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La ciudad cuenta con once licencias para coches de caballos, un referente dentro de los atractivos turísticos de la ciudad. Conocemos a Sebastián Íñigo, de 58 años, diez de ellos paseando a turistas. "Lo fundamental es que les trates bien y se sientan a gusto. Esto es como los bares, que en cualquiera te ponen una cerveza, pero si tienes agrado y simpatía, mucho mejor".

Venecia tiene sus góndolas y Jerez, los coches de caballos. Aunque los jerezanos estamos más que acostumbrados a su presencia e incluso a disfrutarlos durante la Feria con una copa de fino en la mano, para los turistas que visitan la ciudad en verano es algo totalmente nuevo y diferente.

Sebastián Íñigo, de 58 años, lleva los últimos diez dedicados a pasear a esos visitantes que, con una cámara en la mano, gorra en la cabeza y colorados por el sol quieren conocer de otra manera uno de los grandes símbolos de nuestra ciudad. Además, ese contacto directo le ofrece una perspectiva diferente de lo que busca el turista y lo que les parece la ciudad, alejada de esas cifras y datos más fríos que se ofrecen cada cierto tiempo desde la delegación de Turismo.

“Lo fundamental es que les trates bien y se sientan a gusto. Esto es como en los bares, que en cualquiera te ponen una cerveza, pero si tienes agrado y simpatía, mucho mejor, porque hay gente que no vale para el contacto con el público. Hay que tener mano izquierda y educación”, afirma el cochero mientras refresca a Bullicioso, un bonito tordo, en la parada de la Alameda Cristina.

Este cochero, que siempre ha tenido contacto con animales, ha trabajado también en la hostelería y en la construcción, pero se reafirma en que lo que más le gusta es el contacto directo con las personas, aunque sean extranjeros y no hable nada de inglés. Pero ni falta que le hace. “Yo me entiendo con ellos. Sacamos un mapa y les indico por dónde voy, el precio –hace un gesto con los dedos de su mano derecha- y la hora –indicando su reloj-. Y si son españoles directamente voy bromeando con ellos durante la ruta”.

Por 40 euros la hora o 20 los 30 minutos, Sebastián pasea a los turistas por los principales monumentos de la ciudad. “Los que más les gusta son la Catedral, San Miguel y el Alcázar, les parecen maravillosos”, aunque también le hacen cuestiones sobre el estado del centro. “Me preguntan que por qué hay tantas casas derruidas. Hay veces que no sé qué decirles”. Está claro que los males del centro no sólo los vemos los propios jerezanos.

En total, trabajando unas 10 horas diarias, Sebastián puede ganar unos 40 u 80 euros, cantidad que varía dependiendo de si hay función en la Real Escuela, que es cuando más negocio se hace. Pero como bien dice, la suerte también cuenta. “Te puedes levantar a las 6 de la mañana y trabajar todo el día, pero como la suerte no esté contigo…”. Finalmente, reparte lo ganado con el dueño del carruaje, al quien los caballos –tiene cuatro, que alterna cada día-, los arreos y el propio coche le han salido por unos 12.000 euros.

“En realidad un coche de estos puede estar al alcance de cualquiera y un caballo medio bueno sale por unos 600 ó 1.000 euros”, señala Sebastián, que añade que “no todos los caballos valen para esto, porque hay calles estrechas que si el caballo no te da lo que le pides te monta la ruedas en las aceras”.

En cuanto a las licencias, actualmente el Ayuntamiento ha adjudicado once, si bien no cuestan dinero. “El único requisito exigido es que tengas el seguro, el coche en buen estado y el caballo bien cuidado. Y claro, que trates bien al cliente”. ¿Hay mucha competencia? “Entre nosotros no tanta, lo que pasa es que luego está el trenecito y ahora también el autobús turístico. Eso sí nos quita más, porque muchos no quieren tanto jaleo y van más a lo cómodo, y además el precio les incluye la visita a una bodega”.

¿Y los turistas? ¿Han bajado o aumentado? No se atreve a decirlo, pero tiene claro que la crisis ha afectado a todo el mundo. “Aquí antes les pedías 50 euros y apenas te regateaban. Ahora les dices cuarenta euros y algunos te ponen mala cara. Y ya me dirás si es caro pagar eso entre seis o siete personas que pueden subirse aquí”. 

La jornada para Sebastián terminará entre las 8 o las 10 de la noche, dependiendo de cómo vaya yendo el día. Jesús Nazareno, vecino de Cristina, lo acompaña en forma de foto en el farol izquierdo de su coche, porque a pesar de ser un trabajador nato, nunca viene mal un poco de ayuda divina. "Como está todo tan vacío hay que tener un poco de fe en la religión. Hay que agarrarse a lo que queda". 

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