El retorno a Jerez de Elena y Adriana, sanitarias en Madrid, en los primeros 'Alvia' llenos: "Ha sido duro"

Un solo tren directo ha llegado a la provincia en el primer viernes de movilidad nacional en más de tres meses, con muchas ganas acumuladas. "Mis compañeros y yo no aguantaríamos bien una nueva ola a corto plazo. Necesitamos desconectar primero"

Adriana, una de las sanitarias procedentes de Madrid este viernes a Jerez. FOTO: MANU GARCÍA
Adriana, una de las sanitarias procedentes de Madrid este viernes a Jerez. FOTO: MANU GARCÍA

La estación de trenes de Jerez dejó una de las estampas más crueles del inicio de la crisis sanitaria. En la plaza se desplegaron los primeros militares que llegaron a la ciudad para controlar las calles, el confinamiento. Una de esas imágenes de película que dejó los peores días de la alarma, hasta que la vista se acostumbró a las imágenes de escafandras, mascarillas. Este 26 de junio tenía lugar la imagen contraria, la del primer viernes, el primer fin de semana completo, en el que estaba permitida la movilidad completa en el país, sin justificaciones ni permisos. Un Alvia, el único de todo el día, dejaba a decenas de pasajeros en Jerez procedentes directamente de Madrid, de la zona cero. Casi todos, volviendo a casa después de unos meses, en esta tierra de emigrados laborales.

Apoyada en una columna espera Ingrid a su sobrino minutos antes. "Es como un hijo", explica. Trabaja de noche y, advierte, cuando llegue no cree que tenga muchas ganas de hablar con la prensa. Pero sí cuenta que tiene ganas de verlo, y que no tiene miedo por eso de venir de la capital, la zona más castigada. "Miedo no, yo viajo cada día a El Puerto, uso el tren... No creo que haya que tener más miedo de quien venga de Madrid". Pasará solamente unos días antes de retornar. La emplazamos a intentar verles a ambos. La marabunta del tren que llega lo impedirá.

José María, en el bar de la estación de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA

35 años lleva en el bar de la estación el dueño del negocio José María Domínguez, que renueva cada cinco años la concesión. Desde los 15 en ello. "La factura la pasan", recuerda. El alquiler es de miles de euros, pero estuvo cerrado por el confinamiento, al igual que el resto de bares. No ha reincorporado a nadie del ERTE aún. "Algún militar por la mañana a lo mejor se toma su café antes de coger el tren, pero mucho menos que antes. Por las tardes a la hora de comer veía a Arguiñano yo solo, y dije, para eso me voy. Estoy cerrando a la hora de comer y abro a la tarde, cuando pasa el Alvia que sale para Madrid. Ahí sí se nota algo mejor, pero en los Cercanías y eso no compra nadie nada. Los que se van a Madrid, esos sí se llevan su latita, el agua, un bocadillito, algo siempre cae".

Pasan las dos y media y el Alvia hace su entrada. Caras largas, las propias de un viaje de varias horas. Dentro, pasajeros sin distancia de seguridad, pues hay que confiar en las mascarillas. El PP ya ha pedido que se recupere la frecuencia de los trenes a la existente antes de la crisis sanitaria, porque, dice un diputado, es imposible encontrar billetes. Efectivamente, para este último viernes de junio y primer viernes desconfinado al completo, no había manera desde hace días de conseguirlo. Muchos de los que se bajan, jerezanos y de pueblos de alrededor que quieren echar al menos unos días en su casa, en la de su origen.

Dos sanitarias sí se paran. El resto quiere ver a los suyos después de meses y rechaza pararse ahora, maleta en mano, prisas, andén, para una entrevista. Adriana sí lo hace. Es jerezana y trabaja en Madrid. "Estaba deseando volver con la familia, la playa... Ha sido duro, soy sanitaria, y se ha vivido algo muy fuerte". Desde que miraba por la ventana y veía Jerez (por el recorrido, desde la parada del aeropuerto: Gudalcacín, Pozoalbero, Hipercor, González Hontoria, Bomberos, avenida de Arcos y por fin los apeaderos) estaba nerviosa, confiesa.

Para muchos de los que vuelven unos días, existe cierta preocupación sobre esa movilidad nacional, aunque la vida continúa. "He visto lo duro en el hospital. Veo que la cosa se está normalizando. Es entendible porque hay que aprender a convivir con el virus con medidas".

Elena, en el andén tras bajarse del Alvia. FOTO: MANU GARCÍA

Elena es también sanitaria, enfermera, una jerezana en el hospital de La Princesa. Llevaba tiempo con la sensación de "inseguridad de volver, si se podría". Lleva 10 años en la capital. "No teníamos claro si se iba a abrir. Estoy muy contenta por venir, pero es extraño", reconoce. "No estamos haciéndolo bastante bien", dice como una de esas personas que estuvo en primera línea. "En el tren no había distancia de seguridad, iba sentada al lado de otra persona. Pensaba que habría más, pero solo había un tren Madrid-Cádiz. Te dan una toallita alcohólica pero no están cumpliendo las distancias".

Ella sabe del coronavirus, no solo por haber estado en primera línea, sino porque ella misma lo ha pasado. "He pasado la enfermedad sin síntomas. Probablemente no me vuelva a contagiar ni contagie, pero voy a intentar hacer las cosas bien. Si no nos cuidamos, esto puede volver atrás. El virus sigue ahí. Mis compañeros y yo estamos regular. Duramente aguantaríamos volver a lo que fue, pero para una ola próxima... Tenemos primero que desconectar de verdad, quizás en octubre cuando venga la gripe, sí. Pero la gente como yo no aguantaría bien otra ola. No estamos bien para asumirlo. Tenemos miedo a la vuelta, por lo que sufrimos y lo que vimos sufrir a la gente. Eso sólo lo ve quien trabaja en los hospitales".

Desconectar. Volver al Sur. Vuelve sin planes previstos, sin planificar. "Lo de la playa... No tengo ganas de estresarme, quiero ver cómo está el tema, si se cumplen las normas, improvisar... Lo que quiero es desconectar de todo, por eso salgo de allí unos días", remacha Elena. Más claro parece que lo tiene Luis Fernando Carrasco, descendiente de jerezanos, nacido en Murcia y procedente de Madrid. "Suelo venir tres o cuatro veces al año". Es lo más parecido que se ve a turistas. Habla desde la cola de los taxis, que por primera vez probablemente en mucho tiempo ha entrado un mediodía de buena faena para el transporte. "Yo me voy ahora a la plaza del Arenal y a comer en el A Mar. Estaré dos semanas con amigos, primos, y me iré también a El Puerto". Miedo no tiene. "Nada. Me da miedo que no me dejen moverme". Y si le toca confinarse de nuevo, si es en Jerez, ni tan mal.

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