"Miré antes de cruzar pero me atropellaron, mi madre creía que estaba muerto"

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“Iba a venderle una papeleta a mi vecino, miré antes de cruzar pero me atropellaron. Mi madre creía que estaba muerto”, dice con la inocencia propia de sus siete años Manuel, el pequeño al que arrolló un vehículo que circulaba a gran velocidad por la calle Panes, en Federico Mayo, una vía estrecha, con coches a ambos lados, en la que no es la primera vez que ocurre algo así. El suceso tiene lugar a principios de diciembre. Manuel está en su casa con su hermano mayor, Abraham, de once años, que cruzó pocos segundos antes que él. Inmediatamente después, mirando a ambos lados, pasó él, que cuenta que no vio nada y por eso se aventuró a cruzar los pocos metros que separan una acera de la otra. El golpe del primer coche que pasó, que repelió a Manuel varios metros, lo escucharon varios vecinos, que se asomaron inmediatamente. El segundo vehículo en liza le pasó por encima. Los dos se dieron a la fuga, uno de ellos en dirección prohibida. Un vecino salió corriendo detrás suya hasta la esquina, que está a pocos metros de donde tuvo lugar el impacto, pero no pudo alcanzarlo y solo le dio tiempo a ver que era un Hyundai Accent de color blanco. El otro era azul, señalan testigos presenciales.

La cuestión es que la temeraria conducción de estos dos vehículos, y el posterior atropello, le han cambiado la vida al pequeño Manuel. La madre, Lorena, cuenta que en un principio creía que todo se trataba de una broma de su hijo, pero que cuando salió de su casa y lo vio en el suelo, encogido, y en medio de un charco de sangre, se temió lo peor. “Lo zarandeaba y no reaccionaba”, relata. “Yo reacciono cuando quiero”, dice Manuel, que escucha la conversación. La madre recuerda el momento: “Me dio un ataque de nervios. La ambulancia la verdad es que tardó poco, unos 15 minutos, pero en ese momento se hacen eternos”. Menos mal, dice, que el pequeño reaccionó antes de que llegaran las asistencias sanitarias. Su hermano Antonio, un año mayor que él, fue quien avisó a Lorena de lo sucedido y quien incluso la tranquilizó diciéndole que Manuel había abierto los ojos y estaba consciente.

El pequeño fue trasladado al Hospital de Jerez, pero pronto lo derivaron al Puerta del Mar de Cádiz, donde se encuentra la única UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) de Pediatría de la provincia. Allí fue intervenido de urgencia para tratarle los daños ocasionados por el atropello. Manuel llegó al centro hospitalario con dos enormes brechas en la cabeza, un gran número de arañazos, una fractura en la cadera, un hematoma pulmonar y la tibia, el peroné y el fémur rotos. Poco más de una semana después recibió el alta y ahora hace frente a su nueva vida. Aunque no se acostumbra a la silla de ruedas. Salta desde ella, con cuidado de no plantar el pie escayolado —el derecho—, queriendo jugar con su hermano Antonio. Hace unas semanas le retiraron las agujas que le colocaron para corregirle la rotura de tibia y en unas semanas espera que le quiten la escayola.

Luego le espera una larga rehabilitación. En unos días comienza la neurológica en el instituto Charbel, donde prevé pasar dos horas diarias durante cuatro sesiones a la semana. Un reciente informe neurológico revela que el impacto le ha provocado a Manuel un gran deterioro en los procesos de aprendizaje y un déficit en su capacidad de atención. El pequeño está en segundo de Primaria en el CEIP Federico Mayo y, al perder casi tres meses de clase, su madre prevé que tendrá que repetir curso. “Se ha reincorporado hace poco, pero se ha quedado muy atrás”, relata. Manuel dice que no le pesa ir en silla de ruedas, incluso le ve el lado positivo: “En el patio me empujan mis amigos”.

“Fue un susto de los grandes”, relata Lorena, que teme “las secuelas que le puedan quedar” a su hijo. Las más visibles, algunas cicatrices en la cabeza —“donde no le crece el pelo”, enfatiza su madre—, otras cuantas en la cara y en la espalda. Todavía es pronto para saber si podrá volver a caminar con normalidad, pero los médicos le han dado la esperanza de que será así. Manuel, dice su madre, es consciente de que pasará muchos meses en silla de ruedas antes de poder andar. Hace poco intentó moverse con unas muletas, pero se cayó y le cogió miedo. “Estuvo toda la tarde llorando en el sofá y dice que ya no las quiere”, cuenta su madre, que ha sido sus pies durante los meses posteriores al accidente, del que aún sigue sin saberse la identidad de los autores.

La unidad científica de la Policía Nacional lleva el caso, que está bajo secreto de sumario, y del que por el momento la familia aún desconoce que haya novedades. “Sospechamos que los conductores tienen que ser de por aquí, porque por esta calle no pasa gente de fuera, te pierdes”, señala Lorena. “Nosotros estuvimos buscando coches y le dimos varias matrículas a la Policía, pero no sabemos nada”, relata la madre, que se queja de que “no es normal” la velocidad a la que circulan muchos vehículos por la calle donde se produjo el suceso. “Encima no hay pasos de peatones”, censura. Ella, una vez pasado el susto, confía en que acaben descubriendo a los autores del atropello. “Más vale tarde que nunca”, dice poco antes de concluir la charla. Manuel, que no ha parado de moverse en la silla de ruedas y de jugar con su hermano, le dice a Lorena cuando termina la conversación: “Mamá, ¿por qué me ha echado fotos? ¿Yo qué he hecho?”

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