Sociedad

Educar con torres y peones, la nueva pedagogía que une a nietos y abuelos

La Peña Alfil, que lleva casi medio siglo dedicada a la práctica de este deporte en la ciudad, celebra cada viernes clases para niños y niñas en el IES Sofía de Jerez: "Es algo más que un juego, enseñamos valores"

A Tomás Guardia, portavoz de la Peña Alfil de Ajedrez, también le enseñó su abuelo. “Yo a los Reyes Magos le pedía libros de ajedrez, no pensaba en otra cosa”, comenta a lavozdelsur.es un viernes por la tarde, a las puertas de la biblioteca del IES Sofía de Jerez. “Ibas progresando poquito a poquito, con la revista y con el libro, hasta que un día te llevan a jugar al Caja Canarias y ganas”, recuerda a modo de autobiografía. Ahora este aficionado canario, afincado desde hace años en la ciudad, hace lo propio como portavoz del colectivo: “Aquí hay abuelos enseñando a sus nietos”.

El ajedrez aumenta las conexiones neuronales, desarrolla la memoria e incluso ayuda a retrasar enfermedades como el Alzheimer pero no solo eso, sino que educa desde el respeto en igualdad. Al menos así se hace desde esta asociación, constituida en 1972, miembro y participante de las competiciones de la Federación Andaluza de Ajedrez. “No fomentamos la competitividad, en los campeonatos la clasificación no es un todos contra todos”, cuenta este aficionado que, como uno más, presta sus conocimientos de forma altruista. “Estamos enseñando algo más que un juego, se trata de hacer pedagogía y de educar en una serie de valores“, recalca.

Un momento de las clases de ajedrez en el IES Sofía. FOTO: MANU GARCÍA.

Dos de ellas son Laura y Nuria, de ocho y once años, que ya saben hacerse (mutuamente) un jaque mate con dos torres tras las explicaciones de su profesor, Garcés, otro aficionado que lleva en su mochila jugadas con más de un cuarto de siglo. “Yo llevo un año jugando pero ella es la primera vez que viene”, explica la pequeña, que ha traído a su hermana motivada por el buen rato que pasa cada viernes, cuando sobre las cinco de la tarde cambia la siesta por estas clases. “Vienen porque ellos quieren, hay algunos que se lo piden a los padres”, explica Tomás, que cree que este deporte es una forma económica y alternativa de abrirse oportunidades.

“Me haría muy feliz que se incluyera en las escuelas”, explica, al tiempo que señala que es una práctica “más relacionada con el mundo real” que muchos de los deberes que en estas se imponen, siendo un valor frente a otras actividades de carácter extraescolar. Pese a ello y la escasa visibilidad mediática, la asociación permite que con tan sólo diez euros al mes, las familias puedan hacer que sus hijos e hijas den una clase de ajedrez a la semana, acompañados de padres, abuelos y aficionados. Las torres, los caballos y los peones hacen el resto.

Tomás, portavoz de la Peña Alfil, durante la entrevista con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

Al otro lado de la mesa, un chico sigue los consejos de su abuelo, bajo la atenta mirada de otro, que intenta mover las piezas sin mucho éxito. “Tienes que apartar al rey, si no es imposible”, le comenta. En un lateral, se encuentra, según Tomás, una de las chicas con más proyección. “Ella es muy buena, cuéntale lo que hiciste en Arcos”, le anima. Avergonzada, mueve una torre con timidez y observa a su compañera. “Las relaciones de amistades que puedes hacer en este grupo son distintas”, añade el portavoz, que cree que es además una forma económica y bonita de viajar.

“Los niños que se federan, al estar becados, tienen la oportunidad de ver mundo prácticamente gratis, por lo que te abre un abanico que en otros lugares no tienes”, dice. Sobre la poca promoción de este deporte, cuya historia en su formato actual es del siglo XV, y cuyos orígenes ese remontan al juego persa shatranj y al antiguo chaturanga indio, cree que se debe a la escasa relevancia de aquellos deportes que no tienen “ganadores”. “España tiene una cultura bastante extraña donde si no eres campeón del mundo, no existes”, lamenta. “Tenemos a David Antón, que quedó segundo en Gibraltar, el open más grande del mundo, y ni se nombró”.

Un profesor enseña a los niños y niñas cómo hacer un ‘jaque mate’ con dos torres. FOTO: MANU GARCÍA.

En un mundo invadido por el constante murmullo y ruido, en el ajedrez el silencio se hace protagonista, junto a la empatía y el respeto por el otro. “Son actitudes que se notan, desde guardar silencio hasta recoger luego sus piezas”, explica sobre los valores que inculca. Unas enseñanzas, compartidas entre pequeños y mayores, ya que al primer grupo de las cinco, formado exclusivamente por niños, le sigue uno de adultos. Nunca es tarde para aprender (o volver a hacerlo) si además es en buena compañía.

“La gente se pone la excusa de que no puede porque ya es mayor pero es falso… cualquier mito es falta de interés”, dice Tomás, que se aproxima a echar una mano a otro de los alumnos, algo más mayor. “Sabemos que un niño puede destacar cuando llega a 12 o 13 años y alcanza un nivel pero el problema resie en que no se vaya, que cuando llegue la adolescencia no se pierda”, concluye. Un desenlace que pretender evitar con los medios disponibles y con la colaboración de todo un colectivo de aficionados, que cumple nada más y nada menos que quince años moviendo reyes y despertando conciencias.

El Club Alfil Ajedrez de Jerez celebra todos los viernes por la tarde, de 17:00 a 20:00 horas, clases en la biblioteca escolar del I.E.S. Sofía. Pueden contactar con ellos a través de Facebook o Instagram.

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