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El adiós del fino de Sanlúcar, en la ‘agenda 2018’ del Consejo Regulador

Fedejerez desiste de forzar que se vote este asunto en el último pleno, pero deja claro al resto del sector que, tras un decenio planteando su desaparición, está entre sus prioridades para este año.

Fedejerez desiste de forzar que se vote este asunto en el último pleno, pero deja claro al resto del sector que, tras un decenio planteando su desaparición, está entre sus prioridades para este año.

Fedejerez ha puesto sobre la mesa, otra vez, la necesidad de llegar a un acuerdo que ponga fin al denominado fino de Sanlúcar. Este controvertido tema figuraba en un punto del orden del día de la última sesión plenaria del Consejo Regulador del Vino, pero aunque se habló del mismo, no se debatió propiamente ni, mucho menos, se votó. Lo que pretendía la patronal era dejar claro en el primer pleno de 2018 que este tema está en lo que podría definirse como su ‘agenda anual para el Marco’, es decir, que aspira a que después de más de diez años hablándose de una u otra manera del asunto, se llegue a un acuerdo en unos meses. Esos son los tiempos del Marco de Jerez…

No lo va a tener fácil Fedejerez, ya que el pleno ha decidido crear una especie de supracomisión con el objetivo de ir sacando este y otros asuntos que podríamos definir como contenciosos ‘histórico-internos’ del sector, caso por ejemplo de la ampliación de la zona de crianza del vino a toda la zona de producción, el bag in box, los graneles o incluso el encaje de moscateles y Pedro Ximénez, además, claro está, del final del fino de Sanlúcar. “Si quieres solucionar un problema, nombra un responsable; si quieres que el problema perdure, nombra una comisión”, dijo un tal Napoleón Bonaparte hace más de dos siglos, así que Fedejerez haría bien en ir analizando si esa es la mejor opción posible desde un punto de vista operativo…

En definitiva, un pleno más y la patronal sigue sin desatacar un problema que viene de muy antiguo. En realidad se reconoce que el tema se llevó al órgano competente —el Consejo Regulador— a modo de recordatorio, sin ánimo de forzar una votación sobre un asunto sobre el que los representantes de otros subsectores, caso de las cooperativas o los viticultores independientes, siquiera tienen una opinión única al respecto, ya que hay múltiples intereses contrapuestos. De hecho, el debate giró más sobre la idoneidad de plantear en este momento el asunto —¡tanto tiempo después!— que sobre el fondo del mismo. Ahora bien, está claro que tampoco el Consejo Regulador —su propia configuración de bloques de vocales y la proverbial neutralidad de los dirigentes de la institución— ni la habitual tutela a posteriori de la Consejería de Agricultura ayudan mucho… todo hace que la toma de decisiones resulte siempre alambicada y cada vez son más las voces del sector que, siempre en privado, eso sí, cuestionan el funcionamiento del propio Consejo.

Las bodegas de Jerez y El Puerto lo que buscan con la exclusión de Sanlúcar de la elaboración de fino es reciprocidad y, por supuesto, que las bodegas manzanilleras tengan plena coherencia con la defensa de su propia denominación de origen

Pero entremos en materia. A base de oír la palabra histórico, a veces se pierde la perspectiva. Y este asunto, el del fino de Sanlúcar, efectivamente, se retrotrae a la década de los 60 del siglo pasado, cuando el Marco en su conjunto decide trabajar para salvaguardar la exclusividad del uso de ‘manzanilla’ para Sanlúcar de Barrameda ante la amenaza de operadores exteriores y se opta por convertir en denominación de origen propia este vino, hasta entonces un tipo más de Jerez-Xérès-Sherry. Esa era la prioridad y no se previeron —o no se dio importancia— a asuntos colaterales, como el que plantea el fino de Sanlúcar. Migajas, debieron pensar, si es que alguien cayó en el asunto. El porqué es difícil de decir tanto tiempo después, pero estamos hablando de una época muy anterior a lo que se denominó el boom de la manzanilla y un momento del sector en el que las bodegas radicadas en Jerez movían volúmenes enormes comparados a los de las bodegas de Sanlúcar y tenían muchos más peso empresarial e incluso político. Pero las cosas cambian y el asunto se ve ahora de distinta manera por parte de varias bodegas de Jerez y El Puerto, que cuestionan abiertamente desde hace más de un decenio la pervivencia de la posibilidad de elaborar de manera indistinta manzanilla o fino en un mismo lugar, Sanlúcar, cuando la peculiaridad de la manzanilla respecto al fino es precisamente dónde se cría. En ‘roman paladino’ y como dicen los bodegueros de Jerez con la boca pequeña para evitar un intercambio de declaraciones con Sanlúcar, pero con la boca lo suficientemente grande para que les oigan los periodistas: la manzanilla es cómo se da el fino en Sanlúcar. Fino y manzanilla —misma uva, mismo proceso de elaboración— son el mismo vino, pero que por el hecho de criarse en Sanlúcar y su famoso microclima obtiene, hablando del segundo caldo, determinadas características por todos conocidas, básicamente la salinidad. Si esto es así, la tesis sigue con que en Sanlúcar no se puede criar fino y manzanilla a la vez. En definitiva, las bodegas de Jerez y El Puerto lo que buscan con la exclusión de Sanlúcar de la elaboración de fino es reciprocidad y, por supuesto, que las bodegas manzanilleras tengan plena coherencia con la defensa de su propia denominación de origen.

