El retablo del Espíritu Santo hallado en un anticuario de Sevilla acaba en una bodega de Sanlúcar

La Junta confirma a la Asociación de Vecinos del Centro Histórico, que pidió a Cultura una investigación para esclarecer la venta, que la pieza del convento jerezano fue vendida legalmente por las religiosas.

Fin del misterio de las piezas de un retablo del convento jerezano del Espíritu Santo halladas en un anticuario de SevillaLa Unidad de Medio Ambiente de la Policía Autonómica ha remitido un escrito a la Asociación de Vecinos del Centro Histórico informando de que el propietario de este establecimiento lo había adquirido legalmente, a tenor de unas facturas que tenía en su poder en la que se confirmaba la transacción con las religiosas dominicas, propietarias del inmueble.

Ya el pasado junio, cuando el historiador jerezano José Manuel Moreno Arana tuvo constancia de la presencia de estas piezas en dicho anticuario, avanzó que probablemente dicha venta se habría realizado por los cauces legales, toda vez que el convento, a pesar de ser el más antiguo de Jerez, no está catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC), por lo que carece de protección patrimonial. Esto se traduce en que sus legítimos propietarios, la congregación dominica, puede hacer con sus bienes lo que les plazca, y en este sentido consideraron adecuado venderlo a una tienda de antigüedades.

No obstante, la Asociación de Vecinos del Centro Histórico consideró necesario que se abriera una investigación que confirmara la legalidad de esta transacción, poniéndolo en conocimiento del Defensor del Pueblo Andaluz y de la consejería de Cultura. Ahora, medio año después de esa solicitud, la Junta confirma la transacción legal entre monjas y anticuario, que a su vez ha vendido a las sanluqueñas bodegas Argüelles dichas piezas del retablo, que tras ser restauradas, serán montadas para su exposición futura en sus instalaciones.

Según Moreno Arana, este retablo, dedicado a San Francisco, "quizás la pieza menos interesante de las que había en el convento", es una obra de finales del siglo XVIII “de una peculiar transición del barroco al neoclásico”. "A nosotros nos queda la sensación de haber hecho lo que se debía y el consuelo de poder contemplar el retablo, aunque para Jerez se haya perdido para siempre", lamentan por su parte desde la asociación vecinal.

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