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Los Superquimions son la última genialidad del fundador de la asociación 'Con aire de ilusión', organización que colma de alegría a los niños hospitalizados, organiza actuaciones benéficas y colabora en la captación de donantes de médula.

Niños y niñas que luchan para esquivar el cáncer, y un final que tal vez no sea feliz, lo afrontan con ilusión, aunque parezca sobrenatural. Y no es por arte de magia sino gracias a un sencillo invento de Jaime El Mago: Los Superquimions. Los pequeños valientes sometidos a sesiones de quimioterapia olvidan el mal trago que eso supone (les puede hacer perder el cabello, la piel, las uñas, e incluso el apetito) cuando entran en la sala de tratamiento y ven que su personaje favorito, como un Minion o Hello Kitty, le acompaña en esa amarga tarea.

Jaime Peinado, portuense que trabaja como voluntario en el Hospital de Jerez y en el Puerta del Mar de Cádiz divirtiendo a los más pequeños con trucos de magia y globoflexia asegura: “Llevaba años observando la bolsa amarilla tan fea de la quimioterapia, con una etiqueta también muy fea que se cuelga al lado del niño y otra bolsa envuelta en papel de plata cuya impresión es aún peor”. Ahora ya eso quedó atrás. En casa se le ocurrió elaborar cubiertas de fieltro que contuvieran las bolsas de tratamiento. “Eliminamos la barrera entre la quimioterapia y el pequeño; ahora es visual y alegre”. “Imagínate ver llegar a la enfermera con uno de tus personajes favoritos conteniendo tu tratamiento; el niño queda encantado”, explica el padre del invento.

"Imagínate ver llegar a la enfermera con uno de tus personajes favoritos conteniendo tu tratamiento; el niño queda encantado”

Lo que empezó como una humilde y original genialidad corrió como la pólvora entre los usuarios de las redes sociales. El post colgado en Facebook dando a conocer los Superquimions arrasó tanto en España como en Hispanoamérica con más 150.000 ‘me gusta’. A partir de ahí, numerosas asociaciones también decidieron elaborarlos para llevarlas a sus hospitales y han logrado coordinarse entre sí. Para ello han contado con la ayuda de otras instituciones. La web www.ayudacancer.com gestionará el papeleo y Fundación SEUR se ha comprometido a trasladar todos los Superquimions a la Fundación Luis Olivares de Málaga. Allí se clasificarán por modelos, serán empaquetados y enviados a los hospitales que lo demanden. Todo, destaca Peinado, “sin que a los enfermos les cueste ni un solo euro”.

Precisamente para evitar que alguna empresa comercialice con este invento y el “efecto placebo” que produce, Jaime contactó con una empresa jerezana de patentes. “Al conocer el proyecto también ha querido colaborar de modo que no va a costar nada registrar y patentar los Superquimions”, expresa agradecido Peinado, que ya está pensando en convocar un concurso de cuentos sobre estas prodigiosas bolsas y en crear una línea de muñecos y juguetes.

El carpintero que se convirtió en mago

“Si no fuera Jaime El Mago, sería Jaime a secas o Jaime el carpintero”, reconoce Peinado haciendo alusión al oficio que desempeñó –la carpintería- hasta que una enfermedad le obligó a retirarse. Los primeros juegos de magia los adquirió durante un viaje a Francia hace 16 años. Al nacer su segundo hijo con un problema renal comenzó su prodigiosa e ilusionante aventura como mago en los hospitales. “Las enfermeras venían a la habitación para pedirme que fuera a entretener con los globos a otros niños que se encontraban mal. Cuando me di cuenta tenía una fila de niños en mi habitación esperando que les hiciera un globo”. Su hijo salió del hospital y la leyenda del mago se afianzó, tanto que fundó la asociación Con aires de ilusión, en cuya sede vende juegos de magia para financiar los materiales y el seguro de voluntariado porque como él dice “al igual que mi hijo estuvo hospitalizado pasándolo bien, los demás niños también lo necesitan”.

"Jaime lo da todo sin esperar el reconocimiento que buscan otras asociaciones"

Como cualquier mago, Jaime y el resto de voluntarios deben ensayar constantemente, pero además han de cumplir otros requisitos. “No podemos llegar y preguntar qué tiene el niño, hemos de respetar a los padres que se niegan a que entretengamos a su hijo aunque éste lo esté deseando o incluso ser su paño de lágrimas”, explica Ángel Saborido, animador infantil, voluntario de la asociación desde hace cinco años. Luisa Brioso, su compañera en el reparto de ilusión, recuerda cómo llegó el primer día a casa, “con un nudo en el estómago pensando en que esos niños tienen problemas de verdad y yo me quejo por tonterías”. El escenario en el que actúan es muy delicado. Muchos de sus pequeños espectadores se encuentran cuidados paliativos. “Te llevas mucho tiempo con ellos y cuando se van te afecta, no somos de piedra, pero no podemos dejar de ir con una sonrisa porque hay muchos más esperando”, dice rotundo Jaime El Mago. “Chavales con más de 20 años que me ven por la calle y me abrazan como cuando eran pequeños y eso vale mucho”, añade.

"Detrás de esa sonrisa que consigue hay un gran problema y él se los tiene que llevar a casa"

Jaime y su asociación organizan actuaciones en beneficio de diferentes causas. De esta forma, Con aires de ilusión ha ayudado a recaudar fondos para ‘liberar’ a María de un problema en los pies hace tres años. “Lo que Jaime hace no tiene precio, siempre tiene algo en mente. Hay que admirarlo porque detrás de esa sonrisa que consigue hay un gran problema y él se los tiene que llevar a casa. Debería haber más personas como él, entonces el mundo sería de otra manera”, afirma agradecida María del Rocío de la Flor, madre de la pequeña María. “Jaime lo da todo sin esperar el reconocimiento que buscan otras asociaciones y eso es digno de admirar”, apostilla Luisa Brioso, voluntaria de la asociación.

Sobre el autor:

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María Luisa Parra

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