Una "cadena solidaria" para que los Reyes Magos lleguen a los niños más necesitados

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Juani lleva unos años separada. Ella sola, como puede, se las apaña para criar a sus dos hijos, el mayor de 16 años, y la pequeña de siete. Sus ingresos se reducen a poco más de 200 euros mensuales que percibe de paro, por los tres meses que estuvo contratada en verano por un plan de empleo de la Junta. El invierno anterior también la llamaron. Se dedicaba al mantenimiento de parques y jardines de la ciudad. Esos seis meses son los únicos que figuran en su vida laboral, aunque lleva trabajando casi desde que, con doce años, tuvo que dejar el colegio —porque su madre estaba “enferma del corazón”— para echar una mano en casa. Esta vecina de la jerezana barriada de San Juan de Dios cuenta que no pensaba regalarle nada a sus hijos por Reyes, pero Alicia y Juan se cruzaron en su camino. Ellos dos, desde hace unos años, se dedican a recoger juguetes que donan empresas o particulares, para familias con pocos recursos.

La de Juani es una de ellas. “No me llega para regalos”, dice, mientras porta una bolsa en la que lleva un oso de peluche, un juego de pinturas, otro de maquillaje y una libreta, para su niña de siete años que, de lo contrario, “hubiera amanecido sin juguetes”. “Ella me dice que a lo mejor los Reyes no pasan por su casa”, cuenta. La prestación se le acabará a Juani en un par de meses, ¿y luego qué? No se plantea su futuro más allá del día siguiente. Cada jornada es una batalla. Un día plancha dos horas por diez euros, otros se ocupa de pasear y cuidar mascotas —por lo que le pagan unos 50 euros mensuales—. “Hay veces que me llevo todo el día llorando, pero no quiero que mis hijos me vean llorar”, relata antes de irse con los regalos que le pondrá a su niña la mañana de Reyes.

El centro de barrio de San Telmo acoge la entrega de los juguetes recopilados por Alicia Atienza, una jerezana que lleva 15 años “ayudando a todo el que puedo”. No solo en Navidad, también durante el año, aportando productos básicos —leche, champú, pañales— a familias con pocos recursos o apoyando a colectivos que luchan por sus derechos laborales, como fueron en su día las trabajadoras de ayuda a domicilio. “Es una cadena solidaria, yo ayudo y sé que cuando ellos estén bien me ayudarán a mí”, dice. La llamada a la solidaridad la realiza a través de las redes sociales, y así ha conseguido unos 150 kilos de juguetes en apenas una semana.

Patricia se lleva una muñeca y un estuche con lápices de colores, para sus hijos de doce y cinco años. Ella, limpiadora, su marido, albañil, ambos en paro desde hace meses. El último trabajo de Patricia fue limpiando casas, aunque también ha ejercido de comercial para empresas aseguradoras, un “empleo” con el que se ganaba unos 200 euros mensuales en el mejor de los casos. “Pero me hacían falta”, dice. Los tres años que rezan en su vida laboral son una ínfima parte de los 15 que lleva sin parar de realizar labores que apenas le dan unos cuantos euros al mes. 400 ganaba por estar, de lunes a viernes, de 8:00 a 15:00 horas, limpiando una casa. A 2,85 euros la hora. “Mi marido hasta se fue a Argelia a trabajar, pero lo engañaron, le dijeron que la empresa era española y era de allí, ganaba 800 euros y tenía que pagar alquiler y comida”, cuenta. A su vuelta, “se trajo el dinero en los zapatos, si no se lo quitaban”.

Con Patricia está María José, que fue quién le habló de la labor solidaria realizada por Alicia. María José tiene una niña de dos años, a la que le llevará una cocina de juguete y un par de muñecos. Ella hace unos meses que no trabaja, lo último que hizo fue limpiar casas, dos horas de lunes a viernes, por menos de 100 euros al mes. También fue auxiliar de ayuda a domicilio, por lo que recibía algo menos de 300 euros, aunque le sirvió para cotizar, pero no para tener derecho a una prestación. Ha trabajado en campañas agrícolas, como la vendimia o la de la aceituna, y de vez en cuando, hace alguna rifa. “Ya ni eso, la gente no compra papeletas”. Vendía dos por un euro y el ganador se llevaba un juego de sábanas. La jugada le valía para sacarse entre 20 y 30 euros. Su novio, albañil, hace medio año que no tiene un empleo. “Hace lo que le sale”. Lo último, pintar el dormitorio y el salón de una vecina por 30 euros.  “Mi suegro y mi madre nos ayudan a llenar la nevera”, señala.

El último en recoger regalos es Rubén, un madrileño que lleva 13 años en Jerez, cinco de ellos en paro. Ahora da clases de patinaje, con lo que gana 5 euros por niño al mes. Teniendo en cuenta que tiene apuntados unos doce… “Con eso no hago nada”, dice. Su mujer trabaja, los viernes y sábados que la llaman, en un bar del centro por cinco euros la hora. “Entre eso y las monjas que nos ayudan… vamos estirando el dinero”, relata. Hace un año que dejó percibir los 426 euros del Plan Prepara, destinado a parados de larga duración con cargas familiares.

Sus hijas, de cinco y seis años, mientras, juegan con un carrito de bebé que les ha tocado llevarse. “No sabía qué decirles, si que se habían portado mal o que los Reyes Magos no tenían dinero…”, apunta Rubén, que como mal menor tenía pensado comprarles, al menos, una bolsa de chucherías. La mesa del centro de barrio se va quedando sin juguetes, aportados por personas anónimas, y también por la asesoría Asinde Pymes o la cantaora jerezana Lidia Hernández, cuenta Alicia, quien junto a Juan Romero, se ha encargado de recogerlos y entregarlos a personas con pocos recursos. Los hijos de Juani, Patricia, María José y Rubén se lo agradecerán.

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