El club del Pitufo gruñón

¡El Amazonas, imbécil!

Ayer quedé con Pitufo Gruñón y su amiga Pitufina. Nos sentamos los tres en la terraza de un bar. Pidieron dos zumos de piña, yo una cerveza 0,0 que el camarero sirvió de inmediato. Les conté que el viernes fui a la manifestación contra al cambio climático. Con gesto serio, extraño en ella, Pitufina contó entonces cómo en su aldea, la vida ya no es tan apacible. Recordaba ella, que hacía ya varios años, el Pitufo Meteorólogo les avisaba sobre un cambio climático que, provocado por los humanos, ha llevado a que no haya pitufo que sepa cuándo es verano o cuándo invierno. El calor es cada vez más insoportable, las lluvias torrenciales han inundado la aldea en varias ocasiones y cada vez son más frecuentes los tornados.

Con su tono habitual, enfadado, Gruñón recordó las estupideces que algún que otro político ha dicho sobre la cuestión, frivolizando sin escrúpulos sobre tema tan serio. Desde aquel primo físico y negacionista de Rajoy —nótese que utilizo aquí las dos acepciones del término primo—, hasta la visión paranoica de Vox negando el cambio climático a la vez que culpa a los países pobres en vías de desarrollo, del mismo.

—¿El de Vox es el que montaba a caballo?, preguntó entonces la Pitufa rubia.

—Así es, respondí yo.

—Pues como esto siga así, en unos años tendrá que anunciarse montado en un camello entre dunas de arena.

Sonreí mientras mi mente recreaba la imagen de un Santiago Abascal vestido de árabe, cual Lawrence de Arabia. Lo más gracioso, cuando lo piensas, es que el personaje no desentona con turbante y chilaba. Con la barba un pelín más afilada, sería un Abderramán perfecto. Permitidme que haga un inciso en mi historia para evitar que el amigo Abascal se lleve un disgusto por culpa de mi imaginación perversa. No te enfades Santi, tus ocho apellidos españoles no corren peligro. El parecido será cosa de algún gen recesivo que una de tus tatarabuelas dejó pasar, víctima impetuosa, seguramente, de alguna que otra pasión turca. Estas cosas pasan incluso en las mejores familias.

Acabado el inciso, continúo con mi encuentro Pitufo. La conversación climática nos llevó irremediablemente a destacar a Greta Thunberg. Sí, esa niña que lidera el movimiento para luchar contra el cambio climático y se permite abroncar a altos dirigentes políticos y fulminar, con su mirada, al ser más estúpido y arrogante que hay sobre la faz de la tierra, también conocido como presidente de los EEUU.

—A estos se la pimpla —dijo entonces Gruñón— tanto unos como otros utilizan este tema para ganar votos y asegurarse sus buenos sueldos. ¿Dónde está la España líder en energías renovables que nos prometió Zapatero? ¿Dónde las medidas ecológicas de Sánchez?.

Nos quedamos un rato en silencio, Gruñón tenía razón. Pero Pitufina añadió un matiz

—No les importa el planeta, pero sí les preocupa su imagen pública. ¿Acaso no visteis el ridículo del alcalde de Madrid cuando el pasado lunes una niña le preguntó de manera “inocente” que eligiera entre salvar Notre Dame o el Amazonas? A la increíble, y sin sentido, respuesta del señor Martínez-Almeida decidiéndose por la catedral francesa, siguieron los embarazosos minutos en los que, a pesar de las patéticas piruetas lingüísticas justificando su decisión, los escolares le respondían incrédulos ante la torpeza de la misma.

—¡Pero si el Amazonas es el pulmón del planeta!, exclamó una joven indignada cuya buena educación le llevó, con toda seguridad, a omitir a continuación la frase que realmente se escondía en su conciencia: ¡El Amazonas, imbécil! ¡Es el Amazonas! La cara y los sudores del Alcalde garantizaban, al menos, que no estaba pasando un buen momento.

—Me alegro -les dije-, este señor es el mismo inútil que el otro día, en un minuto de silencio por la muerte de otra mujer a manos de su pareja, se acercó dubitativo a su verdadero jefe, Ortega Smith, para al final admitir que no estaba de acuerdo con ¡la ideología de género y el feminismo del 8 de marzo!!! ¡Toma ya! ¡Ponme la mano aquí, Catalina mía! , como decía el tango de Manuel Vallejo hace casi un siglo y que ahora canta Rosalía.

Mientras yo me enfadaba con el gemelo de Austin Powers, los ojos de Pitufina se iluminaron al hablar de estas niñas. Parecía que depositara un rayo de esperanza en esos jóvenes:

—El futuro es de los niños y niñas como estos.

