Un mar de solidaridad para sobrellevar dos incendios en seis años

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El llamamiento de Daniel por Facebook, tras salir ardiendo por segunda vez su vivienda, se traduce en donaciones de muebles y aparatos electrónicos apenas 24 horas después del suceso.

Si ya es difícil salir adelante tras un incendio en casa, imaginen lo que supone un segundo fuego en poco más de seis años. Es lo que le ha pasado a una familia del Polígono de San Benito, que en la mañana de este pasado domingo volvía a sentir como la tragedia sobrevolaba sus vidas una vez más.

Domingo, diez y media de la mañana. Alejandra González, 31 años, ha salido a comprar el pan mientras en su domicilio sus dos hijas siguen durmiendo y Daniel Rosa, su pareja, está en el cuarto de baño. De pronto, nota olor a quemado procedente del salón. Cuando se quiere dar cuenta, una inmensa llamarada ya llega hasta el techo. El foco del fuego se localiza en una mesa camilla. Daniel, no lo piensa, saca a sus hijas de casa y llama a Domingo, su vecino. Para entonces una densa humareda empieza a inundar las zonas comunes de este bloque de la calle Arcipreste Corona.

Domingo, de 44 años, está lúcido. Tras comprobar que a base de cubos de agua no sofocarían las llamas, toma la manguera que usa para lavar a su perro, la conecta a la pera de la ducha y la lleva a casa de su vecino, con la enorme suerte de que esta alcanza perfectamente. “Si el fuego hubiera llegado a la cocina, el bloque sale por los aires”, señala Domingo un día después del suceso.

Veinte minutos después de producirse el fuego señalan los vecinos que hicieron acto de presencia los bomberos, avisados por la Policía Local. “Cuando llegaron ya lo habíamos extinguido”, señala Daniel, que apunta a una manta sobre la estufa como causante del incendio. “Se ve que nuestro perro metió la cabeza por debajo de la mesa y con ella su mantita”, explica Alejandra en el salón de su casa, negro por el humo y con enormes desconchones en las paredes y el techo a causa de las altas temperaturas. Fuera, en la calle, los muebles calcinados lucen junto a los contenedores, a la espera de que los empleados de Urbaser los retiren en las próximas horas.

“Ahora toca empezar de nuevo”, lamenta Alejandra, recordando el incendio que sufrieron años atrás y que les ha tocado revivir. La hija mayor, de nueve años, y que por entonces tenía tres, es la que peor lo lleva. Aquella vez fue provocado, según les confirmó la policía, aunque nunca han sabido si se detuvo al causante. Sí saben que deben 600 euros por aquella intervención de los bomberos, ya que todavía no han podido abonarla, y temen que esta vez la ‘factura’ vuelva a ser similar.

Afortunadamente, no todas las noticias son malas. Tras el incendio, Daniel recurrió a las redes sociales para pedir ayuda. En su casa apenas entran los 500 euros que cobra de una paga de invalidez, ya que su mujer actualmente está parada, por lo que se antojaba complicado devolver el aspecto original que tenía su salón antes del incendio. Pero gracias a su mensaje por Facebook, varias personas se han puesto en contacto con ellos para regalarles muebles, una televisión y hasta un dvd y ya tienen constancia de que vecinos van a ayudarles económicamente para que puedan afrontar la compra de materiales de la obra del salón, que el propio padre de Daniel llevará a cabo. “Todavía hay gente buena”, agradecen.

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