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Francisco Holgado completa la caminata de casi 600 kilómetros entre Jerez y Madrid tras 17 jornadas. Es recibido por Manuela Carmena y asegura que hay esperanzas para evitar la prescripción.

“Tiene 71 años y fuuu, quién hace eso, es difícil, bastante difícil, menos mal que está en forma y anda rápido. Cuando va fuerte anda 8 kilómetros la hora”. José Gilabert ha estado a su lado los últimos 17 días. 17 etapas con sus mañanas, tardes, noches y madrugadas. Su gesto de cansancio es elocuente y lógico después de haber cubierto como acompañante la caminata imposible de casi 600 kilómetros que separa Jerez y Madrid. Esa marcha que Francisco Holgado, a sus 71 años, muy delicado de salud, decidió emprender a finales de septiembre pasado desde la rotonda dedicada a su hijo Juan, a escasos metros del cuartito de oficina de la gasolinera donde se ensañaron sus asesinos aquel 22 de noviembre de 1995. Junto a él durante el camino, Jose, recién aterrizado de la que reconoce como "una experiencia bastante dura: verlo caminar, verlo solo, con gente, reír, con un nudo en la garganta, verlo llorar. Ha sido bastante dura".

Nada hacía presagiar aquella fría mañana que el conocido Padre Coraje, tan desangelado aquel día, iría viniéndose arriba a cada paso, a cada kilómetro de su marcha a pie. Con cada gesto de aliento, con cada mirada cariñosa y con cada muestra de apoyo a su lucha. Con cada recibimiento. “Ha sido increíble, todo muy bien, mucho apoyo, y me ha respondido muy bien el cuerpo. Yo tenía que reventar para volver. Nunca he pensado en volverme. El primer día pensaba que a lo mejor un día, dos, pero 17 días… Pero no, he llegado”. Y como restando importancia a su gesta, afirma: “Aquí estoy”. Con su botellita de Solan adherida a la mano, su gesto exhausto, la boca reseca y la piel tostada por el traicionero sol de otoño, no va a detenerse: “Ahora voy a seguir esperando a que me reciban, a seguir luchando, no he venido de vacaciones”. No sabe dónde dormirá –“como si tengo que quedarme en la furgoneta”– y su acompañante le deja ya, “se vuelve para Jerez porque ya ha cumplido su misión”, pero Paco está pletórico para seguir peleando hasta que el tiempo se agote.

Este miércoles, a escasos 4 o 5 kilómetros en algún punto entre San Martín de la Vega y el Palacio de Cibeles, José le ha insistido: “Paco, camina que no llegamos”. Pero no ha podido perder más tiempo y le ha montado en la furgoneta para conducirlo hasta el Ayuntamiento madrileño. “Los periodistas no le dejaban avanzar y la propia Carmena me llamó para decirme que había acabado el pleno y que, o llegábamos, o no podría recibirle”. La cita, prevista para las dos menos cuarto pero que finalmente se ha adelantado casi una hora, ha despertado mucho interés mediático. También estaba allí Antonia Castro, su ex mujer, y el otro hijo de ambos, Francisco como su padre. Incomprensiblemente, ninguno de los dos ha podido subir a entrevistarse con la regidora al no ser ellos quienes tenían una cita que gestionó ayer mismo el alcalde de la vecina localidad madrileña de San Martín.

A poco de acabar el encuentro oficial en el Ayuntamiento de la capital, Paco Holgado atiende al rosario de medios que han acudido a recibirle. Hay grupos de jerezanos en Madrid que también han llegado a Cibeles para apoyarle. También está Sonia, la hija de la primera víctima del asesino de la Baraja, y los padres de Sandra Palo, que también pelean por cambiar la Justicia y que crímenes horrendos como el de su hija no queden impunes. "Es una pena que no me recibiera ni la alcaldesa de Jerez ni el alcalde de Sevilla, pero el día de hoy sí era muy importante”, asegura Paco a los periodistas.

“Ella (Carmena) es jueza y hemos hablado del tema de la prescripción de este tipo de delitos, de las grabaciones que sirvieron para celebrarse un segundo juicio, de que me ayude a que pueda entrevistarme con el ministro de Justicia, con el de Interior, con el presidente del Gobierno… Tengo noticias de que el ministro de Justicia va a hacer posible que la causa no prescriba. Si mi esfuerzo sirve para que no prescriba el crimen y se haga Justicia ya habrá servido. Si no hago nada, esto prescribe y punto. No pienso en otra cosa. Que los que fueron lo paguen y les condenen". ¿Qué hará mañana? "Voy sobre la marcha, mañana ya veremos, las cosas se hacen mejor durante el día". 

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