—No soy tan optimista -respondió Gruñón con su habitual tono de enfado…-, aunque, reconozcámoslo, ya hay niñas y niños de doce años que han protestado y luchado más que los tíos de tu generación en toda su vida, sentenció con aquel dardo dirigido a mi persona para, después, acabar de un trago su zumo y depositar con fuerza el vaso sobre la mesa.

Lo peor es que no tuve respuesta. Gruñón tenía razón de nuevo. Tras un rato más de charla cómplice, marché avergonzado. Y aquí estoy, aún impregnado de esa sensación mientras escribo estas líneas. Probablemente sea repetitivo en mis artículos. Si es así, le pido perdón a mi admirado Francisco Romero y a sus compañeros, los cuales me dan la oportunidad quincenalmente de desahogarme en esta columna.

Pero cuando me enervo, me pongo pesado y cansino. Me hierve la sangre. Los que deberíamos liderar las protestas ante este mundo desigual, injusto y contaminado que le dejamos en herencia a nuestros hijos e hijas, nos apartamos para que los que luchen sean, una vez más, las abuelas y las niñas. ¡Y digo bien, abuelas y niñas! ¡Sí, en femenino! Quién no se sienta integrado es lo que hay. Lo digo en femenino porque las mujeres son mayoría en las protestas y movimientos sociales. Lo digo en femenino porque su espíritu de lucha es mucho mayor que el nuestro. Lo digo en femenino por mi amiga Pitufina. Y, sobre todo, lo digo en femenino porque me sale de los coj…

