El Ayuntamiento de Jerez, con motivo de la cita europea, organiza una visita para personas con movilidad reducida que evidencia que queda mucho por recorrer para alcanzar la accesibilidad total en espacios públicos tan concurridos como estas instalaciones municipales.

"Yo soy Margarita y él es mi hermano, Fernando", se presenta una de las usuarias de Afanas Jerez, al tiempo que se detiene y empieza a correr hacia el estanque de los hipopótamos. Cerca de 20 personas con discapacidad intelectual —de los tres centros de la asociación en la provincia— visitan el Zoobotánico de Jerez en la Semana Europea de la Movilidad. Pero, ¿con qué intención? "Colaboramos con el Ayuntamiento para comprobar que el parque es accesible para personas con movilidad reducida", responde José Manuel Ripalda, vicepresidente de la asociación de personas con discapacidad física (Adifi), rodeado de representantes municipales. La actividad no tiene otra finalidad, en el fondo, que aquellas personas con diversidad funcional puedan visitar el Zoo. Una ruta cultural que lleva a cabo Juan Carlos Fabregat, monitor del departamento de Educación del Zoobotánico de Jerez. Pero él mismo desconoce el motivo de este evento: "Recientemente no se ha hecho nada y el plan de accesibilidad todavía no está acabado". 

El Zoo de Jerez tiene pendiente desde 2016 terminar su plan de accesibilidad

Tras descansar un rato en las puertas del depósito de agua, el grupo se concentra y camina por una de las aceras de la avenida principal del recinto. Al menos cuatro personas van en silla de ruedas con la ayuda de una cuidadora de la asociación. Todos necesitan un apoyo constante y algunos, además de tener discapacidad intelectual, tienen dificultades motrices y no se pueden mantener en pie. Son los casos de Carmen y Loren, dos personas en sillas de ruedas que encuentran dificultades para poder desplazarse de la acera a la vía. A lo largo de la avenida, no hay rebajes ni rampas. "Abajo hay una bajada", incide un responsable municipal. Pero Carmen quiere ir al servicio y Toñi, su cuidadora, prefiere acortar camino. Como no encuentra ninguna acera rebajada, se las apaña para bajar de espaldas la silla de ruedas y así poder circular por el centro de la avenida. María, la encargada de Loren, no se fía. "Yo no puedo bajar a este hombre por aquí", se dice a sí misma. "Me da miedo hacerlo. Él anda, pero no pisa bien y ya tiene dos roturas de cadera", comenta.

En la avenida, Paquita se agarra al brazo de Toñi y camina junto a Fernando y Chari, un matrimonio que no dudan en dar un buen apretón de manos a todos aquellos que desconocen. Mientras todos pasean por la vía, María y Loren siguen estando en la acera. Ella espera que al final de la avenida, junto a la antigua entrada del parque jerezano, haya una bajada. Eso era lo que habían dicho, pero la realidad es otra muy distinta. Cuando María llega, se encuentra "con el Everest", y no tiene más remedio que hacer lo que hizo Toñi con Carmen. Apurada, María baja la silla de Loren de espaldas. Una vez todos reunidos de nuevo, algunos se marchan a su centro correspondiente y otros aprovechan para ir al cuarto de baño. En un principio, el acceso es sencillo, pero más tarde, se presentan nuevos obstáculos. El camino hacia el aseo empieza siendo de hormigón, pero luego es tierra irregular que dificulta el paso de las sillas de ruedas; por lo que María tiene problemas para que Loren llegue al baño.

Después del laberinto para poder llegar al aseo, María tiene que sortear otros surcos en la tierra y empujar con fuerza para que Loren pueda circular por un trozo de albero. Cuando todos están listos, los pocos que quedan, marchan hacia la pajarera. Chari acerca sus manitas a la jaula de los murciélagos y sonríe. Muchos se sorprenden mientras los mamíferos voladores devoran piezas de fruta. Después, vuelven tras sus pasos y cogen por la otra parcela. "¡Mira, Bambi!", grita una de las cuidadoras al vislumbrar a las crías de gamos. Juan Carlos se detiene y comienza una sesuda explicación sobre estos animales o el caballo Przewalski, en estado de conservación en el Zoo jerezano por estar en peligro de extinción. "Pero con ellos no se pueden hacer explicaciones de más de un minuto. Hay que decirle cosas básicas, rápidas, dinámicas... Ellos quieren ver las jirafas, los leones..., lo más conocido", comparte María. "Hay una falta sensibilidad. Tanto ellos necesitan estas salidas, como nosotros enseñar la diversidad funcional en estos espacios y solucionar las carencias de accesibilidad", añade. 

El proyecto de la tercera fase de accesibilidad del Zoobotánico de Jerez está elaborado por Urbanismo desde junio de 2016 a falta de ser aprobado y puesto en marcha. No obstante, según fuentes del centro, si bien las primeras dos partes fueron financiadas por la Junta a través de los fondos de planes turísticos —dinero que invirtieron para colocar suelo de hormigón y una rampa para minusválidos en la zona de los patos—, ahora la administración municipal debe financiar la siguiente reforma. Este año, en la Semana Europea de la Movilidad, queda claro que aún queda mucho camino por recorrer en materia de accesibilidad.

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