,3 millones de euros de dinero público en plena crisis. 

La pobre coordinación de horarios y la mala racha que arrastra La Parra infrautilizan la estación de tren del Aeropuerto de Jerez, que costó 11,3 millones de dinero público en plena crisis. 

La ocasión en la que el apeadero del Aeropuerto de Jerez estuvo más concurrido tuvo lugar el 7 de septiembre de 2011. Un ministro, un presidente autonómico, una alcaldesa, consejeros, delegados, altos cargos, asesores, periodistas… hasta 70 empleados de Visteon reclamaron allí mismo al entonces máximo responsable de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, soluciones al cierre de la factoría de El Puerto. Era la flamante inauguración de las instalaciones y solo restaban unos meses para la campaña de las últimas elecciones generales. Sí, aquella en la que Rajoy prometió todo aquello que no iba a hacer y después nos hizo. Brillaban los carteles con el rótulo ‘Aeropuerto de Jerez’ y también relucía la placa en la que aún reza ‘Línea de Alta Velocidad Sevilla-Cádiz’, un proyecto estatal que a día de hoy sigue sin completarse. La inversión de dinero público en el apeadero fue de algo más de 11,3 millones de euros, rondando los 2.000 millones de las antiguas pesetas. 

Hace cuatro años de aquello y a la coqueta estación junto a la terminal de La Parra solo le falta ahora ese matojo rodante que cruza el chaparral en todas las películas del Oeste. No hay nadie. Acaba de detenerse un convoy y bajan cinco personas. Son casi las 12 y media del mediodía de un martes laborable. El movimiento parece que debería de ser otro. A las 6:50 horas del siguiente día sale el primer vuelo de la mañana, Jerez-Barajas Adolfo Suárez. Hay posibilidad de que un tren de Media Distancia te deje en el apeadero a las 6:24. Con suerte, si es puntual, apenas habrá 20 minutos y pico para cruzar todo el aparcamiento en superficie, traspasar el arco de seguridad y lograr embarcar. No habría tiempo material si hubiera que facturar la maleta. Todo el mundo sabe que en los aeropuertos hay que estar con suficiente antelación. ¿Cercanías? Imposible, llega al apeadero unos quince minutos después de que el primer vuelo de la mañana a Madrid haya despegado.

“La estación del AVE hará de este aeropuerto una instalación única”, decía en 2009 el exdirector de La Parra.

Para el siguiente vuelo a la capital española -que sirve de escala para numerosos vuelos nacionales e internacionales con conexión con Jerez-, 10:25 de la mañana, no puedes llegar en un Media Distancia porque para en el apeadero a las 10:23, pero sí puedes esperar más de dos horas en la terminal si te montas en un Cercanías que hace parada a las 8:09. Si has salido desde la estación central de Jerez el trayecto cuesta 2,45 euros (un taxi al aeropuerto suele rondar los 20 euros), pero su poco sentido práctico hacen casi inviable esta solución. Y así todos los días, y con muchos de los horarios de despegue y aterrizaje. Con su inversión colosal precrisis, con su gasto en mantenimiento, con su (casi) inutilidad, con todos esos avíos de un país disparatado. 

“La estación del AVE hará de este aeropuerto una instalación única”, aseguraba Estanislao Pérez Vázquez, entonces director de La Parra, en una entrevista en septiembre de 2009 en las páginas de Diario de Jerez. El momento era ese en el que Zapatero se empeñaba en negar la crisis como los músicos seguían tocando en el hundimiento del Titanic. Y añadía el directivo de Aena: “En un futuro próximo, esta infraestructura nos permitirá ofrecer un completo sistema intermodal de transportes, ello supone además un gran valor añadido a la hora de atraer nuevas compañías y consolidar la actividad de las ya existentes”. Podía sacar pecho. Aquel año se cerró por encima del millón de viajeros. El pasado año se finiquitó con apenas 750.000 usuarios. Las compañías no han hecho más que huir, y venir, venir, han venido pocas.
En junio de 2012, el actual director del Aeropuerto de Jerez, Rafael de Reyna, reclamaba a la gestora de las infraestructuras ferroviarias, Adif, que incrementara el número de paradas de trenes de Cercanías y Media Distancia en el apeadero junto al aeródromo que dirige. En el mencionado rotativo local, De Reyna abogaba “porque se dote de una conexión a la hora al apeadero para que de esta forma pueda ser más utilizado por los potenciales usuarios, ya sean pasajeros o trabajadores del aeropuerto de Jerez y su entorno”. Respondía Adif unos meses después, mayo de 2013: “Casi la mitad de los trenes con Sevilla pararán en el aeropuerto”. 

Renfe informaba que pasaban a ser 11 los trenes por cada sentido que prestaban servicio en la parada Aeropuerto de Jerez frente a los cuatro que había en ese momento. Incluso la Subdelegación del Gobierno había hecho presión al asegurar que hasta entonces apenas 75 personas -siete con destino en Jerez y otras 68 que viajaban a ciudades enclavadas en lo que se suele denominar como media distancia- hacían uso de las infrautilizadas y costosas instalaciones. Este medio no ha podido conseguir a través de Renfe los datos actualizados de usuarios del apeadero.

Lo lógico es que entre negocios públicos no hubiese competencia. Pero el Aeropuerto de Jerez entra en competencia directa con el AVE y el Alvia. Billetes de ida y vuelta a Madrid a precios de ir a Nueva York en Navidad, y trenes confortables que en tres horas y 20 te ponen en la capital sin tener que perder tiempo en terminales y puertas de embarque. Descartando un descabellado boicot, la cosa se ha movido poco a pesar de los ajustes horarios. Ni la estación es rentable, ni el aeropuerto tiene vuelos como para que sea razonable exigir mayor coordinación y frecuencia de trenes.

“Aquí siempre hay poco movimiento; ahora paran más trenes pero se baja poca gente. También depende del vuelo. Para el de Barcelona siempre parece que hay más movimiento. TIene que comer todo el mundo, los taxistas, los autobuses…”, asegura un trabajador del aparcamiento del aeródromo jerezano, que linda con el apeadero de Renfe. Con prisas, una mujer arrastra su maleta tras descender del tren: “No soy de aquí; lo he cogido en El Puerto, venía lleno”. Junto a ella, se han bajado dos parejas más. Son las 12 y media de un día laborable. Pasará mucho tiempo hasta amortizar los 11,3 millones de euros que se invirtieron en el apeadero Aeropuerto de Jerez, de los que 300.000 euros se destinaron a mobiliario para una estación, por cierto, sin baño público. 

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