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Comentarios

  1. Efectivamente, la respuesta del alcalde de Madrid, Martínez-Almeida, a la pregunta (nada “inocente”, como pretende colarnos el autor, sino muy probablemente teledirigida) de una niña fue verdaderamente torpe, pero no por lo que el autor apunta, sino justamente por lo contrario, porque lo que debió responder Martínez-Almeida era negar la misma premisa de partida de la pregunta de marras; no hay que “elegir” entre salvar la catedral de Notre Dame o salvar el Amazonas, ya que, aparte de que ambas acciones son perfectamente compatibles, la destrucción de Notre Dame por un incendio es innegable, evidente, mientras que el Amazonas dista mucho de estar destruido por muchas campañas catastrofistas que, ¡oh, “casualidad”!, se organizan ahora contra Bolsonaro, como si durante los mandatos de los corruptísimos Lula y Rousseff no hubiera habido también incendios forestales en aquella gran cuenca fluvial. Así la respuesta correcta es que no hay que “elegir”, sino que Francia debe salvar Notre Dame de la ruina, cosa que ya está haciendo, y, además, Brasil debe proteger más aún la cuenca del Amazonas, y que España (menos aun Madrid) no tiene ninguna responsabilidad en ninguno de esos dos asuntos.
    Al margen de lo anterior, hace falta ser un primo rematado (en el sentido benévolo de ingenuo) para calificar como “primos” a quienes no comulgamos con las ruedas de molino de la ideología acientífica del cambio climático, entre quienes se cuentan centenares de científicos de los de verdad, singularmente destaca por su clarividencia el premio Nobel de Física Ivar Giaever, cuyas conferencias sobre este asunto (disponibles en Youtube, en inglés) son verdaderamente demoledoras. Las mediciones de la temperatura de la Tierra distan mucho de ser fiables por la escasa y heterogénea distribución espacial de los termómetros que intentan medirla (mucho menos para hacer comparaciones con décadas muy anteriores como frívolamente se hace) y, desde luego, en ningún caso con la pretendida precisión de décimas de grado que manejan los calentólogos; la famosa curva del “palo de hockey” que popularizó Al Gore con profusión de medios económicos no se está cumpliendo, hasta el punto de que ya ni siquiera los calentólogos hablan de “calentamiento global”, sino de “cambio climático”, un pleonasmo bajo el que se puede se puede decir cualquier cosa y su contraria; aun con las cifras que proporcionan los “calentólogos”, las supuestas variaciones en la temperatura de la Tierra son ridículas y más ridícula es la parte de esa variación que supuestamente atribuyen a la actividad humana; el clima de la Tierra viene determinado en su casi totalidad por la actividad solar y por la actividad volcánica; y no hay que olvidar que el clima de la Tierra es lo que en matemáticas se define como un sistema caótico, es decir, un sistema en el que una pequeña variación en las condiciones de partida (las medidas de los termómetros ineficaces que he señalado) produce variaciones grandes y dispares en las condiciones finales, mayores cuanto más largo es el plazo de predicción, en pocas palabras no son predicciones fiables a más de 48 horas, mucho menos para vaticinar la temperatura de la Tierra a 50 años con precisión de décimas de grado, pues hoy día no hay ni capacidad de medición de temperaturas ni sobre todo capacidad de computación para resolver los complejísimos sistemas de ecuaciones diferenciales que rigen ese fenómeno. Si a lo anterior añadimos el hecho de que los calentólogos no admiten el debate científico riguroso sobre sus tesis (llaman “primos” y “negacionistas”, entre otras lindezas, a quienes las cuestionamos), es decir, no aceptan el principio de falsabilidad de Popper porque en verdad se trata de una teoría metafísica (no puede ser comprobada experimentalmente), entonces se concluye que estamos ante una pseudo-ciencia, ante una religión, un dogma. Este dogma cuenta con gigantescos apoyos políticos y económicos, pues, en verdad, irradia desde las Agencias de la ONU promotoras del globalismo de la agenda 2030 (junto con la ideología de género y el desarme fronterizo de los estados nacionales ante la inmigración ilegal) y que están al servicio del principio capitalista liberal (sostenido por todos los pensadores de esa corriente desde Adam Smith, pasando por Malthus, hasta nuestro días) antinatalista, antifamiliar y antiestatal para asegurar el actual “status quo” del reparto mundial de la riqueza, entre cuyos principales valedores están el Club Bilderberg y Georges Soros, y de los que la izquierda siempre ha sido su principal tonto-útil. Este dogma “religioso” del cambio climático tan generosamente regado con fondos públicos y privados (cosa muy sospechosa), como toda la agenda 2030, ha partido de los “think tanks” estadounidenses vinculados al partido demócrata y, en mucha menor medida, a cierto sector del partido republicano, hasta que Trump (que de tonto no tiene ninguno de sus ridículos pelos, que está cumpliendo su programa electoral, que está ganando todas las batallas en las que se ha metido, que ha relanzado la economía USA, que ha convertido a USA en el primer productor mundial de petróleo y que va a ganar la reelección presidencial) ha sacado a USA de esa estafa acientífica y perjudicial para las clases medias USA que le votaron, estafa en la que nunca estuvieron China (tiene las mayores reservas mundiales de carbón) ni Rusia (con gigantescas reservas de petróleo y gas) y en la que sólo estamos los “primos” de los europeos, con España en cabeza hacia el despeñadero, porque a creer en dogmas religiosos y a anatemizar herejes no nos gana nadie.
    Y lo que ya resulta para partirse de risa es que nuestra manipulable y manipulada juventud (la primera que exige el aire acondicionado en todas las habitaciones y en la escuela, la que hace todas sus tareas en el ordenador, la que está enganchada al móvil, la que en lugar de ir caminado a la escuela va en coche o en moto, la mayor consumidora de bienes fungibles de la historia, la obsesionada por la ropa de marca para una temporada, la mayor consumidora de comida precocinada y de plásticos, la de los botellones que dejan las calles y parques llenos de residuos contaminantes y suciedad…) sea la que se ponga liderar la “protesta” contra el “cambio climático”. La niña sueca esa, que parece la niña del exorcista, ha sido lamentable (¿criminalmente?) manipulada por sus padres y por los sectarios que la rodean desde su infancia robada y lo que necesita realmente es un tratamiento psiquiátrico de desprogramación.

  2. La desprogramación le vendría bien a más de uno Don César. Sin entrar en conspiraciones y poderes ocultos detrás del cambio climático, la pregunta es mucho más simple y es sobre la protección del planeta donde vivimos. ¿Es sostenible en el corto, medio plazo la forma en que tratamos los recursos naturales?. Personalmente, no lo creo aunque me sorprende la virulencia de los ataques (muchas veces de carácter personal) por parte de muchos ciudadanos, políticos, organizaciones… sobre una chica, simple cara visible de un movimiento, que únicamente pide un uso más sostenible de unos recursos naturales limitados. Y así no se hipoteque el futuro de las nuevas generaciones.

    Desde mi punto de vista me parece completamente razonable.

