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Ejecutivo en el desierto

#CarteleraSur ‘Esperando al Rey’, más que una comedia sentimental.

Esperando al Rey (A Hologram for the King, EEUU, 2016, 97 min): dirección: Tom Tykwer; guión: Tom Tykwer sobre la novela de Dave Eggers; fotografía:  Frank Griebe.  Música: John Klimek; reparto: Tom Hanks, Sarita Choudhury, Alexander Black, Khalid Laith , Sidse Babett Knudsen …                                                           

Alan Clay (Tom Hanks) es un ejecutivo en declive de una empresa americana de telecomunicaciones que viaja a Arabia Saudí encargado de presentar un producto de alta tecnología al rey de ese país. Con una vida familiar en ruinas y un pasado profesional del que no se siente orgulloso, acepta el encargo para poder pagar los estudios universitarios de su única hija. Este es el punto de partida de la novela de Dave Eggers A Hologram for the King, que sirve al director alemán Tom Tykwer (El Perfume, Corre Lola corre, …) de base argumental para su película, Esperando al Rey.                        

En principio parecería una historia sobre el papel en el capitalismo globalizado que juegan las grandes empresas americanas frente al gigante chino y los nuevos focos del dinero del petróleo. Alan Clay sería el símbolo de esa clase ejecutiva que traslada sus empresas a lugares con mano de obra más barata sin demasiados escrúpulos por sus propios trabajadores. Sin embargo Esperando al Rey es más una comedia sentimental, ambiciosa desde luego, en la que un cincuentón en crisis personal y profesional trata de aggiornarse, e invertir su descendente trayectoria profesional y vital.

Arranca de manera no convencional con un spot televisivo protagonizado por el propio Alan Clay sobre lo volátil de la vida moderna, lo fácil que es perder trabajo, casa, esposa, etc. Ese tono rompedor no dura mucho, y pronto se impone una narrativa más clásica, con micro-flashbacks que ayudan a entender al personaje.

El carácter existencialista de la historia queda patente en la sensación de absurdo constante que experimenta Clay. Su estar permanentemente fuera de lugar en la empresa, entre compañeros más jóvenes y competentes en las nuevas tecnologías; con unas relaciones familiares envenenadas, y en medio de una ciudad vacía y fantasmal a su vez en mitad de la arena del desierto y, finalmente, en una cultura tan opuesta como la Saudí. Su estado de jet lag no es solo físico, es sobre todo mental y representa la estupefacción del personaje, su incapacidad para entender la existencia.            

Con más arrestos que el personaje de Bill Murray en Lost in Translation o el de Jack Lemmon en Salvad al tigre, Alan Clay es un hombre encantador que lucha por desembarazarse de lastres (su lipoma en la espalda resulta quizá un recurso algo obvio, pero conveniente para el desarrollo de la trama) y entender el acertijo del mundo.                                         

Tom Tykwer creó muchas expectativas al inicio de su carrera con una película tan heterodoxa como Corre Lola corre (1998), que se apoya en un buen ejercicio de estilo, montaje, ritmo y punto de vista múltiple. Películas posteriores como El Perfume atemperaron bastante ese ímpetu rompedor y en Esperando al Rey se atiene a un lenguaje clásico, con algunos detalles de la antigua fogosidad en los micro-flashbacks y el spot inicial ya mencionado. Su puesta en escena resulta agradable, dinámica y en muchas ocasiones muy irónica. Los planos antitéticos del lujo algo kitsch de los interiores y de los ascéticos exteriores polvorientos y abrasados resaltan la sensación de extrañeza, de no pertenencia de Alan Clay. La trama sentimental resulta algo predecible y en ocasiones cursi pero, salvando ciertos reparos de verosimilitud en cuanto a la libertad de movimientos de la mujer en una sociedad como la saudí, aligera el lado existencialista e inclinan la balanza argumental hacia la comedia romántica adulta.                                                                                       

Tom Hanks es el alma de Esperando al Rey. Realmente es un actor clásico ya: como mediador en el telón de acero (El Puente de los espías), gángster con código de honor (Camino de Perdición), robinsón ejecutivo (Náufrago), soldado con conciencia (Salvad al soldado Ryan)… hace suya cada película como lo hacía John Wayne o, mejor, James Stewart.

El título en español para A Hologram for the King, no es en absoluto desacertado en cuando que remite, algo pretenciosamente, al Esperando a Godot de Becket y comparte con esta obra su mensaje existencialista, pero Esperando al Rey es definitivamente una buena comedia sentimental con espíritu moderno y formas clásicas que parece decirnos que el amor coloca al individuo en las coordenadas correctas para orientarse en un mundo absurdo e incomprensible, un mundo culturalmente interdependiente, económicamente globalizado y siempre caótico.

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