Fue una noche que tardarán en olvidar. Pasadas la una y media de la madrugada, el revuelo en el vecindario era enorme. Ningún vecino podía dormir mientras caían 65 litros por metro cuadrado en apenas 45 minutos en Zafer, en la barriada de La Asunción, una de las zonas más afectadas por las lluvias torrenciales del pasado 18 de octubre. Allí, los bloques 5 y 6, los más cercanos a la zona más baja de la urbanización, fueron los que más daños sufrieron. La construcción de una zona ajardinada, hace más de 20 años, rodeando una de las bolsas de aparcamiento, dejándolo por debajo del nivel de las calles cercanas, hace que el agua de lluvia se acumule y no desagüe bien. Ya ha pasado hasta en seis o siete ocasiones, recuerdan los vecinos más veteranos. “Mi Renault 12 se me inundó hasta el techo en una de las primeras”, rememora Francisco Ríos, echando la vista atrás. Él es de los primeros vecinos que se asoma cuando escucha que se habla de la última inundación, tema estrella de las tertulias vecinales.

Todos, en mayor o menor medida, se han visto afectados. Y han perdido algo. Sobre todo los que viven en los bajos. José Francisco se despertó antes de las dos de la madrugada. A esa hora, el agua ya había empezado a entrar en su casa, donde lleva viviendo casi dos décadas. Nunca había visto algo así. Casi un mes después de la tragedia, aún está tirando algunas de sus pertenencias, inservibles. Un contenedor cercano al bloque puede dar fe de ello. Allí se amontonan una cómoda y un enorme mueble que, antes, estaba en su salón. Pero después de que el nivel del agua superara los 40 centímetros de altura, pocos se salvan. Los colchones, tampoco. “Compré tres hace poco, 790 euros me costaron, a la basura”, señala José Francisco Gallego, quien la noche del 18 de octubre, junto a vecinos y familiares, no pararon de achicar agua.

“Nos salimos fuera, esperando que parara de subir el agua”, explica. Unos minutos de angustia que pasaron después de lograr salir de la vivienda, no sin esfuerzo, pues el agua hacía muy difícil abrir la puerta. Eran las seis de la mañana cuando, en casa de José Francisco, terminaron de limpiar, como pudieron, los desperfectos provocados por la lluvia. “Hasta dos o tres días después no te das cuenta de todo lo que tienes que tirar”, apunta este vecino, que ha podido salvar alguna documentación valiosa y, a duras penas, su álbum de novios. Pero su coche no tuvo tanta suerte. Lo tenía aparcado cerca de su vivienda, y al asomarse a comprobar que seguía ahí, no lo encontraba: estaba amontonado, junto a otros muchos, en el bloque de viviendas colindante, a más de 50 metros de donde lo dejó. “Para tirarlo”, dice. Lo compró en 2013, de segunda mano, y ahora asegura que ya tiene visto otro para sustituirlo, “con los 6.000 euros que me han dado”.

Las horas siguientes fueron de llamadas a aseguradoras y de trámites de todo tipo para reclamar ayudas que, a muchos vecinos, ya le están llegando. José Francisco es de los que acudió a la oficina de atención que puso en marcha el Ayuntamiento —que estará activa hasta el 16 de noviembre—, donde recogieron sus datos y tramitaron las ayudas que concede el Estado a través del Consorcio de Compensación de Seguros. “Está respondiendo, la verdad”, dice Enrique Olvera, que reside en el bajo junto a José Francisco. Él estaba viendo la televisión cuando su mujer fue a avisarlo. “No me enteré de nada”, confiesa, pero se asomó a la ventana, “y vi los coches flotando”, dice. El agua empezó a entrar por la placa de ducha y por los desagües de la terraza, pero en su casa no alcanzó tanta altura. “Tenía toallas prensadas puestas en la puerta de entrada”, confiesa, un detalle que hizo parar, en parte, la riada. “Esto de los jardines es una trampa”, señala Enrique como causa de las continuas inundaciones que se producen en Zafer.

Él fue de los que salió a aparcar el coche lejos de las viviendas, y cuando volvió el agua le llegaba por la cintura. “A mí también, y yo en la playa me meto hasta la rodilla”, dice un vecino, bromeando. Enrique se lo toma con humor, aunque la inundación le ha hecho perder dos sofás, varios muebles, el lavavajillas y casi toda su ropa. “El seguro del hogar no lo cubre todo, te dan el 70% de su valor”, explica, por lo que remata que “esto te termina costando el dinero”. “Imagínate que el año que viene pasa otra vez, a ver qué hacemos”, dice su vecino José Francisco. “Cada vez que se nubla te entra el miedo”, dice Francisco Ríos, quien confiesa que la noche de la inundación solo pensaba: “Que deje de llover ya”. Lo hizo después de una hora, cuando habían caído una media de 65 litros en una ciudad que todavía está reponiéndose de los daños sufridos.

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