    1. Ya que me interpela, le responderé. La falacia del “cambio climático” es una (la más importante) de las estrategias de los promotores de la economía del crecimiento cero, que supondría condenar a centenares de millones de terráqueos a la miseria. Son los que pretenden que se controle globalmente de forma planificada por ciertos poderes políticos y económicos internacionales el reparto de los recursos naturales para perpetuar el “statu quo” y mantener los poderes hegemónicos actuales, sus oligopolios. Para ello utilizan diversas teorías de corte milenarista y catastrofista a fin de tratar de justificar sus propuestas totalitarias; todas esas teorías son variaciones del malthusianismo del siglo XIX, ya caduco y erróneo porque, como el marxismo, cayó en el error de no tener en cuenta el avance imparable de la tecnología que ha multiplicado por miles de veces la productividad. Por ejemplo, y sin ir más lejos, recuerdo perfectamente cuando ya en las décadas de los 70´s y 80´s del siglo pasado se hablaba del fin del petróleo por agotamiento de las reservas mundiales y muchos ignorantes y demagogos andaban muy preocupados y alarmados; sin embargo, hoy día, entre que se ha mejorado muchísimo la eficiencia energética, se ha desarrollado la tecnología de explotación de yacimientos petrolíferos a grandes profundidades marinas y, posteriormente, se ha desarrollado también la tecnología del fracking, no sólo no se han agotado las reservas petrolíferas, sino que son mayores que en aquellas décadas y USA ha pasado de ser un país deficitario en petróleo y el principal importador a ser el mayor productor de crudo y un exportador del mismo. Lo mismo se podría decir de la producción de alimentos y de muchos más recursos naturales. Los recursos naturales son hoy día mejor tratados y gestionados que nunca antes en la Historia, aunque todo es siempre mejorable. La niña sueca no es más que el patético símbolo manipulado por personas sin escrúpulos (empezando por sus padres) que, ante la falta de verdaderos argumentos científicos para sostener su pseudo-religión milenarista, la utilizan para espolear los sentimientos (no la razón) de la gente ignorante, con la amenaza del Fin del Mundo, una superchería, una irracionalidad, una estafa, de la que algunos viven muy bien; un modus vivendi, el de agorero, muy antiguo, si no que le pregunten a Nostradamus. ¿Recuerda cuando nos daban la plasta con el famoso agujero en la capa de ozono que iba a terminar con la vida en la Tierra? Ya nadie habla de ello.

    2. Concluyo mi respuesta que ayer no pude terminar por una interrupción imprevista.
      Respecto de la primera frase, bastante ambigua, de su comentario, yo no seré nada ambiguo, sino muy concreto. Entre mis defectos no figura ciertamente el sectarismo, pues siempre he pensado (en el acierto o en el error) por mí mismo, sin seguir dogmas de nadie, de forma que entre mis necesidades no figura ciertamente la de un tratamiento de desprogramación sectaria. Quienes, repito, necesitan aprender a razonar críticamente y en muchos casos una desprogramación son los profetas y mesías de la estafa del cambio climático, los alarmistas que viven muy bien del camelo del “cambio climático” y los tontos útiles que trabajan sin saberlo para poderosos intereses geopolíticos y económicos internacionales.
      Hace unos días vi una (breve) rueda de prensa que ofreció Putin en la sede de la ONU, después de la penosa intervención de la niña sueca histérica, y dijo cosas realmente sensatas; búsquela en youtube y así escucha la versión, muy realista, de alguien muy inteligente y muy bien informado.
      Por supuesto que hay una concertación (más que una conspiración) de poderes internacionales poco ocultos (son conocidos por quien quiere informarse de verdad), pero nada transparentes y, sobre todo, nada democráticos, para controlar los recursos naturales del planeta. Eso lo ha habido siempre, desde los más remotos tiempos históricos y es una de las principales bases de la Geopolítica y de la lucha secular entre las grandes potencias que han venido dominando en cada época histórica. Originalmente (aunque pronto degeneró) una de las principales metas de la teoría del “calentamiento global” nacida en USA (no se olvide, que hay mucho papanatas suelto) era limitar el acceso de China a los recursos naturales que necesita imperiosamente para sostener su gran crecimiento económico y, así, retrasar la fecha en que la economía china alcanzará y superará a la de USA. No es nada casual que USA se haya salido del Acuerdo de Paris cuando ha desarrollado la tecnología de fracking y se ha convertido en el primer productor mundial de petróleo. Con USA fuera de ese Acuerdo de Paris, ya solo queda en él prácticamente la UE, situación insostenible que llevará más pronto que tarde a la caducidad efectiva de dicho Acuerdo, a su inoperancia, y al fin de esta estafa del “cambio climático”, que pasará a ser una anécdota más de la imbecilidad humana, como ya lo es el agujero de la capa de ozono; y a la clase política española cateta se le quedará la cara de sorpresa, si es que tienen luces y vergüenza para reconocer que se han dejado manipular, que nos han manipulado y, sobre todo, que han despilfarrado enormes sumas de dinero público en esa locura.

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