Mismo sector, nuevas condiciones

Tras llegarse a un acuerdo clave para la renovación del pliego, el sector debería ahora centrar sus esfuerzos en alcanzar mayor rentabilidad tanto en la viña como en el vino

Bota en una bodega, en una imagen de archivo utilizada en el artículo 'Mismo sector, nuevas condiciones'.
Bota en una bodega, en una imagen de archivo utilizada en el artículo 'Mismo sector, nuevas condiciones'. JUAN CARLOS TORO

El pleno del Consejo Regulador del Vino de Jerez y la Manzanilla ha cerrado esta semana uno de esos acuerdos que sin duda pueden calificarse como históricos, al aprobar prácticamente por unanimidad la reforma del pliego de condiciones que rige ambas denominaciones de origen (DO). Algunas de estas cuestiones, como la desaparición del fino de Sanlúcar; la ampliación a todos los municipios de la zona de producción de la posibilidad de criar y comercializar Jerez-Xérès-Sherry de pleno derecho; la eliminación definitiva del ´bag in box’; o el reconocimiento de algunas prácticas de los llamados ‘nuevos enólogos’ de Jerez, caso de los vinos sin fortificar (que alcanzan el mínimo de 15 grados reglamentarios sin necesidad de alcohol añadido) o la recuperación para vino amparado por la DO de varietales de uva que antiguamente se utilizaban en el Marco de Jerez (mantúo, perruno, etc). Cuestiones todas ellas que, decimos, llevaban sobre la mesa de negociación diez, doce e incluso más años sin que los representantes de bodegas y viticultores se pusieran de acuerdo sobre su futuro en el seno de la institución.

El sector ha sido capaz de normativizar el preacuerdo alcanzado hace poco más de dos meses y las distintas organizaciones sectoriales han hecho un amplio uso de decisiones que podríamos denominar -remedando el lenguaje parlamentario- como transaccionales, es decir, lo que viene a ser dar un sí a temas en los que te va poco a cambio de que te aprueben temas que para ti sí son importantes. Esto es lo que ha ocurrido, por ejemplo, con la ampliación de la zona de crianza a toda la zona de producción -un tema clave, por ejemplo, para las cooperativas- a cambio de apoyar la prohibición del fino de Sanlúcar que buscaba la patronal Fedejerez, aunque para alcanzar amplios consensos y sumar a los dos representantes en el pleno de la Asociación de Bodegas de Sanlúcar se han introducido medidas transitorias como la pervivencia de esta práctica durante diez años (siempre a partir de las existencias actuales), si bien queda para más adelante cómo articular un paquete de ayudas principalmente encaminado a colaborar con el forzoso traslado a otra localidad del Marco de las existencias de fino de las bodegas sanluqueñas que quieran seguir elaborando este tipo de Jerez.

José Estévez SA (propietario de La Guita), que siempre ha estado de acuerdo con la desaparición del fino de Sanlúcar y con que todo el vino biológico que se produzca en Sanlúcar sea, en definitiva, manzanilla, no se ha sumado al acuerdo al entender que distintas medidas que lo acompañan van contra sus intereses e incluso podrían conculcar la libre competencia. En este sentido, Estévez, vocal independiente del Consejo desde que hace algo más de un año saliera de Fedejerez, ha sido el único de los veinte vocales que forman el pleno del Consejo Regulador que ha votado en contra del acuerdo e incluso estaría estudiando emprender acciones legales contra el mismo.

La reforma del pliego de condiciones de las DO no entra en vigor de manera inmediata. Ahora deberá pronunciarse la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía y una vez que cuente con su placet el texto se elevará a la Comisión Europea, que tendrá la última palabra. Se ha hecho mención más arriba a la transversalidad de la negociación de las novedades a introducir… desde el sector siempre se ha apostado por hacer una reforma en bloque teniendo en cuenta también que este tipo de decisiones son excepcionales y que es mejor ir a Bruselas con cuatro o cinco reformas de calado, como es el caso, que estar (es un poner) cada dos años llamando a la puerta de la Unión Europea para que te arreglen una ‘cosita’ (repare el lector en que solo España cuenta con 70 DO, a las que hay que añadir IGPs, etc).

Bien… la reforma del pliego de condiciones de las DO Jerez y Manzanilla sin duda es importante, muy importante, incluso, y es evidente que viene a desbloquear un cúmulo de situaciones que llevaban demasiados años enquistadas en el sector, pero no deja de dar respuesta a una parte, solo a una parte, digamos técnica u organizativa, de los problemas que han venido aquejando al sector desde hace años. La otra parte se puede resumir en una sola palabra: rentabilidad. Rentabilidad tanto para lo que se refiere a la viña como al vino. Sin ir más lejos, desde Asevi-Asaja, la patronal agraria, se ha señalado hace apenas un mes que los contratos de compra (vulgo, precio de la uva) de la presente campaña rondarán los 39 céntimos el kilo, cuando un estudio establece el umbral de rentabilidad en los 46 céntimos/kilo. Este es un problema gravísimo que lleva también años enquistado en el sector, sin que el arranque de viñedo que se ha ido produciendo (en unos diez años se ha pasado de más de 10.000 hectáreas a menos de 7.000 en todo el Marco) haya servido para al menos tirar de los precios de la uva hacia arriba.

Este no es un tema del Consejo Regulador, eso es cierto, pero son las mismas organizaciones profesiones que han llegado a un acuerdo para la reforma del pliego de condiciones las que deberían ‘tomar carrerilla’ y afrontar este tema, que además tiene un fuerte componente social. Más complejo resulta hablar de la rentabilidad de los vinos, un espacio en el que, al fin y al cabo, convergen las estrategias de cada una de las empresas con una coyuntura general. Lo cierto es que hace años -una vez más estamos hablando de una cantidad similar… ¿diez, quince?- que se viene hablando de que lo importante no es el volumen, que lo importante es el valor añadido, pero lo cierto es que no parece que el magro crecimiento del segundo componente compense la caída que año tras año reflejan las estadísticas del primero, como tendencia general. Es un hecho que el vino de Jerez goza de una corriente favorable, que tras años de ostracismo vuelve a tener buena imagen -ahí está el apoyo de grandes de la cocina, de la sumillería- y que está recuperando su prestigio pero… pero esa es la gran pregunta: ¿Pero qué le falta al Vino de Jerez para estar dónde tiene que estar? Ahí ya, se buscan respuestas…

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