Una vuelta a los orígenes en el corazón de San Mateo

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Jesús y Belén se establecieron en la calle Justicia hace una década, donde encontraron una casa más amplia para estar con sus tres hijos y también una forma de vida ya perdida en las impersonales urbanizaciones de medio Jerez.

“No es una casa antigua, eh. No sé si te va a interesar”, cuenta por teléfono Jesús Zulueta a quien suscribe ante nuestro interés por conocer su casa, dentro de esta serie de reportajes sobre vecinos de intramuros que lavozdelsur.es comenzó allá por el pasado mes de mayo de 2016. Efectivamente, este medio ha pasado por inmuebles como el de Manolo y Juana, o el de Fernando de la Quintana, con siglos de historia a sus espaldas, pero también por otros con no tanta historia e incluso algunos de nueva factura. El objetivo, desde ese primer reportaje, y así le comentamos a Jesús, es transmitir que el centro histórico de Jerez, a pesar de su tan cacareada ruina, es también un gran lugar para vivir; que hay todavía muchos que apuestan por estos rincones del viejo intramuros para establecerse, a pesar de las presuntas mayores comodidades que pueden tener las nuevas urbanizaciones que se han ido construyendo en la ciudad en los últimos veinte años.

Los protagonistas de este reportaje son de Cádiz. Jesús Zulueta y su mujer, Belén Fernández, eran vecinos del entorno de las Puertas de Tierra, beduinos tal y como se les dice en La Tacita a todos los que viven de Las Puertas para fuera, hacia la avenida. Sin embargo, él, profesor de literatura en un instituto de la capital, ella profesora de ballet en una academia de la jerezana de la calle Ídolos, residen en Jerez desde hace décadas, antes en la calle Ponce, ahora desde hace casi diez años en Justicia, en pleno barrio de San Mateo, frente al Museo Arqueológico, en una estrecha vía sin aceras y con predominio de viviendas abandonadas y otras en muy mal estado de conservación.

Es por eso que cuando le comentaron a sus amistades que cambiaban la señorial calle Ponce por este rincón del Jerez medieval, les llovieron comentarios como “¿sabéis dónde os metéis?” o “eso está perdido”. Efectivamente, la estrecha Justicia no es la avenida Álvaro Domecq. No es un lugar habitual de paso, a menos que seas turista y quieras visitar el museo o el templo de San Mateo. Pero eso también son ventajas. La tranquilidad predomina en el entorno. “¿No oyes los pájaros?”, comenta Jesús desde la amplia terraza de su domicilio, como dando a entender que esto es un privilegio que pocos pueden disfrutar en la ciudad.El matrimonio cuenta que se mudó a intramuros por dos motivos. El principal, por falta de espacio. Padres de trillizos que actualmente cuentan con 21 años, afirman que en su anterior piso de 100 metros cuadrados ya empezaban a tener problemas de falta de espacio. El segundo, por su amor al centro. “No nos queríamos mover de aquí”. Tras visitar varios inmuebles, se decidieron por uno de la calle Justicia, que en su día había albergado una chatarrería y dos peñas, una futbolística y otra taurina. El lugar les encantó, sobre todo por su magnífica terraza, desde la que se tienen unas vistas privilegiadas del Jerez antiguo, sobresaliendo no solo los campanarios y espadañas de las iglesias cercanas, también puntos más lejanos como las chimeneas de la fábrica de botellas o las torres del Parque Atlántico, en Jerez, o la silueta de la Sierra de Cádiz y los molinos de viento de la carretera de Sanlúcar, ya en las afueras.

La vivienda, señalan, tendrá unos 70 años. La compraron “cuando la burbuja inmobiliaria no había explotado del todo” y tras un importante lavado de cara han hecho una casa a su medida y muy personal en el que el color blanco es el imperante. Casi se podría decir que el inmueble cuenta con dos viviendas, ya que la planta baja se concibió como una tipo loft, que ahora se usa para alojar a las visitas, mientras que la primera y segunda ya alberga las dependencias comunes de la familia.

Belén afirma que al pronto de establecerse ya notaron la cercanía que supone vivir en un barrio en pleno intramuros. Una especie de vuelta a los orígenes, de todo lo que antes significaba vivir en un barrio antiguo. “La convivencia es diferente a la de la periferia. Aquí más que vecinos tienes amigos. La gente te conoce por el nombre, te ayuda si lo necesitas, si vas con prisas te cuelan en la tienda… ¡Hasta el de los cupones viene a casa si cree que nos ha vendido un premio! Todo eso se suele perder al salir del centro”. “Algo tiene esto cuando los vecinos más antiguos dicen que no se van de aquí”, añade Jesús. Desde luego, otra cosa no, pero historia y leyenda rezuma el barrio a borbotones. “Por delante de casa puede que pasaran los Reyes Católicos, porque se sabe que entraron en Jerez por la antigua puerta de Santiago para llegar a la plaza del Mercado, donde se les recibió con unos juegos de lanzas y cañas”, señala Jesús, que también recuerda esa fábula ocurrida en el rincón malillo, a escasos cien metros de su casa, que cuenta que un caballero un tanto fanfarrón fue herido en un brazo tras retar al mismísimo diablo.En breve, además, el barrio, tranquilo casi todo el año, se llenará de vida, primero con los besamanos y besapies que trae la Cuaresma jerezana en los templos de los alrededores y luego, con la Semana Santa. De hecho, por Justicia pasan hermandades como Las Tres Caídas o El Desconsuelo. “Desde el balcón vemos hasta el dado con el que se sortean los romanos la túnica del Señor, eso pocos pueden decirlo”, presume Belén en referencia al paso de misterio de la vecina hermandad de San Mateo.

En casi diez años en Justicia, el matrimonio afirma que han visto mejorías, sobre todo tras la constitución de la asociación de vecinos del centro histórico, que pelea incansable por mejorar la convivencia y el entorno de sus habitantes. Pero también señalan que sigue habiendo numerosas propiedades abandonadas o en mal estado, algunas en manos de inmobiliarias, pero otras tantas propiedad del Ayuntamiento, algo que no entienden cuando desde el propio gobierno han anunciado facilidades para que los vecinos del centro arreglen las fachadas de sus viviendas. De todas maneras, son optimistas y esperan que el futuro siga trayendo novedades. Y también animan a todos aquellos a los que les guste el centro o hayan sopesado alguna vez mudarse aquí: “Ahora mismo hay muchas posibilidades de invertir. Los precios siguen siendo bajos, y aunque luego haya que hacer reformas, merece la pena si buscas una vivienda diferente y con una personalidad que no te da un piso o una unifamiliar”.

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