Pax jerezana

El Marco de Jerez cierra un acuerdo que evita entrar en un pleito eterno por la manzanilla y despeja el camino para la necesaria renovación del pliego de condiciones de las DO

Un brindis con vino de Jerez, en una imagen de archivo.
Un brindis con vino de Jerez, en una imagen de archivo. MANU GARCÍA

Habemus acuerdo en el Marco de Jerez. Después de varias semanas de discretas negociaciones, todas las organizaciones sectoriales han firmado —y brindado— por el acuerdo alcanzado, que viene a desbloquear la tantas veces pospuesta renovación de los pliegos de condiciones de las denominaciones de origen (DO) Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda. Este acuerdo, de hecho, significa la paz entre las bodegas de Jerez (junto a El Puerto) y las de Sanlúcar, o lo que es lo mismo, el fin de la guerra que se abrió entre el fino y la manzanilla hace unos meses.

Es curioso cómo se ha gestado el acuerdo, ya que ha partido de contactos entre bodegas de las dos ciudades, que han sido las que han ido informando del avance de dichas conversaciones a sus respectivas organizaciones sectoriales —Fedejerez y Asociación de Bodegas de Sanlúcar— antes de que se pudiera hablar propiamente de negociaciones. Las cooperativas y los viticultores de Asevi-Asaja fueron informados ya en el último tramo y no tuvieron problema en sumarse a este amplísimo acuerdo. La Consejería de Agricultura y el Consejo Regulador también estuvieron puntualmente informados de la marcha de las negociaciones.

De hecho, el papel de la Consejería ha sido determinante, ya que desde un primer momento se mostró reticente al pleito al que parecía abocado el sector después de que en el pleno del Consejo Regulador del pasado mes de diciembre, en respuesta a una pregunta concreta de la Unión Europea, se asimilaran (con dos tercios de los votos a favor) fino y manzanilla como el mismo vino (misma uva, misma crianza biológica) salvo por la imprescindible crianza en Sanlúcar de la DO Manzanilla. Ante el panorama que se avecinaba, la Consejería pidió extraoficialmente a las partes que hicieran un último esfuerzo por alcanzar un acuerdo en vez de enredarse en una espiral de litigios. Si todo va bien, la idea del sector es que los pliegos de condiciones —ahora toca poner negro sobre blanco el acuerdo— pudieran aprobarse en el pleno de julio, justo antes de las vacaciones, un cronograma ambicioso teniendo en cuenta la habitual dilación de plazos que se da en el sector.

El principal punto del acuerdo es la apertura de un plazo muy largo, de casi diez años, hasta el 31 de diciembre de 2030, para que las bodegas de Sanlúcar dejen de producir y comercializar como fino vino criado en dicha ciudad. Durante ese período no podrán incrementar sus existencias declaradas como ‘fino’ y las bodegas que quieran seguir produciendo fino tendrán forzosamente que haber realizado a esa fecha el traslado de sus existencias ubicadas en Sanlúcar a otros municipios del Marco de Jerez.

Y decimos “a otros municipios” en lugar de a Jerez o El Puerto porque la ampliación de la zona de crianza de la D.O. (hasta ahora exclusiva del ‘triángulo’ Jerez-El Puerto-Sanlúcar) se amplía a toda la zona de producción, por lo que Trebujena, Chipiona, Chiclana, Rota y Puerto Real podrán criar directamente vino que se comercialice como Jerez y no como hasta ahora, vino, digamos, susceptible de serlo. De hecho, esta vieja reivindicación de las cooperativas fue una especie de ‘transaccional’ para que hace meses votaran en el pleno a favor de la asimilación de fino-manzanilla. “Yo te voto tu… si tú me votas mi…”: lo que viene siendo desde hace varios siglos un ‘quid pro quo’, vaya.

La manzanilla, por cierto, avanzará también institucionalmente, dotándose de una mayor autonomía a la comisión al respecto que ya hay en el seno del Consejo Regulador, que a su vez se compromete a redoblar esfuerzos en impulsar la singularidad de la manzanilla.

Por último, los vinos a granel perviven para despachos de bodega y tabancos, aunque se introducen distintas modificaciones en formatos, registros, exposición, etc.

