La ONGD 'Tharsisbetel' ayuda a 350 familias jerezanas en situación de exclusión social. "Cada vez hay más escasez, en lugar de progreso", afirma su vicepresidente, Manuel Martín.

Hace unos días un hombre llegó desesperado. Tras dos horas conversando con miembros y responsables de la TharsisBetel se fue más contento, pero no lo suficiente pues al día siguiente se quitó la vida tirándose por la ventana. Este es uno de los muchos ejemplos que exponen Pedro Espada y Manuel Martín, presidente y vicepresidente de la ONGD Tharsisbetel, en Jerez, cuya sede se encuentra en la zona Sur. Desde el inicio de su actividad en la ciudad en 2008, como su propio nombre hace referencia, se ha convertido en una casa de luz para personas en riesgo de exclusión. Ayuda a un total de 350 familias —unas 2.000 personas— mediante el reparto de alimentos, el mercadillo La perchita solidaria, talleres, acompañamiento a familias con problemas y otras iniciativas.

Comenzó como beneficiario y poco después también pasó a ser voluntario de esta ONGD. Quién se lo hubiera dicho a Eladio hace unos años, antes cuando vivía bien, y sacaba adelante su propio negocio. Entre otras razones, por motivos de salud, tuvo que dejar de trabajar. No cobra ningún tipo de ayuda. Su mujer, que también trabajaba con él, no puede hacerlo fuera, están de médico en médico, dado sus problemas. Ya no salen a comer fuera como antes; si en otros tiempos le compraba a su hijo tres pares de zapatos, le compra uno “si puede” y, por supuesto, no puede pagar sus clases particulares.

La situación de este jerezano era extrema, recibía tratamiento psicológico. “Del tener, a no tener nada… la vida me pegó un bajón, no tenía ganas de hacer nada ni de salir”, cuenta. Aún va a casa de sus padres y de sus suegros a comer, pero formar parte de “la familia” TharsisBetel — como él la llama— le ha aportado más que alimentos. Se siente arropado, acogido desde el primer momento y útil cuando al ayudar a otros que también lo necesitan al distribuir los alimentos. “Lo mejor —interviene José Luis, que también es voluntario— es que todos venimos necesitados, pero cuando nos dan la oportunidad de ayudar, de trabajar para los demás, eso te dignifica”. “Enseñamos a las personas a dar, no solo a recibir; no damos los peces, intentamos enseñarles a pescar”, añade el vicepresidente.

En 2008, justo cuando la ONGD comenzaba su andadura en Jerez, Mari Carmen, madre de cinco hijos acudió a pedir ayuda, contra todo pronóstico. Su marido trabajaba en Astilleros. En la actualidad no tiene ingresos. El mes pasado le pagaron dos recibos de luz. Guapa y resuelta a sus 39 años, atiende a personas con las que comparte las mismas carencias. Sólo se le cambia el semblante y le tiembla la barbilla al hablar de cómo viven sus hijos esta situación: “Me preguntan por qué no tienen lo que tienen los demás, por qué comemos tantos días pasta o por qué no comemos pescado…”. Lo llevan mal. Reconoce que no sabe qué sería de ella sin Tharsis. ¿Y los servicios sociales, el Ayuntamiento? Hace unos días ha recurrido a ellos y no le han dado cita hasta dentro de cinco meses. “Es normal que la gente venga aquí desesperada”, apostilla el presidente.

El Ayuntamiento contribuye a la hora de recoger los alimentos. El resto del trabajo corre a cargo de los 35 voluntarios que ayudan en asuntos administrativos, de coordinación y distribución de víveres, la puesta en marcha de talleres y otras iniciativas. “Ellos son lo más positivo, especialmente porque la mayoría son también beneficiarios y el trabajo les ayuda a sentirse mejor, les dignifica”, apunta el vicepresidente. Es por esto mismo, el hecho de no fomentar la mendicidad hacer que se sientan útiles, por lo que en el mercadillo solidario se vende, aunque sea por un euro, la prenda. Con el dinero recaudado pagan facturas de luz y agua de los usuarios que lo necesiten. La ropa es donada, se regala a quien carece de la posibilidad de aportar cualquier donativo, pero el hecho de pagar por ella, por mínimo que sea y saber que eso va dirigido a ayudar a otras personas, “les levanta la autoestima”. En esta ONGD también detectan problemas de adicciones para posteriormente derivarlos a otros organismos especializados. Otra de sus líneas de trabajo trata de fomentar a través de talleres y actividades valores como el amor y la amistad. Además colaboran con Accem, ONG que dedica sus esfuerzos a mejorar las condiciones de vida de las personas refugiadas.

Semanalmente llegan solicitudes de personas que se acercan para beneficiarse porque no tienen nada. Según el vicepresidente, Manuel Martín, a muchas personas les avergüenza. “Vienen hombres que han cotizado 20 ó 25 años con la moral por los suelos porque no están acostumbrados a pedir”. La edad también va disminuyendo, cada vez son más los jóvenes con estudios y profesionales sin ningún tipo de prestación a quienes intentan ofrecerle otros tipos de ayuda para que salgan del túnel. Los responsables de Tharsisbetel dicen que el panorama de precariedad y escasez durante estos ocho años de incesante trabajo en la ciudad no ha mejorado: “Cada vez hay más gente a la que ayudar, más escasez, en lugar de haber progreso”.

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