José Ignacio, Daniel y Aureli son tres de los jornaleros que se marchan a la recogida de fruta en Francia gracias a una iniciativa impulsada por la agrupación local de IU. Para la mayoría es la única alternativa, para otros, la mejor: “Allí gano más".

Tiene 30 años y estudios de Administración y Turismo. Antes de trabajar como jornalera, Aureli Salmerón fue camarera y dependienta de una tienda. Se dedica a trabajar en la recogida de la fruta en el país galo “porque allí gano más, la verdad”. Asegura que en el campo no hay diferencias entre hombres y mujeres, pero las casadas suelen ir con sus maridos. “El que quiera trabajar tiene trabajo en Francia”, donde las condiciones son mucho mejores, afirma taxativamente. La madre de Aureli es Manoli Parra, la mujer que desde el primer año se ha encargado de coordinar la marcha de los jornaleros a Francia. La primera vez lo hizo en colaboración con el Ayuntamiento de Torrecera. Este año, también junto a IU Jerez, se encarga de orientar y organizar el traslado de 280 temporeros al país galo.

José Ignacio Morión, jerezano de 42 años, reconoce que cada vez que se marcha a hacer la campaña a recoger la manzana francesa “su hija lo lleva regular”. Deja su hogar a finales del verano, después de unos meses en los que pasan mucho tiempo juntos. “Ella se tiene que hacer a la idea de que vienen unos Reyes, una Feria y necesita muchas cosas”. Antes de que pinchase la burbuja inmobiliaria trabajaba en una empresa de molde y encofrado. Actualmente trabaja de reponedor en unos grandes almacenes, empleado media jornada solo durante los meses de verano. Esta es la cuarta vez que realiza la campaña en el país vecino. Su pareja no trabaja, y no se libran de pagar la hipoteca. Hace cuatro años conoció a Manoli Parra y decidió marcharse. Esta es la cuarta vez que lo hace. “No ganas para tirar cohetes, pero ayuda a pagar lo que se deba porque con lo que voy sacando vivo al día”.

Según José Ignacio, la experiencia de las anteriores ocasiones ha sido muy positiva, nada que ver con la relación entre responsables y empleados en España. “Te pagan el doble; te tratan muy bien, cada día que llegan te dan la mano y te preguntan cómo has pasado la noche porque allí la convivencia es fundamental”. Ahora bien, no son unas vacaciones, subraya, solo trabajo, trabajo y trabajo, en total entre 35 y 39 horas extras. “Allí no es como aquí que después de trabajar, vas a tomarte algo. Una cerveza te puede costar siete euros, y como te gastes eso, no ganas nada”.

Este año además, se incorpora a su cuadrilla uno de sus primos a quien ha animado a ir. Daniel Morín trabaja ocasionalmente en un catering. Le pagan la hora a cinco euros y prefiere no hablar de lo cuánto cotiza. “¿Cuántas horas tengo que echar para ganar un sueldo?” Antes regentaba un negocio de fruta, pero se vio en a obligación de cerrarlo. No recibe ningún tipo de ayuda ni prestación y su pareja también está en paro y aunque no tiene hijos también debe pagar la vivienda. No se lo ha pensado, aunque tiene la esperanza de que la situación cambie y más pronto que tarde encuentren en Jerez o su entorno un trabajo digno.

Los tres, Aureli, José Ignacio y su primo, asisten a la charla informativa que ofrecen la Manoli Parra, la coordinadora; Raúl Ruiz-Berdejo, portavoz municipal de IU; y Manuel Bertolet, alcalde del Ayuntamiento de Torrecera, en el edificio de los sindicatos a quienes estén interesados en marcharse esta temporada. La sala está llena, los perfiles de los asistentes son muy variados: jóvenes mayores, con y sin formación, con ganas de trabajar y de resolver las numerosas dudas en torno a este trabajo. Los tres, especialmente Manoli, se encargan de acabar con los mitos, miedos y bulos, para que los interesados se decidan a ir o no. Los contratos, de 35 horas semanales, son gestionados por la asociación de Torrecera, aunque se firman una vez pisen suelo francés.

A lo largo de los dos meses podrán traer a casa en torno a unos 2.000 euros, dependiendo de las horas extras y de los gastos del alojamiento, también gestionado desde España, ya sea en apartamentos o bungalows con todas las comodidades –esta segunda alternativa cuesta unos seis euros por trabajador–. Una vez más reiteran la importancia del trabajo, pero más aún de la buena convivencia entre los trabajadores. Solo se trata de una medida de transición, dejan claro en la charla informativa. “No es la solución para el futuro, pero sí una bola de oxígeno para quienes están parados o no tienen ningún tipo de ingresos. Lucharemos para generar empleo digno en nuestro pueblo”, afirma Bertolet.

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María Luisa Parra

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