Marco de Jerez: del debate a la refriega

La UE pide al sector que aclare qué es fino y qué es Manzanilla; Fedejerez propone fusionar las dos denominaciones de origen como solución y desde (parte de) Sanlúcar se responde de manera gruesa, pero sin aportar soluciones

Un momento de una vendimia pasada.
Un momento de una vendimia pasada.

En el Marco de Jerez está a punto de estallar eso que se da en llamar una tormenta perfecta a cuenta de la plena definición de la denominación de origen (DO) Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda y su derivada morganática, la pervivencia de la elaboración de fino por parte de algunas bodegas radicadas en dicha ciudad. Este tema, que lleva más de doce años siendo objeto de debate en el sector, ha entrado en una dimensión nueva desde que la Unión Europea (UE) ha pedido distintas aclaraciones sobre lo que es fino y lo que es manzanilla. Por lo pronto, del “objeto de debate”, al que se ha hecho mención unas líneas más arriba, se ha pasado a un escenario que podríamos denominar de “confrontación abierta”, con pérdida de las formas incluida…

Pero vamos a ir desgranando este tema procurando que el lector generalista se haga una idea real de lo que ocurre. Esta semana que concluye, Fedejerez ha propuesto la fusión de las DO Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda como una posible fórmula para sortear un tema que ha pasado del debate interno a ser una cuestión de alcance comunitario, como es el hecho de que fino y manzanilla se definen desde un punto de vista técnico como dos vinos idénticos con la única diferencia de la circunscripción de la crianza del último al municipio de Sanlúcar de Barrameda. Cuestión de nomenclatura… pero qué fuerza tienen a veces las palabras.

La UE ha pedido una aclaración al respecto –una fuente del sector, en broma, señaló a este cronista hace unos días que con el confinamiento los funcionarios comunitarios han tenido mucho tiempo para revisar distintas cuestiones atrasadas, aunque en este caso en realidad no es exactamente así ya que el requerimiento es anterior a la pandemia- al Estado español, que remitió el tema a la Junta de Andalucía, al ostentar las competencias, que a su vez se dirigió al Consejo Regulador para que procediera a su aclaración y de ahí vuelta hacia arriba… es decir, se pedía la aclaración –y para ya mismo- de un tema que lleva al menos doce años sin aclararse en el Marco.

En 2008, el sector pretendió acometer la reforma del pliego de condiciones de las dos DO del Marco de Jerez, una reforma que concluía que tanto desde un punto de vista jurídico como técnico el fino y la manzanilla son el mismo vino (misma uva, misma zona de producción, mismo método y tiempo de crianza biológica), que recibe un nombre si se cría en Jerez y El Puerto –fino- u otro –manzanilla- si dicha crianza se lleva a cabo en Sanlúcar, es decir, que enviaba directamente, sin más, toda la letra que acompaña habitualmente al etiquetado de las botellas de manzanilla –ya saben, “microclima”, “vientos del coto de Doñana”- a las páginas de la literatura. La Junta de Andalucía no autorizó esta reforma, pidió más consenso y el establecimiento de una comisión al respecto que dos años después volvió a dictaminar lo mismo: Fino y manzanilla son el mismo vino con distinto nombre según la ciudad de crianza. Desde entonces han pasado diez años y esta cuestión se ha convertido en uno de los temas de agenda que periódicamente se ven en el sector sin que se llegue a un acuerdo…

Claro, el lector, ávido de emociones después de que se haya prometido que del debate se ha pasado a un (agrio) enfrentamiento, se preguntará que donde está el problema, que al final lo expuesto hasta ahora no deja de ser una cuestión de nomenclatura… Pero no. El problema, el problema real, radica en que en Sanlúcar hay bodegas –sobre todo Barbadillo- que elaboran tanto fino como manzanilla. ¿Pero no hemos quedado que el fino y la manzanilla es el mismo vino y que la única diferencia es que en Sanlúcar se le da ese segundo nombre? Ya… ¿Y?

Desde la patronal Fedejerez hace años que se pide a las bodegas de Sanlúcar que dejen de elaborar fino –mejor dicho, que dejen de comercializar bajo el nombre de fino vino criado en dicha ciudad- y se ha venido haciendo precisamente apelando a la defensa de la propia DO Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda: si la manzanilla es un vino exclusivo de Sanlúcar no se puede llamar a ese mismo vino de una manera u otra según interese comercialmente. En estos largos años de debate se han llegado a escuchar cosas un pelín surrealistas, como que en un rincón concreto de una bodega se da fino y no Manzanilla, atendiendo a la pervivencia o no del mítico velo de flor bajo el que se cría el vino sanluqueño, cosas, ya digo, de repente relegadas al mundo de las musas.

