Roedores de cultura

‘El ángel triste’: la historia de “una alimaña infernal adicta a la vagancia y la sensualidad”

David Pérez Merinero, José Antonio Carmona y el editor Rafael Lindem presentan en la Fundación Caballero Bonald la reedición de la obra del polifacético creador

Carlos Pérez Merinero (1950-2012) fue escritor, guionista y director de cine, un verdadero creador polifacético. El ángel triste (1983) acaba de ser reeditada por Ediciones Vernacci. Se ha dado nueva vida al texto, con un atractivo formato en papel que imita una clásica cinta de vídeo. En la cubierta nos dicen que: “Narra el lento descenso al abismo de alguien que nació ángel, perdió las alas en el anonimato de un apartamento y acabó reptando como una alimaña infernal adicta a la vagancia y la sensualidad”. Estamos ante una de las obras más conocidas de Carlos. Incluso han rodado dos películas sobre ella: Bajo en nicotina y Bueno y tierno como un ángel. Su hermano David se ha propuesto ordenar y publicar todas las obras de Carlos que aún no habían visto la luz. Cuando le preguntan por qué tanto empeño en recuperar y cuidar los escritos de Carlos, una colección de 23 volúmenes ya, suele responder como lo hizo aquel famoso y magullado escalador al explicar su afición a subir montañas: “Porque están ahí”. Y eso es “lo que me pasa a mí con las cosas de Carlos: estaban ahí”. El ángel triste se publica fuera de esa colección.

José Antonio Carmona, fotógrafo y especialista en cine, radio y televisión,fue amigo de infancia y compañero de clase de Carlos en Jerez. En lugar de hablar de literatura o de cine, Carmona realizó un retrato personal del escritor. Habló de tres fases: la primera transcurre en La Salle, en la infancia; la segunda, atraviesa los años noventa; y la tercera, la actualidad, a través de su relación con David. Recordó dos acontecimientos significativos de la época de La Salle, uno relacionado con el cine y otro con la literatura. “Nos poníamos en el cine al lado de la máquina, porque nos gustaba su sonido. Las películas eran en blanco y negro, de serie B, vidas de santos, historias de romanos… El que echaba las películas era Pepe Rosales, padre del poeta José Mateos… Y cuando, de vuelta del colegio, pasábamos por el cine Maravillas, que estaba en la rotonda de Los Casinos, nos gustaba pararnos a ver los carteles, con las fotos de las actrices…”.

La otra anécdota tiene que ver con la literatura. José Antonio Carmona era el poeta oficial del grupo, el escritor en una clase de deportistas, sin embargo, hubo un concurso de redacción y lo ganó Carlos, “un estudiante de primera división, siempre en el cuadro de honor”. David nos recordó que Carlos tenía que haber ido a la fase provincial de ese concurso de la Coca-Cola. Pero algo sucedió, quizás no llegó el autobús, y Carlos no acudió. Un enigma…

Otro momento de la presentación. FOTO: Manu García.

En julio de 1966 Carlos se fue a Madrid y Carmona le perdió la pista, como a tantos otros compañeros. Muchos años después, en la librería Alternativa se encontró con dos libros suyos: Días de guardar y Llamando a las puertas del infierno. José Antonio Carmona se quedó asombrado con lo que leyó. De hecho, nos recitó un párrafo de Días de guardar para que nos hiciéramos a la idea… Eso no tenía nada que ver con el Carlos Pérez Merinero que conoció en la infancia. Y se leyó de un tirón el libro, “porque Carlos tenía la habilidad de meterse en los personajes más viles, más asesinos, más inmorales, y todo con mucha sangre…”. Gracias a Fernando Domínguez, que llevaba la librería, pudo entrar en contacto con Carlos. Así comenzó una relación telefónica. Lo invitó a Jerez, pero ya no quería viajar. Y se enteró de su fallecimiento viendo la retransmisión de los premios Goya. La tercera fase tiene que ver con su hermano David, ya que hace tres años realizaron juntos un homenaje a Carlos. David nos recordó que, para entender a este escritor de novela negra, hay que conocer la vida cotidiana en el barrio de La Asunción en los años cincuenta y sesenta, “allí solo se hablaba de sexo, cine, fútbol y tebeos”. Este consejo se lo dio a un hispanista que quería investigar sobre la obra literaria de su hermano.

El editor no conoció personalmente a Carlos. Se acercó a él por medio de sus libros. Más tarde sabría que fue guionista de La huella del crimen y Crónicas del mal, series muy admiradas por Rafael Lindem. “El libro me vino recomendado por un club de lectura de Cuenca”. A partir de ahí se puso en contacto con David y le propuso realizar una reedición. A través de El ángel triste Rafael conoció al escritor. “Ha sido un proceso en el que he podido llegar a sentir la guía de Carlos”. Es un autor que no ha tenido hasta ahora el reconocimiento que merece, dada la calidad de su trabajo, remarcó Rafael. “Me di cuenta de que merecía un libro en condiciones”. Por eso Rafael le ha hecho “un traje, una envoltura, a la medida”. Ha sentido la presencia de la figura inquietante y rebelde de Carlos durante el trabajo de edición. Pero Rafael reconoce que quizá haya mitificado al autor, ya que no ha tenido la posibilidad de conocer su lado más humano y débil.

“Sin embargo, sí conozco sus sueños y la visión que tiene del mundo y por qué empatiza con personajes tan repugnantes como el protagonista de El ángel triste, seres que no tienen nada que ver con él: es por una especie de rabia interior edulcorada con mucho sentido del humor.” David está muy satisfecho con el trabajo que ha realizado Rafael, “ha sabido captar el espíritu de Carlos”. El editor, por último, resaltó el trabajo gráfico de Santiago Sequeiros y Daniel Parra. El prólogo es de Mariano Sánchez Soler. Todos coincidieron en que se trata de un libro que no ha perdido actualidad, una obra muy entretenida y que merece otra película, a ser posible mejor que las anteriores.

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