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Una jerezana narra cómo compró deuda subordinada de Bankia sin tener ni idea de lo que estaba adquiriendo, a pesar de que la propia entidad bancaria estimaba no conveniente la operación tras realizar un cuestionario que "hizo el del banco y yo sólo lo firmé". Facua Cádiz denuncia la "falta de control por parte de las administraciones públicas", ya que "se ha dejado a los bancos que campen a sus anchas"

Cuando María (nombre ficticio) decidió invertir sus ahorros en comprar deuda subordinada de Bankia no era consciente del riesgo que esta operación conllevaba. Fue en mayo de 2009 cuando, tras preguntar en su sucursal habitual, la informaron -o mejor dicho, la malinformaron- y decidió invertir 6.000 euros en este producto financiero. "Por aquel entonces conocí a un banquero de otra entidad y me dijo que era una buena opción, que él lo haría". comenta. "Invertí mi dinero y no me explicaron que en algún momento podía pasar lo que pasó. Me dijeron que el dinero lo tenía a mi disposición cuando quisiera, que podía ir dos o tres días antes e informar de que quería vender mis obligaciones subordinadas".

Extracto del test que la entidad financiera hace firmar a sus clientes.

¿Pero qué son exactamente las obligaciones subordinadas? Como se explica en el blog de helpmycash.com, "las obligaciones subordinadas son productos de renta fija a largo plazo que suelen contar con una elevada rentabilidad, aunque también con un alto riesgo y una baja liquidez". La contratación de este producto implica un doble riesgo, ya que el capital invertido no está cubierto por el Fondo de Garantía de Depósitos y esta deuda "es de peor calidad que bonos ordinarios o pagarés, por lo que en caso de quiebra de la entidad, los tenedores de subordinadas estarían por detrás de éstos en el orden de prelación". 

El problema vino "cuando empezó a aparecer Bankia en televisión e intentabas vender estas obligaciones, entonces ya no te las compraba nadie, y si lo hacían, a un precio muy bajo". Por sus 6.000 euros recibiría unos 3.500, por lo que decidió dejar ahí el dinero en espera de que la situación del banco mejorara. Lo primero que hizo María para buscar ayuda fue entrar en la web de Facua, porque "no conocía a nadie que me pudiera ayudar". María afirma: "Me sentía engañada, en mi banco no podía confiar".

Jesús Yesa, secretario general de Facua Cádiz, asociación de consumidores que lleva en torno a una veintena de casos en Jerez, cree que "con carácter general se ha producido un fraude masivo", ya que estos productos de alto riesgo, "dirigidos a un número reducido de clientes, se han puesto a la venta para la clientela en general". También considera que los bancos "no cumplen los requisitos de información a los usuarios" y denuncia la "falta de control por parte de las administraciones públicas", ya que "se ha dejado a los bancos que campen a sus anchas".

Con las acciones de Bankia por los suelos y sus ahorros invertidos en deuda subordinada, María tenía dos opciones: "acudir al arbitraje o denunciar en los tribunales", aunque la segunda opción tenía el riesgo añadido de que si perdía el juicio debería pagar las costas judiciales "y perdía el dinero". Finalmente, optó por acudir al arbitraje en mayo del año pasado, remitiendo este escrito:

Hemos completado un producto complejo de inversión, creyendo que era una operación segura de depósito a plazos. La entidad no ha cumplido con sus obligaciones de información y asesoramiento para la correcta comercialización y suscripción, impidiendo tomar decisiones razonadas y con pleno conocimiento del producto, creyendo haber contratado una inversión segura y que no implicaba riesgos y garantizaba la disponibilidad del capital invertido. La entidad no ha actuado de forma honesta, imparcial y profesional, además de no dar informaciones claras y no engañosas, contrario al principio de claridad y transparencia, pero asociados al producto sin tener en consideración nuestras circunstancias personales. Estamos en pleno desconocimiento del producto que compramos. Yo he invertido dinero, no acciones.

Poco más de tres meses después, María pudo recuperar sus ahorros. Eso sí, "con trampa", ya que su capital invertido se convirtió en acciones de la entidad, las vendió por poco más de 3.000 euros y el resto del dinero lo cobró gracias al arbitraje. "Me lo cambiaron por otro producto que tenía un interés muy bajo, y todos los intereses que había ganado con las obligaciones subordinadas los perdí". Los 2.000 euros que ganó en intereses los tuvo que devolver. "Me prometieron un interés del 7,25% el primer año, del 4% el segundo... pero no los cobré".

A la hora de contratar las obligaciones subordinadas, "supuestamente nos hicieron un test", porque "lo hizo el del banco y yo sólo lo firmé". En este cuestionario (cuya imagen acompaña a esta información) se detallaba explícitamente la escasa idoneidad de la operación: Como resultado de las respuestas al cuestionario el producto es: No conveniente. María asegura: "Me lo hicieron firmar". ¿Por qué no lo leyó? "Es que yo confiaba en mi banco, es lo que le ha pasado a todo el mundo", matiza. Tras esta experiencia, asegura que no se fía "de nadie". Jesús Yesa corrobora que estos tests no sirven de mucho, ya que "ha habido personas que son analfabetas funcionales y a los que les ha admitido como idóneos".

Sobre el autor:

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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