El fino de Sanlúcar –démosle ese nombre- no representa un gran volumen de negocio, dejémoslo claro, pero permite a las bodegas sanluqueñas que lo comercializan como tal hacer frente a la demanda de grandes distribuidores extranjeros que, por funcionalidad, prefieren comprar toda la gama al mismo suministrador (oloroso, amontillado, cream, fino, manzanilla, etc). Se trata de BOB o línea blanca, de llenar la marca del distribuidor porque… ¿Quién conoce hoy en día una marca de fino de Sanlúcar? Por supuesto, esas bodegas sanluqueñas podrían a su vez comprar a un suministrador de Jerez o El Puerto esas partidas de fino o llevar a cabo las inversiones necesarias para producirlo fuera de Sanlúcar, pero huelga decir que con la práctica actual se maximiza el beneficio, por escaso que sea el volumen del que estamos hablando. En este sentido, de manera recurrente se recuerda desde Jerez y El Puerto que en su día, cuando se alumbró la DO Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda (1964) las bodegas radicadas en estas dos ciudades dejaron de elaborar manzanilla y quien quiso seguir comercializándola tuvo que recurrir a una de las dos prácticas que acabamos de mencionar: o invertir en Sanlúcar o comprar el vino a bodegas sanluqueñas, no hay otra. ¿Que por qué en 1964 no se estableció la reciprocidad que ahora se demanda? ¿Por qué no se delimitó con claridad este tema?... son dos preguntas que este cronista ha realizado varias veces en el sector y la respuesta viene a ser la misma: era un tema despreciable. A ver… con el uso de este adjetivo no queremos añadir más leña al fuego, desde luego, lo que queremos decir es que en un momento en el que el sector manejaba unos volúmenes impresionantes, lo del fino de Sanlúcar no se contempló como problema porque era algo muy pequeño y se optó por un “laissez faire, laissez passer” que ahora, 56 años después de que surgiera la DO, se contempla por las bodegas sanluqueñas –en especial por Barbadillo- como un derecho adquirido o algo similar.

Y así llegamos al momento actual. El Consejo Regulador intenta de nuevo reformar el pliego de condiciones de la DO para dar entrada a vinos no fortificados y se encuentra con que desde Bruselas le dicen que les parece muy bien, pero “tenemos por aquí un par de cosas apuntadas que nos gustarían que nos aclararan”, es decir, el Consejo se ve ahora apremiado a dar una respuesta sobre la cuestión del fino y la manzanilla, asunto sobre el que Fedejerez ha planteado como solución la fusión de las dos DO en una sola que, en consecuencia, pasaría a llamarse Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda. Este tema ha pasado desapercibido en Jerez y en El Puerto más allá de la gresca, es decir, nadie ha salido a decir que la iniciativa va en menoscabo del vino de Jerez, el fino o lo que sea, mientras que en (parte de) Sanlúcar ha encontrado una respuesta cuando menos airada, con distintas salidas de tono que simplemente son inaceptables. A ver, conociendo como se ha venido desarrollando esta cuestión, cabía dar por hecho el chovinismo sanluqueño que se ha producido, la patrimonialización de la D.O. Manzanilla –aunque llegados a este punto habría que recordar que el principal productor, La Guita, está plenamente alineado con las tesis de Fedejerez- e incluso la politización, una vez más, de estos temas… otra cosa son los insultos, el victimismo y las altas dosis de demagogia que se han producido, sobre todo en las redes sociales, incluso por parte de responsables sanluqueños del sector. Tampoco la patronal Fedejerez se ha estado muy fina, ya que en una nota de prensa emitida en defensa de sus tesis recalca textualmente “la ignorancia” del alcalde de Sanlúcar en estas cuestiones… Y es que siempre que algún tema sectorial afecta de alguna manera a esta localidad es inevitable que todo se politice, aunque está por ver si se mantiene el tradicional manto de la Junta tras el cambio de siglas en el gobierno autonómico. Es evidente que, en buena medida, las voces críticas de Sanlúcar estiman que la fusión con Jerez entorpecería a futuros una hipotética, digamos, independencia, es decir, en el fondo se valora que la actual situación de la mano del vino de Jerez es coyuntural y que dentro de unos años pues ya se verá… cuando los problemas y las incógnitas que habría que afrontar en caso de separación son enormes: qué ocurriría con la zona de producción y qué ocurriría con los tipo de Jerez que se elaboran en Sanlúcar, entre otros.

Pues no se sabe qué pasará con la propuesta de fusión de las dos DO que Fedejerez llevará al próximo pleno del Consejo Regulador. Y habrá que ver qué dice también la Consejería de Agricultura. Está claro que la Asociación de Bodegas de Sanlúcar votará en contra, mientras que las cooperativas y los viticultores de Asevi-Asaja –a los que desde Fedejerez se ha apelado a su responsabilidad- seguramente dividirán el voto, por lo que lo más probable es que se pida más tiempo –serían por lo pronto seis meses, otros seis meses- para seguir dando vueltas al mismo asunto, un mal endémico en el sector…

En definitiva, aquí tenemos de nuevo al Marco de Jerez incapaz de encontrar soluciones a sus problemas, con asuntos enquistados año tras año… una situación que contrasta poderosamente con la petición lanzada tras el confinamiento por viticultores independientes y alguna bodega de realizar cambios estructurales para hacer frente al fuerte descenso en las ventas –y los consecuentes excedentes- que ha traído la pandemia de Covid-19. En el Marco de Jerez, todo va piano, piano

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