Cuatro monjas luchan, con la única ayuda de una asociación, para que la ruina no acabe con el convento más antiguo de Cádiz.

El tiempo puede medirse -y tocarse- en el Monasterio de Santa María. Cada hito histórico de Cádiz está labrado en sus piedras: el asalto anglo-holandés que barrió Cádiz en 1596, el  milagroso terremoto de 1755, la explosión de 1947 que tiñó el cielo de rojo, las revueltas de fuego y rabia de 1936… Es lo que tiene saberse el convento más antiguo de la ciudad. Desde 1527 tomaba el pulso del barrio flamenco que engendró, Santa María, pero hace ya once años que el tiempo, más que pasar, pesa en esta joya del patrimonio religioso.

Muros agrietados, techos apuntalados o, directamente, hundidos, cubiertas perdidas; el convento es la estampa de la decadencia, pero no del abandono. Pese a las adversidades, las cuatro monjas concepcionistas que lo habitaban y la asociación que las ayuda siguen luchando para conseguir la rehabilitación del edificio y la recuperación de la vida monástica en el interior de sus muros. Por eso, hace unos días, la Asociación de Amigos de Santa María inició las obras de lo que será la primera piedra del regreso de la comunidad. Con los 160 euros que las religiosas y la entidad han conseguido reunir hasta la fecha han iniciado la primera fase de la rehabilitación de la antigua Casa del Capellán.

“Es el minimonasterio de realojo, como me gusta llamarle”, reconoce Antonio Ramos, historiador de la asociación. Y no le falta razón. En esta primera fase se contempla realizar los derrumbes, saneamientos básicos y obras de estructura de una zona del edificio, de 660 metros cuadrados, más cercano a la calle Teniente Andújar. Tras ella, faltarán dos fases más hasta completar los 500.000 euros que el arquitecto Fernando Ríos, miembro de la asociación y uno de los responsables del proyecto de restauración, estima que se necesitarán para concluir esta parte del monasterio. Y con él y las 12 celdas resultantes, las monjas concepcionistas podrán regresar a Santa María.Sin embargo, aún es imposible determinar cuándo ocurrirá el regreso. Lo único seguro es que, en tres meses, las obras terminarán y tocará seguir buscando fondos. Hasta ahora, lo realizado ha sido posible gracias al dinero que la comunidad ha podido ahorrar y lo que la asociación ha conseguido con la colaboración ciudadana. Ni una sola entidad pública ha colaborado económicamente con la causa. Pero esta soledad no es nueva para las monjas.

Un derrumbe y varios abandonos

Fue en 2005 cuando un derrumbe de parte de las celdas que dan al claustro precipitó la salida de las monjas al cercano convento de las concepcionistas de la calle Montañés de Cádiz. Por aquel entonces, la Junta de Andalucía se comprometió a la restauración del edificio con la firma de un convenio por el que la comunidad cedió unas fincas que había recibido de una herencia. La crisis pilló a la administración autonómica con las obras sin empezar y la promesa se esfumó con el proyecto arquitectónico ya realizado y las fincas cedidas. El tiempo pasó en soledad -sin colaboración alguna del Obispado, que se limitó a hacer de mediador en ese primer acuerdo frustrado- hasta la fundación de la asociación de apoyo a las monjas en octubre de 2011.

En abril de 2015, el Ayuntamiento de Cádiz (entonces gobernado por Teófila Martínez) aprobó en un pleno el convenio por que se supone que ayudarían a las monjas de clausura en la ejecución de la Casa del Capellán. En este caso, la decepción no tardó tanto en llegar. Con el cambio de gobierno, el nuevo alcalde, José María González, reconoció la incapacidad económica para cumplir el acuerdo de su predecesora. “Tanto él como Martín Vila visitaron el monasterio y reconocieron su valor patrimonial e histórico pero explicaron que no había presupuesto. Eso sí, se ofrecieron a colaborar en lo que se pudiese”, relata Antonio Jiménez, presidente de la entidad.Con tanta negativa, ni los Amigos ni las monjas se arredran aunque el contexto no les sea favorable. “Hemos tenido altibajos. Hay veces que te desanimas. pero tenemos que tirar para adelante y hacerlo por ellas”, reconoce Jiménez. Precisamente, ellas, las religiosas llevan la espera “con ilusión y desesperación a partes iguales, están deseando regresar”, añade Ramos. La conclusión de ese ‘minimonasterio’ para el que faltan unos 340.000 euros haría posible su deseo, pero aún quedaría el resto del convento de 3.000 metros cuadrados, siglos de historia y espacios cargados de valor patrimonial.

Hoy su claustro del siglo XVII, sostenido por columnas de mármol y arcos de medio punto, resiste a los embates de la degradación con la única compañía de las palomas y los visitantes que, cada sábado colaboran con un donativo de 5 euros por conocer el espacio. Desde julio de 2014 ya han pasado 2.000 personas. Todas ellas han podido contemplar como se ve el cielo donde antes había celdas que daban al claustro o como los puntales inundan estancias llenas antes de vida, como la sala capitular o el Patio del Olivo, la parte más antigua del monasterio. También han podido ver la sorpresa que arrojó una cata cuando, a menos de medio metro, apareció un rico mosaico romano del siglo II o III d.C., compuesto por mármoles de colores venidos de las zonas de Túnez, Turquía o Grecia.Devolver el esplendor al Patio del Olivo, al claustro, las celdas, el refectorio, las cocinas o a la bella escalera de doble tramo que comunica los pisos del edificio costará unos cinco millones de euros, según estimaciones de la asociación. La idea es que, una vez esté recuperado el edificio en su totalidad vuelva a ser el motor de la vida del barrio que antaño fue. Para ello, el proyecto contempla que la Casa del Capellán se convierta en una hospedería, una vez las monjas regresen a su claustro. También plantea la construcción de un museo y de un obrador para elaborar dulces de convento.

La proeza es tal que, aunque existe un Plan Director que guía los pasos de la consolidación realizada hasta ahora para evitar derrumbes y la futura restauración, en los Amigos prefieren centrarse en las fases más cercanas y alcanzables. Mientras, estudian fórmulas de viabilidad económica, como pueden ser la enajenación de parte del edificio. “Hay que sacar dinero de debajo de las piedras. Eso pasa por organizar actividades y por la posible enajenación de la parte del edificio que no tiene valor histórico y siempre con la máxima de que, en ningún momento, el monasterio va a dejar de ser monasterio”, sentencia con contundencia Jiménez.

Para visitas al Monasterio y donativos:

622 671 465

amigossantamaria@gmail.com

amigosdesantamaria.wordpress.com

Número de Cuenta: 2103 – 4018 – 10 – 0030012844 (Unicaja)

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