El 'paseíllo' triunfal de Zoido en Jerez: entre 'selfies', besos y zambombas

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La cita es a las doce en la calle Larga. Poco más se conoce del lugar exacto donde el ministro Juan Ignacio Zoido, que regenta la cartera de Interior desde noviembre de 2016 —sustituyendo así a Jorge Fernández Díaz, denunciado por la presunta utilización de medios públicos para perseguir a políticos independentistas, caso finalmente archivado—, iba a empezar el tour previsto por varios negocios del centro de Jerez para presentar la campaña Comercio seguro. La prensa espera en el Gallo Azul, pero finalmente hay que desplazarse hasta la Alameda Cristina, donde el ministro comienza el baño de masas que viene a darse a Jerez en pleno periodo navideño.

Con la entrada en una papelería, a la que informa sobre los consejos que incluye la citada campaña para evitar robos en Navidad, inicia la visita, acompañado por diferentes cargos del PP de la ciudad y la provincia: Antonio Sanz —delegado del Gobierno en Andalucía—, Agustín Muñoz —subdelegado del Gobierno en Cádiz—, María José García-Pelayo —diputada y líder de los populares jerezanos—, Antonio Saldaña —parlamentario andaluz y portavoz en el pleno municipal—, y un buen número de ediles —Antonio Montero, María José Rúa, Jaime Espinar, Isabel Paredes—, así como el ex alcalde de El Puerto, Enrique Moresco, o históricos del partido en la ciudad, como Aurelio Romero.

Nadie quiere perderse la visita del ministro a Jerez, durante la que, además de presentar la campaña, no anuncia ni una posible inversión o un proyecto para la quinta ciudad de Andalucía. Lo que sí reparte son fotos y promesas a ciudadanos, como la que le hace a Antonia Castro, madre de Juan Holgado, a quien le asegura que, pasada la Navidad, “quedo yo un día con usted”. “Nosotros te queremos mucho y lo sabes”, le dice García-Pelayo a Antonia, que le enseña una foto de su hijo al ministro y le dice que tiene “un puñal aquí clavado —señalándose el bajo vientre—”, a lo que Zoido le responde que es como “el que lleva la dolorosa cuando sale en Semana Santa”.

La comitiva camina, rodeada de afiliados y simpatizantes del PP y de cámaras de televisión, calle Larga abajo, cuando un joven les pide que les ayuden a recaudar fondos para restaurar el convento de Santo Domingo. “Los socialistas se han olvidado”, añade el joven, y Pelayo apunta que “es importante” este asunto, por lo que desvía al grupo de la ruta prevista para que el ministro se eche la foto junto al puesto de dulces navideños que están a la venta para tal fin. “¿Tienes dinero?”, pregunta la exalcaldesa a Saldaña, que busca diez euros para contribuir a la causa. “Échanos una cosa testimonial, lo importante es colaborar”, dice Zoido a quien los atiende, y les desea “suerte”. Una mujer, que está pidiendo limosna en la puerta de la iglesia, intenta hablar con la comitiva, pero no ella no tiene tanta suerte. “Ahora cuando vuelva ¿vale?”, le dice Pelayo.

Zoido, en su paseo por Jerez, va repartiendo besos y buenas palabras —“feliz Navidad”, “estás guapísima”, “me alegro de saludaros”, “que lo paséis bien”— a quien se cruza en su camino, e incluso regala carné de policía infantil —unas cartulinas donde los pequeños pueden poner una foto, con sus nombres y apellidos— a los menores que se le acercan. “Quédate con la dirección de estas niñas”, apunta a uno de sus asesores. “Os voy a mandar una cosita”, le dice a dos pequeñas de Sanlúcar la Mayor que están de visita con sus padres.

La ruta prosigue por la calle Larga, donde hay parada técnica para atender a los medios de comunicación, a los que informa sobre las particularidades de la campaña Comercio Seguro; asegura que Interior no compra munición a los Mossos d’Esquadra —como publica el diario El Mundo— porque el expediente administrativo estaba “pendiente de algunos trámites”; pide “prudencia” a los conductores para el regreso del puente, que coincide con la llegada de la borrasca Ana; que las decisiones sobre Gibraltar, a raíz del Brexit, “las tendrá que tomar España”; y que hay que “seguir trabajando para prevenir el terrorismo yihadista”.

Una tienda de ropa, una farmacia, un puesto de golosinas y una tienda de juguetes son las siguientes paradas de Zoido, quien no para de hacerse fotos, que toman sus acompañantes. “Aquí vamos dando una vuelta con el ministro por Jerez, que se deje cositas”, dice Pelayo a las mujeres que la paran por la calle. “Yo lo vi en el Rocío”, comenta una señora. Su acompañante le comenta que es juez, “y dicen que de los mejores”, mientras el responsable de Interior continúa regalando sonrisas, buenos deseos y trípticos de Comercio seguro a diestro y siniestro. Una de las mujeres que acompaña a la comitiva, que confiesa que es “del partido”, asegura sentirse “muy contenta con lo que hace el PP”, porque es la formación “que más defiende a España”. “Dime tú el Coletas —en referencia a Pablo Iglesias, secretario general de Podemos— qué hace, si sale ese me voy a una isla”.

Pero no todas son buenas palabras para el ministro. “Dejaos de tanto foto y haced más cosas, dad trabajo”, le espeta una mujer en plena calle Larga. “Manuel, cuidado con la cartera”, bromea un señor con su amigo cuando ve pasar al séquito que acompaña a Zoido, que entra en Carrusel Juguetes, que regenta Nela García, presidenta de la Asociación de Comerciantes de Jerez (Acoje), quien le entrega “una carta a los Reyes Magos”, en la que le pide más presencia policial en el centro para aportar “más sensación de seguridad”, una misiva que el ministro se compromete a responder “personalmente”.

Desde la calle Algarve enfilan la vía hasta la plaza de la Asunción, no sin antes hacer una parada en el tabanco Plateros, donde realizan un brindis fugaz todos los populares que ejercen de anfitriones. Pasada la una de la tarde, un coche espera al ministro cerca de la Asunción, aunque antes le da tiempo a acercarse a un grupo que, en plena plaza Plateros, está preparando una zambomba para la fiesta que tendrá lugar poco después. Allí reparte más sonrisas y apretones de mano, incontables durante la hora y pocos minutos que dura la visita del ministro a Jerez, en la que está escoltado por agentes de Policía Nacional y por sus adláteres que, como ya hicieran con Mariano Rajoy cuando estuvo en la ciudad durante la campaña de las elecciones generales de 2016, le allanan el camino para que todo —o casi todo— sean alabanzas.

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