peluqueras_clandestinas_02
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Cuatro de cada diez peluquerías cerraron en nuestro país en 2012 y 2013, según los últimos datos proporcionados por el Directorio Central de Empresas (DIRCE), La subida del IVA del 8 al 21% y el incremento en la factura de la luz son dos factores que han propiciado este cierre y el aumento de las peluqueras ‘ilegales’.

Hace miles de años el pelo protagonizó los más variados mitos y leyendas. Aún hoy, algunas culturas primitivas creen que el alma de cada persona se encuentra en su cabello. En las sociedades desarrolladas se ha convertido en carta de presentación de todos los individuos con independencia del género. Trabajar el cabello permite a miles de profesionales de la peluquería –legales o no- como Diana, Sonia y Raúl, llevar el sustento a sus hogares.

Recientemente, este sector se ha visto vapuleado por la subida de impuestos. Cuatro de cada diez peluquerías cerraron en nuestro país en 2012 y 2013, un total de 31.693, según los últimos datos proporcionados por el Directorio Central de Empresas (DIRCE). Andalucía es la segunda comunidad autónoma en la que se han producido más bajas, por detrás de Cataluña. La subida del IVA del 8 al 21% y el incremento en la factura de la luz son dos factores determinantes en el cierre de estos negocios y en el consiguiente aumento de las peluqueras ‘ilegales’.

Fuera y dentro de la legalidad

Trabajar como peluquera a domicilio, a priori, puede parecer un chollo. Diana, primero esteticista, después peluquera, tiene 28 años y es madre de dos pequeñas. “Cuando era niña alucinaba en las peluquerías y salas de belleza”, rememora la joven, quien siempre tuvo claro que de mayor viviría de este oficio. Ahora mismo es peluquera a domicilio y la única fuente de ingresos de su familia porque su marido está desempleado.

Hay días que no recibe ninguna llamada. Otros, por el contrario, trabaja durante muchas horas, pero claro, “eso nunca se sabe”. Los meses que hace más caja son los de mayo,  junio, y diciembre. Entonces hace su agosto y puede ganar unos 1.000 euros. Pero el año es largo y los meses restantes viene a obtener en torno a 300 ó 400 euros. “Es lo que tiene trabajar de forma autónoma, no tienes la seguridad de contar con una cantidad fija mensual”, reconoce la peluquera. Para ella lo peor de todo es pensar que se puede lastimar un dedo, partirse un brazo o coger un simple resfriado. “Di a luz a mi hija y a los veinte días me puse a trabajar. Entonces es cuando me doy cuenta de que no tengo ninguna ayuda y los años pasan”.

¿Por qué no dirigir su propio salón de belleza? La posibilidad existe, pero de plano la rechaza. Sería esclavizarse, trabajar para pagar impuestos. “300 euros de autónomo, el IVA cada tres meses, los productos y el alquiler o la hipoteca de un local… ¿Cuánto tengo que peinar para pagar sólo impuestos?”, pregunta de forma retórica la peluquera.

“Di a luz a mi hija y a los veinte días me puse a trabajar. Entonces es cuando me doy cuenta de que no tengo ninguna ayuda y los años pasan”. 

Ejercer al margen de las leyes fiscales permite vivir en condiciones más o menos dignas. Al ser nómada no recibe a los clientes en casa, por tanto no tiene miedo a una inspección de trabajo porque, opina, “difícilmente me pueden denunciar”. No obstante, estaría encantada de formar parte de la plantilla de un salón de belleza. Ahora bien, los inconvenientes no son pocos: “En general los contratos son de aprendiz, los sueldos bajos, trabajas muchas más horas de las que te corresponde y no tienes la libertad de administrar tu tiempo. Si yo ahora tengo que llevar a mi hija al médico me planifico y ya está”, asegura.

A pesar de apasionarle, después de una década en el sector, admite que es una profesión muy 'quemante' y puede desembocar en ciertas enfermedades propias del oficio como sobrecargas musculares y problemas circulatorios. Una de las más extendidas es el Síndrome del Túnel Carpiano, que aparece por el movimiento repetitivo de la mano y la muñeca ejerciendo presión sobre un instrumento como las tijeras. Si diera marcha atrás en el tiempo, Diana no se hubiera preparado para este oficio. “Me encanta pero cuando te chocas con la triste realidad… Cualquiera que trabaja de dependienta en una tienda, por ejemplo, tiene mejores condiciones que yo”, concluye.

Una de las pocas peluqueras bien asalariadas es su amiga Sonia. Ella se sentía afortunada. Trabajaba a jornada completa, asegurada cuatro horas, por 700 euros al mes y gozaba de sus correspondientes vacaciones. Ahora la propietaria de la peluquería donde trabaja se jubila. Le ha ofrecido el traspaso, y 500 euros mensuales de alquiler. “Lo consultó con el asesor y le ha dicho que ni loca, que no va a ganar ni para los gastos fijos”. Así que su alternativa es dejar de ser peluquera y trabajar en la empresa de la familia como administrativa.

Raúl López lleva 25 años ejerciendo de peluquero. Al principio comenzó practicando con sus familiares y amigos y poco a poco sus padres le compraban lo necesario. Más tarde, justo en el inicio de la crisis en 2008 puso en marcha su propio negocio, Imagen Peluqueros. En la actualidad tiene a cuatro personas a su cargo. “No me va mal, arrastré a muchos clientes que conocí cuando trabajaba para otros y los mantengo”, manifiesta Raúl.

Como cualquier otro empresario se queja de la gran cantidad de impuestos y seguros sociales a los que debe hacer frente y de que otros y otras trabajen bajo cuerda haciéndole la competencia. Algo que gracias a las redes sociales es más descarado. “Una persona me pregunta cuánto le cuesta hacerse un arreglo y una peluquera que no está en regla le responde en mi página diciéndole que ella cobrará más barato”, declara indignado.

Las clientas que demandan el servicio a domicilio suelen ser mayores, impedidas o jóvenes que debido a su trabajo disponen de poco tiempo para desplazarse y esperar en las peluquerías. 

Sin embargo, entiende que a cualquier colega de profesión le dé miedo lanzarse a la arriesgada aventura empresarial. De hecho, a pesar de que a él le va bien, “con los beneficios de unos meses buenos me tengo que apañar y compensar otros en los que no se hace caja”, asegura que está preparado para irse fuera si la cosa empeora. “Tengo tres hijos y me gustaría que estudiasen y trabajasen aquí, pero la situación política no es muy alentadora; tengo contactos fuera, si es necesario, en un futuro nos marchamos del país”, afirma sin el menor atisbo de duda.

El debate está encima de la mesa. Diana en contraposición, tiene claro que al menos ella no implica ninguna amenaza para las peluquerías legales puesto que parte de las clientas que demandan el servicio a domicilio suelen ser mayores, impedidas o jóvenes que debido a su trabajo disponen de poco tiempo para desplazarse y esperar en las peluquerías. Y en cuanto la tarifa de precios, la diferencia es mínima, de uno o dos euros.

Por otro lado, tiene claro que la competencia entre las peluqueras clandestinas es prácticamente inexistente. Cada una va cultivando su propia cartera a raíz de parientes y conocidos, y gracias al boca a boca. Eso sí, basta que aumenten un solo euro el trabajo  para que llamen a otra. “Hay de todo, aunque hay que tener en cuenta que yo trabajo a domicilio y las personas no metemos a cualquiera en casa”.

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María Luisa Parra

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