El motorista que agredió a un vecino de Vallesequillo, en libertad: "Nos sentimos impotentes"

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Diego, de 65 años, lucha por su vida en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Puerta del Mar. Su familia y los médicos que lo atienden temen que pueda sufrir daños cerebrales irreversibles. 

Diego, de 65 años, baja a su perro como hace todas las tardes. Es 26 de noviembre en la plaza Maestro Teófilo Azabal, de Vallesequillo II y quedan pocos minutos para que el reloj marque las nueve. De pronto, un chaval de 19 años, a bordo de una moto de cross de 125 centímetros cúbicos, pasa a toda velocidad muy cerca suya, poniéndole en riesgo a él y a las demás personas que hay en esos momentos en la plaza.

Diego recrimina la actitud del joven, vecino de un barrio cercano. Unas simples palabras que quizás otro las hubiera tomado como consejo, agachando la cabeza reconociendo el error y pidiendo perdón. Lamentablemente el motorista no solo hace caso omiso, sino que agrede al hombre, que cae al suelo y recibe un fuerte golpe en la cabeza.

Tres semanas después de los hechos, Diego sigue luchando por su vida en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Puerta del Mar, de Cádiz. Permanece en coma, entubado, y ya ha tenido que ser intervenido dos veces. Los médicos esperan a que despierte para saber con exactitud si le quedarán secuelas irreversibles, explica Carmen, su hija, que por teléfono lamenta no saber cómo ocurrieron exactamente los hechos porque “nadie se quiere mojar. Unos dicen que fue un empujón, otros que una patada... Todo el mundo dice que vio algo, pero nadie ha visto nada”.

Lo cierto es que en la plaza el revuelo fue mayúsculo. Un vecino, que conocía a Diego, alertó por el telefonillo a su familia. El primero que lo atendió antes de que llegara el 061 fue su hijo Manuel. Ya en el Hospital de Jerez los médicos, al conocer los hechos, los ponían en conocimiento de la Policía Nacional, que iniciaba una investigación que dio como resultado la detención del presunto agresor. El mismo, tras prestar declaración en el juzgado, ya está en libertad con cargos, un hecho que ha supuesto una puñalada en el corazón de la familia de Diego. “Nos sentimos impotentes y desmoralizados”.

En el barrio, mientras, los vecinos reconocen que desde que ocurrieron los hechos se ven “menos niños con las motitos” pero, en el rato que este medio está por la barriada, hasta tres motocicletas circulan por la zona peatonal e incluso alguno hace el caballito por el cercano carril bici.

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Jorge Miró

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