El cambio de vida de Bruno, el perro que no podía caminar

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Con casi 15 años de vida, su veterinario aconsejó sacrificarlo debido a una minusvalía que le impide mover sus patas traseras. Una ingeniosa silla de ruedas ha devuelto la movilidad al animal.

A Bruno, un perro “marca ACME” como lo define su dueña, Isabel Noci, periodista de Canal Sur radio, el veterinario quería sacrificarlo el pasado mes de septiembre. A punto de cumplir los 15 años, y en apenas unos días, había perdido por completo la movilidad de sus patas traseras. Cuatro meses después, los Reyes Magos le han traído una peculiar silla de ruedas con la que puede volver a caminar.

Bruno, a causa de la edad, tiene las vértebras soldadas, y eso le ha ido poco a poco provocando su minusvalía. “El veterinario nos dijo que lo mejor era que le pusiéramos la inyección, porque su calidad de vida iba a bajar mucho al no poder caminar bien. Pero yo lo veía mover la cola, con ganas de comer, de jugar con su pelotita… No lo veía sufrir”, relata Isabel.

Días después, la periodista empezó a dudar de si había hecho lo correcto. El tratamiento que estaba recibiendo su mascota no le estaba sentando bien. “Lo veía fatal y al tercer día ya vi que le íbamos a tener que poner la inyección. Pero al cuarto empezó a repuntar y cada vez iba a mejor. Y entonces me acordé de Tito”.Tito no es otro que Tito Herrera, restaurador todoterreno en la calle Clavel y colaborador en Canal Sur con una sección de remedios caseros. Buen amigo de Isabel, de sus largas horas en directo en las ondas, conoció la historia de Bruno y no se lo pensó. “El restaurador debe saber de todo para salir de todo, y el mejor es el que sabe restaurar sus propios fallos”, reconoce. El reto le ilusionaba porque, en cierto modo, incluso se sintió identificado con el animal. “Yo tengo una minusvalía del 53 por ciento porque tengo los dos tobillos destrozados”.

Así que se puso manos a la obra, buscó ideas en internet para inspirarse y finalmente, a base de tubos de pvc, tiras de fibra de plástico y dos ruedas de carritos de compra fabricó una silla con la que Bruno puede volver a pasear. El perro va apoyado sobre una cincha en el pecho, con dos correas bajo la ingle y otra trasera donde apoya las patas. “Le ha dado vida. No tiene problemas ni para hacer pipí ni caca y anoche, incluso, se fue detrás de una perrita”, señala Isabel.

El mérito de Tito es que ha tenido que hacer la silla contrarreloj. “Cuando lo comenté en casa, mi hija pequeña dijo que le pediría la silla a los Reyes Magos, así que apenas ha tenido dos días para hacerla”. 

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