El calvario de Rafael: dos años esperando la Dependencia a sus 88 años

"Mi padre todavía se puede mover con bastón por la casa, pero a la calle tiene que ir acompañado", dice Esperanza, la hija del octogenario

Una persona mayor asistida por un cuidador de la Dependencia, en una imagen de archivo.
Una persona mayor asistida por un cuidador de la Dependencia, en una imagen de archivo. MANU GARCÍA

Indignación. Es la palabra que repite Esperanza, la hija de Rafael, vecino de 88 años del sevillano barrio de Amate, al que el pasado mes de abril le dieron el grado II de Dependencia y todavía sigue esperando el servicio de la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia de la Junta de Andalucía. La tramitación de su expediente se demoró dos años, tras perder una cita con la trabajadora social en octubre de 2019 por ingreso en el hospital y la irrupción de la pandemia en 2020.

Su hija cuenta que la odisea burocrática no acaba aquí. “Lo último ha sido que ya con la carta en la que figuraban las 45 horas que le pertenecen de ayuda a domicilio, y pasado ya el mes de margen que en teoría te dan para prestarse ese servicio, además de no volverle a escribir, la trabajadora social nos ha comunicado que en el sistema solo figuraban 10 horas y que tenía que reclamar el error a Dependencia”.

La situación en la casa familiar de Esperanza, donde no reside, pero a la que tiene que acudir para echar una mano “en lo que puede” gracias a una reducción de jornada en le trabajo, es harto complicada. “Mi padre todavía se puede mover con bastón por la casa, pero a la calle tiene que ir acompañado. Está mi madre con un grado II de dependencia y mi hermano, también con un grado II de dependencia severo”, explica.

Dos años de larga espera, pocas respuestas y ninguna solución

Todo comenzó cuando Esperanza pidió el 23 de julio de 2018 la revisión de su padre para la dependencia y le dieron cita para el 21 de octubre de 2019. Ese día su padre se encontraba ingresado en el hospital –causa justificada– y la trabajadora social le comunica a su madre, que se encontraba en aquel momento en el domicilio, que si podían se pasarían a última hora, ya que ese día le daban el alta a Rafael. 

Esperanza comenzó a registrar múltiples reclamaciones a varios organismos (delegación Territorial de Igualdad, Salud y Políticas Sociales, Defensor del Pueblo y Servicios Sociales comunitarios, entre otros). Entonces llegó la pandemia y no retomaría las quejas hasta el 28 de mayo, que emitió un escrito a la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia de la Junta de Andalucía de la que tampoco tuvo contestación. Así hasta que en septiembre de 2020, un año después de su cita original, lo valoran. Y no es hasta abril del presente año –dos años después– cuando la trabajadora social le da a Rafael el grado II de dependencia. 

El próximo lunes 5 de julio, y tras más de dos años desde que se le pidió la valoración, Rafael recibirá su atención a domicilio por parte de la agencia responsable. La de Rafael es una de tantas esperas buroráticas eternas que suceden en muchas casas andaluzas y que afecta directamente a las que más lo necesitan: las personas mayores y vulnerables de la sociedad. 

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