Historias del metal (II): "Cortaron el agua del grifo porque los soldadores perdían mucho tiempo bebiendo"

Manifestación de los astilleros gaditanos en Puerto Real. FOTO: MANU GARCÍA.
Manifestación de los astilleros gaditanos en Puerto Real. FOTO: MANU GARCÍA. MANU GARCÍA

"He tenido que ir al médico a pedir un justificante para que no me despidan", confiesa a lavozdelsur.es un joven puertorrealeño profesional de tratamiento térmico y de 23 años de edad, durante la marcha de los trabajadores del metal celebrada el pasado miércoles 13 de junio. Junto a él, un compañero gaditano de 35 años que trabaja como inspector de soldadura. Ambos se manifiestan para reivindicar empleos y salarios igualitarios, una mayor carga de trabajo para los astilleros de Cádiz y por unas condiciones laborales dignas.

Este es el segundo capítulo de tres historias del metal, que ponen en evidencia la precariedad laboral y los riesgos que sufren los trabajadores del astillero gaditano. "Tú en España pides los EPI (Equipamiento de Protección Individual) y se ríen en tu cara, no te lo dan. Eso aquí no existe", destaca uno de ellos. "Lo peor aquí son las prisas, la seguridad no se mira, ni las condiciones a la hora de trabajar... No hay coordinación alguna", enlaza su compañero, mientras marchan bajo el sol, rodeados de banderas y pancartas con mensajes de lucha obrera.

Ambos insisten en que las condiciones laborales son "tercermundistas". "Los baños son deprimentes; le echan amoníaco para desinfectarlos. Y entre las dos opciones que hay para ducharte en las instalaciones del astillero, prefiero pegarme un manguerazo fuera que utilizar los módulos horribles que hay", explica el joven de Puerto Real. "Tampoco hay zona para comer, y tan solo hay un par de microondas para unos 2.000 trabajadores", continúa el gaditano. Además, tan solo disponen de una hora para almorzar, y de una media hora para el bocadillo de la mañana, en las jornadas "maratonianas" de 12 horas.

Más allá de las condiciones en las que se encuentran los trabajadores de Navantia, el inspector de soldadura indica que los trabajadores de las empresas auxiliares "curran en unas condiciones deprimentes". "Recuerdo que en una de esas empresas, el jefe llegó a cortar el agua del grifo porque los soldadores perdían mucho tiempo bebiendo. Les puso un botijo y encima no tenían posibilidad de comprar agua, algo que sí se puede hacer en otras empresas externas. Hay que tener en cuenta que al ser soldadores, ellos estaban trabajando a 50 grados", narra.

"Algo de esperanza tengo", dice el joven veinteañero, a lo que su compañero echa la mirada hacia abajo y expresa resignado: "Me he dado cuenta que mi futuro está fuera de la provincia de Cádiz". Tras hablar con el digital, ambos se pierden entre la multitudinaria manifestación, entre gritos. "¡Accidente laboral, atentado patriarcal!", "¡No estamos todos, faltan dos!", sobre el reciente fallecimiento de los dos compañeros del metal.

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