Especialistas en arquitectura, urbanismo y arqueología clausuran las V Jornadas de Archivos Privados, centradas en la necesidad de almacenar la memoria documental del patrimonio de Jerez.

Lo que no se usa no se conserva; lo que no se almacena en la memoria cae en el olvido. Bajo estas dos premisas se ha celebrado la clausura de las V Jornadas de Archivos Privados, las cuales han puesto el foco esta vez en la arquitectura y el urbanismo en relación con la conservación del legado documental del patrimonio histórico y artístico. Lo que revelan las piedras, un diagnóstico teórico-práctico del intramuros jerezano, la preservación encaminada al bienestar social, la conciliación de los “talibanes” del patrimonio con los “depredadores” del mismo, y la necesidad de dotar de mayor difusión pública a las investigaciones han sido los ejes de las ponencias (breves) de los cinco invitados a la mesa redonda que ha puesto el broche a estos encuentros divulgativos.

Con una entrada muy lejos de lo deseable en la Sala Compañía –los inscritos han bajado de 100 a 70 en esta edición-, la arqueóloga Carmen Reimóndez, y los arquitectos y urbanistas Francisco Pinto, Manuel Ángel González Fustegueras, Manuel Collado e Irene Luque han aportado su particular visión sobre la necesidad de preservar el testimonio documental de las edificaciones históricas, independientemente del grado de conservación de las mismas; acercar a la ciudadanía ese patrimonio textual y gráfico; y recuperar el corazón de la ciudad como seña identitaria de la misma. “La identidad de un pueblo no está en los centros comerciales”, ha recordado Pinto Puerto, que también es profesor titular de la Universidad de Sevilla. En este contexto, el coordinador de las jornadas organizadas, entre otras instituciones y entidades (Ayuntamiento, Archivo Municipal...), por la asociación de Amigos del Archivo, Manuel Barea, ha lanzado un sentido llamamiento a la necesidad de redoblar los esfuerzos para dotar al Archivo Municipal de más medios materiales y técnicos porque, a su juicio, “somos incluso garantes de la transparencia en las administraciones gracias a esos fondos documentales que atesoramos”.

Si Fustegueras ha abogado por que el patrimonio sea un “valor colectivo”, puesto que “nuestras ciudades están construidas sobre ciudades” y "el patrimonio solo es tal en la medida en que podemos participar colectivamente del mismo", Collado ha apostado por conservar la información de los edificios “aunque estos estén obsoletos y no se conserven”. “Aquí tendemos a tirarlo todo o a querer protegerlo todo aunque no tenga valor histórico. Están los conservadores totalitarios y los depredadores patrimoniales, y hay que buscar un equilibrio”. En ese equilibrio ha diferenciado entre dicho valor histórico y el valor etnográfico, “que al menos debe ser conservado documentalmente”. Ese trabajo de campo es el que realizan profesionales como Reimóndez, que ha desgranado someramente el proceso que se conoce como ‘arqueología de la arquitectura’. Un trabajo multidisciplinar de investigación exhaustiva que va desde el análisis histórico del inmueble hasta el grado de protección urbanística o las diferentes actuaciones que se han llevado a cabo en el mismo.

Centrada en el diagnóstico que su estudio, Infusiones Urbanas, ha realizado del intramuros jerezano para el Ayuntamiento de Jerez, Luque ha denunciado la “paralización” del mismo, “nunca resultó ser el momento oportuno para presentarlo públicamente”, y ha reivindicado la puesta en marcha de acciones “no exclusivamente vinculadas al dinero” y sí a la “nueva sociedad que emerge”. Fustegueras ha considerado el patrimonio "salario social indirecto" y ha defendido que "su preservarción solo es posible si está encaminada al bienestar de la sociedad". "Hoy -ha abundado- la periferia en Jerez no es La Granja, está en la ciudad central, donde se ha producido un desencuentro y un desequilibrio entre la capacidad de uso y significado. No es una periferia geográfica, pero es la realidad que tenemos en la ciudad con un centro balcanizado, en el sentido de Sarajevo, del que se ha ido la población y el dinero". Ante este mal endémico, el arquitecto y urbanista ha exigido una respuesta coordinada entre "sector público, la iniciativa privada y los residentes, cuyos intereses parecen a veces divergentes y entre los que hay que buscar el máximo común denominador".

Sobre el autor:

Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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