Bien… tras esta pequeña exposición de los puntos más importantes del “acuerdo sectorial”, tal y como se denomina, lo primero que hay que decir es que se trata de una buena noticia que el sector olvide sus habituales luchas intestinas y se haya arremangado para conseguir un acuerdo tan amplio, sobre todo teniendo en cuenta el escenario postpandemia al que hay que hacer frente de manera inmediata y que muchos de los temas que se tocan en dicho acuerdo llevaban más de una década enquistados sin que hasta ahora se hubieran alcanzado soluciones.

Las bodegas que producen fino en Sanlúcar disponen de un período transitorio de casi diez años para dejar de hacerlo y tendrán deducciones del Consejo para trasladar sus existencias a otros municipios

En estos momentos, con el horizonte económico que hay, un pleito largo entre Jerez y Sanlúcar —por resumir— hubiera sido un disparate, sobre todo porque al final ya no se hablaba de si la manzanilla y el fino se parecen en esto o se dejan de parecer en lo otro, si la diferencia es geográfica u organoléptica… esa cuestión de esdrújulas había dado paso a un ambiente de enfrentamiento total en el que incluso las bodegas de Sanlúcar llegaron a reclamar un consejo regulador propio para la manzanilla, algo que, sin entrar en consideraciones históricas o incluso políticas, es tremendamente complicado ateniéndonos a la propia organización del sector sobre el terreno y sus interrelaciones.

No obstante, a la vista del acuerdo también caben preguntarse algunas cuestiones. De entrada, como ya se ha explicado, hay que tener en cuenta que este acuerdo pretende ser la base del contenido del nuevo pliego de condiciones de las D.O., pero ahora mismo es poco más que una declaración de intenciones –ciertamente con muchísimo apoyo- ya que la redacción definitiva de dicho pliego (y probablemente otros asuntos que dimanan del acuerdo) tendrán que volver a pasar por el pleno del Consejo para su aprobación. Puede parecer lo mismo, pero no lo es.

Por ejemplo, puede que tenga cabida en el texto definitivo que se envíe a Europa el acuerdo transitorio para poner fin al ‘fino de Sanlúcar’, pero es evidente que no lo tendrá un aspecto del que no hemos hablado hasta ahora y que figura en el acuerdo en relación con este tema, como es la colaboración del Consejo Regulador en el traslado de dichas existencias de fino a otros municipios mediante deducciones de la liquidación de cuotas a las bodegas afectadas. Es un tema importante, de carácter aparentemente técnico, pero no deja de ser un dinero que por ahora no se concreta y que es a repartir –vale, a no ingresar- a favor de las bodegas de Sanlúcar que tengan fino y decidan trasladarlo. Este tema seguramente tendrá que ser objeto de debate ‘per se’ en pleno.

A título personal, este cronista también debe decir que le parece un tanto farragoso todo lo relacionado con los graneles, los despachos en bodega y los tabancos e incluso un tanto ‘naif’ relacionar su pervivencia apelando al enoturismo, cuando a lo mejor con citar la simple y mera tradición bastaba. No voy a entrar —no es la naturaleza de este artículo— a hablar una por una de las disposiciones para los despachos de bodega, los pre-envases autorizados, su capacidad, cómo deben servirse… ni en los formatos para venta directa en tabancos, su no exposición, llenado de dispensadores, área de influencia… no sé, pero en el horizonte post damajuana también cabe vislumbrar problemas de control de la trazabilidad para el consumidor final —se necesita una confianza sin límites en la bondad humana, la verdad— e incluso está claro que todo ese esfuerzo poco o nada ayuda a aportar el valor de marca por el que apuesta decididamente el Consejo desde hace ya más de una década…

Veremos a ver qué nos deparan las próximas semanas. Es bueno que haya un clima de entendimiento y colaboración entre todas las partes que finalmente haya alumbrado un acuerdo en el sector y que además cuente con la bendición de la Administración, eso desde luego. Ahora veremos cómo se ‘destila’ dicho acuerdo en los pliegos de condiciones de las D.O. y, probablemente, en otros aspectos de la vida del Marco de Jerez a largo plazo. Recuerde el lector que parte de lo acordado tendrá vida hasta dentro de diez años y ahí ya, como diría el clásico, largo me lo fiais…

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