Las bodegas de la ciudad de la desembocadura del Guadalquivir se defienden aludiendo a sus derechos históricos para seguir elaborando y comercializando fino en Sanlúcar 

Desde Sanlúcar no se ve así. Las bodegas de la ciudad de la desembocadura del Guadalquivir se defienden aludiendo a sus derechos históricos para seguir elaborando y comercializando fino en Sanlúcar y también ponen sobre la mesa que hay distintas zonas de sus bodegas en las que, precisamente por su ubicación, el vino que se da es fino y no manzanilla. Respecto a estos dos argumentos se pueden introducir matices. Del segundo, incluso dando el razonamiento por bueno, habría que reconocer la absoluta dificultad de acotar todas y cada una de las zonas de cada nave bodeguera de Sanlúcar en las que se daría fino y no manzanilla (si es que dichas zonas fueran estables en el tiempo campaña tras campaña, que esa es otra), aunque en el Consejo Regulador llegó a hablarse en su día de la posibilidad de hacer un estudio al respecto, que hubiese sido algo así como matar moscas a cañonazos. Acerca del primer tema, el de los derechos históricos, hay que recordar que las bodegas de Jerez y El Puerto tuvieron que ir renunciando a la elaboración de vinos que se comercializaban como manzanilla —de fuera de Sanlúcar— a medida que la nueva denominación de origen —y por tanto, la exclusividad sanluqueña— se fue consolidando. Esto significa que las bodegas de Jerez y El Puerto tuvieron que realizar forzosamente inversiones en Sanlúcar (tanto en naves como en inmovilizado) si estaban interesadas en criar directamente su propia manzanilla o bien se ven obligadas a comprar este caldo a terceros cada vez que un cliente (habitualmente un gran distribuidor) les solicita vino sanluqueño, con la consiguiente pérdida de valor añadido. Huelga decir que estos inconvenientes de operatividad —y de rentabilidad— no se producen entre las bodegas sanluqueñas, que pueden hacer frente a pedidos de cualquier tipo de vinos de Jerez y manzanilla desde su localidad y en sus propias instalaciones, sin necesidad, en principio, de acudir a terceros o tener determinadas inversiones en las otras dos ciudades del Marco, Jerez y El Puerto, en las que por ahora se puede criar Jerez-Xérès-Sherry.

Para desatascar la situación, evitando en todo momento que se pueda hablar oficialmente de contrapartida, Fedejerez ha dado a entender que estaría dispuesta, bajo determinadas condiciones, a contemplar la posibilidad de que la crianza de vino de Jerez pudiera ampliarse a toda la zona de producción, siempre que esa vinculación generase el suficiente consenso que pudiera cerrar el tema del fino de Sanlúcar. De hecho, en el orden del día del pasado pleno del Consejo Regulador, estos dos asuntos iban de alguna manera enlazados, ambos iban en el punto 4 como 4.1 y 4.2. En vista de que en la última sesión plenaria no iba a haber acuerdo, Fedejerez dejó entrever su oposición a la ampliación de la zona de crianza –que lleva sobre la mesa también más de un decenio- aunque en el sector se da por hecho, hay que insistir, que, con distintos matices y plazos, no habría problema en trabajar en algún tipo de solución si se alcanzase una mayoría muy cualificada en la vinculación de este tema con el del fino de Sanlúcar. Además, hay que tener en cuenta que al final siempre aparece la política y desde Fedejerez se es plenamente consciente de que esa mayoría cualificada es necesaria para contar con el placet de la Consejería de Agricultura, siempre muy sensible con todo lo relacionado con Sanlúcar como se ha demostrado con otros asuntos, caso del bag in box

Bien, las espadas siguen en alto. Fedejerez quiere que este tema se desbloquee este año y debe trabajar —tanto dentro como fuera de esa supracomisión— en lograr apoyos definitivos entre el resto de representantes del Marco, aunque en la patronal se está creando el poso de que parte del problema es la falta de agilidad institucional del sector y ese, desde luego, es otro tema de debate…

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