Jerez

El acoso escolar se combate con teatro

La asociación Noa imparte un taller en el CEIP Elio Antonio de Nebrija, que pretende exportar a otros centros, con el que busca reducir esta lacra

Mónica fue víctima de acoso escolar durante su infancia. “Se me daba demasiado bien el deporte, y eso hay niños a los que no les gusta”, contaba a lavozdelsur.es hace unos meses. Por eso ahora quiere luchar contra esta lacra. El 32% de los alumnos de entre sexto de Primaria y segundo de la ESO aseguran que en su clase se producen situaciones de acoso escolar, según una reciente encuesta de la Fundación Mutua Madrileña y de la Fundación ANAR. Aumenta el número de casos que se producen en grupo —pasa del 55% en 2016 al 66,7% en 2017—, disminuye los que piensan que estos casos son una broma o algo normal —del 5,4% al 1,6%— y también se refleja que las niñas se ven más afectadas por el bullying.

La asociación Noa, creada por Mónica Morandeira, gallega residente en Jerez, pretende luchar contra el acoso. “Apostamos por una educación multidisciplinar en la que se puedan interrelacionar varios contenidos, y rica en valores en humanos”, recoge en el documento que envían a centros escolares de la ciudad para realizar unos talleres que ayuden a los alumnos a luchar contra el acoso. El primero fue el CEIP Elio Antonio de Nebrija, que el pasado mes de abril recibió la visita de Mónica, quien estudió Arte Dramático, por lo que intenta hacer actividades con los pequeños, en este caso de 5º y 6º de Primaria, creando “situaciones dramatizadas”. “Hemos apostado por un método lúdico que se enfoca desde la psicología combinada con las artes escénicas en un trabajo sinérgico”, explican.

“Pensamos también que es de suma importancia la implicación y apoyo tanto por parte del centro como del entorno familiar para poder realizar un abordaje más profundo de cada individuo en contra de cualquier tipo de acoso”, sostienen desde Noa. Por eso también impartieron charlas a los padres y madres. María José Gómez es una de ellas. “Se me hizo muy corto, porque fue muy interesante”, comenta. Durante una de las sesiones conocieron el caso de una madre que tenía una hija acosadora. “Lo pasaba fatal porque no sabía cómo detenerla”, dice. Además, “es muy difícil de detectar” este tipo de casos.

Alumnos del CEIP Elio Antonio de Nebrija. FOTO: MANU GARCÍA.

“Teníamos la necesidad de trabajar el acoso y el cyberbullying, porque cada vez nos encontramos con más problemas por el manejo de WhatsApp”, asegura María Martínez, profesora y coordinadora de la red andaluza Escuela Espacio de Paz en el centro. Ella comenta que ha habido algunos casos incipientes de acoso que los tutores han logrado frenar, “pero si tenemos el apoyo de Mónica lo trabajamos aun mejor”. El CEIP Elio Antonio de Nebrija trabaja la educación emocional. “Buscamos la tolerancia cero contra el acoso”, dice. A los alumnos, explica, “les cuesta mucho ponerse en el lugar de los demás”, pero cree que con los talleres que imparte la asociación Noa “se está plantando una semilla que poco a poco va creciendo”.

“Cualquiera es susceptible de ser una víctima, por tener una característica peculiar, o por tener pocas habilidades sociales, o no tener apoyo de un grupo”, explica la asociación en la documentación que prepara para los talleres. En primer lugar está la víctima pasiva, “sumiso y vulnerable, tiene pocas habilidades sociales y comunicativas, se muestra aislado y temeroso, no tiene pertenencia a un grupo ni vínculos de amistad”. Luego existe la víctima provocadora, que “se comporta de forma molesta o inapropiada, a veces sin esa intención, sólo es que no sabe cómo comportarse, otras veces lo hace para provocar o irritar”. También el acosador víctima, que es “agresivo pero también vulnerable”. Entre los tipos de acosadores nos encontramos al acosador inteligente —“populares, con buenas notas, admirados, egoístas, seguros de sí mismos, líderes pro-sociales, y mentirosos”— y al acosador poco inteligente —“antisocial, bajo rendimiento escolar, dirige su odio hacia los más débiles, crueles, les falta confianza en sí mismos, normalmente en la escuela secundaria pierden fuerza y fracasan”—.

María José Gómez, una de las madres que participó en los talleres de Noa. FOTO: MANU GARCÍA.

Para poder detectar a una posible víctima se pueden vislumbrar “sentimientos de tristeza o depresivos”, “aislamiento, angustia, soledad”, “bajo rendimiento escolar”, “falta de autoestima, inseguridad” o incluso “pensamientos de suicidio”. También se pueden descubrir a posibles víctimas que fingen enfermedades para faltar a clase —por miedo a sus agresores—, que sufren dolores frecuentes de estómago o de cabeza. Los talleres se han impartido a un total de 225 alumnos que, según cuenta Mónica, han interiorizado situaciones y conductas de acoso de las que antes no eran conscientes. “Era muy importante que entendiesen el concepto de empatía”, señala, por lo que les explica “los motivos por los que el agresor llega a agredir”, algo en lo que “hay que ahondar para seguir trabajando”.

“En una primera clase daba la explicación de qué es el acoso, qué tipos de acoso hay, qué tipo de acosadores, víctimas…”, dice Morandeira. “Luego se trabaja la asertividad, que es un pilar fundamental para frenar el acoso, ya que nos dejamos acosar por no sentirnos rechazados”. La asociación Noa es una organización sin ánimo de lucro que se encuentra en plena fase de afianzamiento y que busca voluntarios para poder desarrollar estos talleres en otros centros. De momento, ya sabe que repetirá el curso que viene en el CEIP Elio Antonio de Nebrija y tiene negociaciones abiertas con otros colegios.

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