Una familia sevillana vive una pesadilla en Filipinas: "Nos echan del hotel y no podemos volver"

Con una hija de tres años, la pareja pide que les dejen volver a Europa junto a otros turistas, mientras en la isla en la que se encuentran han cerrado el hospital y han militarizado el país

La pareja, en una imagen del vídeo en el que piden su regreso a España.
La pareja, en una imagen del vídeo en el que piden su regreso a España.

Una familia de sevillanos de padre, madre e hija pequeña de tres años se encuentra atrapada desde hace semanas en la pequeña isla de Boracay, en Filipinas. Este enclave turístico y paradisiaco al que llegaron a mediados de febreros se ha convertido de la noche a la mañana en un infierno para los turistas, toda vez que han quedado desprotegidos y son posibilidad de salir del país.

Según explica Álvaro, el padre, no han querido dar la voz de alarma antes porque "entendíamos que en España había otras prioridades", mientras la isla se mantenía sin contagios. Eso ha cambiado repentinamente cuando desgraciadamente ha dado positivo el único médico de la isla de 7 kilómetros, por lo que ha cerrado el ambulatorio y todo el equipo sanitario está aislado.

Lo más grave es que tienen horas para salir del hotel. En Filipinas, explican, el coronavirus ha provocado la militarización de un país que en la práctica es un régimen totalitario bajo la apariencia de democracia ineficiente, con un gran poder de los cuerpos militares. Ahora, todos los establecimientos, incluyendo supermercados, cierran. "Aquí no hay agua potable", lamenta Amara, la madreconile.

Abocados a verse en la calle, lanzan un SOS por redes sociales porque "el consulado no contesta". Los servicios diplomáticos y el Ministerio de Asuntos Exteriores llevan dos semanas pidiendo a los españoles que vuelvan lo antes posible. Ahora, en Boracay no hay "mascarillas, guantes, geles, medicamentos... He ido a una farmacia a por un valium con receta médica y ni siquiera eso ha sido posible", explica la familia.

La solución pasaría por establecer un vuelo con salida de la propia isla, donde hay miles de turistas vuelos atrapados en el aeropuerto. Una vez que estuviéramos en Europa, ya podrían intentar desplazarse cada uno a su país. La situación es "terible", indican, porque aseguran que nadie toma precauciones mientras se impone una cuarentena. "No saben cómo se transmite, siguen yendo pegados en triciclos, sin geles, guantes, mascarillas...".

El temor pasa por no tener dónde quedarse, sin poder comprar en supermercados, en un país sin asistencia sanitaria y en el que "para el que salte la cuarentena es un peligro. Las noticias hablan de tres chicos que se la saltaron en Manila y los han encerrado en jaulas de perros al sol". La dureza del régimen filipino es un habitual de las prácticas de Rodrigo Duterte, quien lanzó una auténtica guerra a muerte contra el narcotráfico que, según sus opositores, fue una escusa para silenciar a sus rivales políticos.

Si uno de ellos se infectase, denuncian, cabe la posibilidad de que separen a la familia. Temen que a uno de elos lo manden a Manila, la capital del país. Ni siquiera es posible acudir allí para tratar de dar el salto a Europa, porque las comunicaciones están cerradas. Sólo un movimiento de los gobiernos europeos les podría permitir la vuelta a salvo, y siempre con el permiso del ejecitivo filipino.

Además, no saben cómo mantener a la pequeña de tres años. Por ahora, se encuentran en una pequeña habitación del hotel sin poder salir, y cuando lo hagan, será para no volver a él. "No tenemos nada para que haga manualidades, tijeras...". La situación de esta familia es, desde cualquier punto de vista, desesperante.

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