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'Sherry for Sarajevo' es el proyecto de un joven activista fotográfico que pretende remover conciencias a través de imágenes que muestran la degradación que sufre la ciudad.

No quiere que le hagamos fotos. Dice que no quiere protagonismo. De hecho, critica que en estos días en los que cualquiera tiene una cámara en el bolsillo, la gran mayoría de instantáneas sean auto fotos destinadas a agrandar el ego de cada uno en redes sociales. “A la gente le hace falta abrir la mente y dirigir la mirada a su alrededor. Cualquiera puede hacer una foto y denunciar, y sin embargo no lo hace”. Nos pide que tampoco se refleje su nombre completo. Se llama Guillermo y se apellida H. “Demasiadas cuchilladas hay en el mundo cultural en Jerez. Tampoco quiero que nadie me eche en cara que quiero sacarle beneficio a esto. Para nada”. Guillermo, 30 años, es archivero fotográfico. El pasado mes de junio comenzó un proyecto que ha querido llamar ‘Sherry for Sarajevo’ en el que, a través de fotografías, muestra las miserias de Jerez en forma de edificios abandonados, calles levantadas o muros derruidos. Pero ni siquiera las descubre, porque muchas se han convertido en escenas cotidianas, estampas que la ciudadanía, lamentablemente, ha asumido ya sin prácticamente ánimo de levantar la voz y luchar por lo suyo.

Sus primeros recuerdos de la infancia son los de su padre leyendo las crónicas de la guerra civil en la antigua Yugoslavia en el periódico El País “cuando El País era El País y no lo que es ahora”, matiza con tono crítico. Aquellas imágenes del conflicto le sobrecogieron. Lo que no se imaginaba –ni él ni nadie- es que en la ciudad que le vio nacer, esa coletilla de “esto parece Yugoslavia” se haría tristemente común en pleno siglo XXI al pasear, por ejemplo, por la zona de intramuros. “Jerez está en guerra, diferente a aquella, pero la tiene. Es económica. Una situación de quiebra técnica que la tiene sometida, a lo que hay que sumarle la gran tasa de paro que la resquebraja”.

Guillermo va en bici a trabajar, algo que le permite descubrir prácticamente cada día una ruina nueva. “No hace falta prepararme nada, ni a obligarme a ir por unas zonas u otras. Hay veces que sí, que cojo y estoy una hora dando vueltas, pero Jerez es una mina. Al lado de la fábrica de botellas hubo un accidente hace cinco meses, se cayó un muro, y así sigue. Lo único que he visto que hayan arreglado es una acera cerca de la antigua harinera”, afirma. A él, sin embargo, lo que realmente le gusta es hacer fotos de naturaleza, pero reconoce que tiene alma de fotoperiodista, una visión crítica que ha ido ganando con el paso del tiempo y con cada foto que ha ido haciendo a lo largo de los últimos años. Sus imágenes son en blanco y negro -“el color, para lo que quiero mostrar, distrae”-, no tienen retoques y nunca van acompañadas de una imagen humana o animal.El joven, que ha residido en Sevilla, Granada o Barcelona, entre otros municipios, explica que las amistades que hizo en aquellos lugares no llegan a creerse la situación por la que pasa Jerez. “En Estambul conocí a un refugiado afgano que me dijo que su sueño era llegar a Europa. Cuando le dije que aquí tenemos una tasa de paro del 40 por ciento ni se lo creía”. Le preguntamos, desde su punto de vista, quiénes son los culpables de la actual ruina de Jerez. “Yo creo que todos somos culpables. Por intereses, por omisión… Por ejemplo, en San Miguel la gente tiene conciencia de cómo era antiguamente el barrio, de la vida que había, pero la fuerza de la colectividad se ha perdido, ahora cada uno va a su bola”. Y añade: “Yo soy muy pesimista con la sociedad. La gente lo tiene delante y parece que lo tiene asumido. El jerezano es especial como ninguno, pero eso se lo dejo a los antropólogos y sociólogos. Lo que está claro es que algo de pasotismo tiene que haber en el aire, un sentimiento de derrota que hace que la gente coja la maleta y se marche”.

Las vallas rotas de una pista de futbito en La Vid; jaramagos en las paredes de un histórico templo del centro; acerado levantado por las raíces de un árbol en el entorno de Chapín; feo cableado sobre las paredes de una vivienda de intramuros; parques y jardines abandonados a su suerte; antiguas bodegas que perdieron su esplendor; viviendas tapiadas y pintarrajeadas en El Pelirón; fantasmagóricas imágenes de la antigua estación de autobuses, un concesionario de la avenida Tío Pepe o del sitiado hotel Palmera Plaza; una mastodóntica estructura metálica en La Canaleja… Así hasta setenta y tantas fotos se reflejan ya en la web, que llegarán, como mínimo, al centenar. “Subo unas dos a la semana, pero hago muchas más. La idea inicial era llegar a cien fotos. Cuando tenga un inventario bastante grande pararé”. Como explica en la memoria de su proyecto, “si con ello consigo que los propios ciudadanos nos demos cuenta de la gravedad de la situación, algo habremos ganado con ello. Si por otro lado se muestra fuera de la ciudad la tragedia que vivimos los jerezanos sin atisbo de solución a pequeña escala, se habrá ganado otra batalla. Cualquier cosa es mejor que dejar de ver, escuchar o decir”.

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Jorge Miró

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